- El bote de crema hidratante
- El bote de crema corporal
- El kit para hacer manicure
- El cabello de colores (rosa,violeta, azul, verde, violeta, rubio)
- El skincare
- El bloqueador solar
- La lonchera godín
- Los aderezos para la ensalada... las ensaladas
- El infusor
- La cafetera
- La secadora de cabello
- El cepillo redondo, el que da volumen
- El celular de plan
- La crema para manos
- Beber electrolitos algunas veces al mes
- Una suculenta, un anthurium y la vida sugiriendo que tal vez sea una señora de las planta
lunes, 13 de junio de 2022
Cosas que llegaron con los 30
sábado, 28 de mayo de 2022
En el umbral de los 31
En el umbral cómo la Chayo Castellanos, mirando de soslayo, sólo que este umbral por el que fisgoneo no es una puerta sino una ventana, una venta digital, los distanciamientos sociales y las prácticas corteses nos reducen a mirar por monitores la vida de aquellos que por distintas circunstancias dejan de ser parte de nuestras vidas, pero con la tecnología una adquiere el hábito masoquista de no dejarles ir del todo, y las conversaciones se almacenan, y las fotos, y los mensajes, y los anhelos, y las palabras cariñosas coleccionadas en un chat.
lunes, 28 de febrero de 2022
volví a tinder
viernes, 11 de febrero de 2022
Que me quisieses por tonta
domingo, 23 de enero de 2022
Mis pasos
Acostada
domingo, 21 de noviembre de 2021
Media alma en venta
lunes, 15 de noviembre de 2021
enamorada del ideal del siglo
los 30 y Luego los 31
sábado, 6 de noviembre de 2021
Recuerdo vago
domingo, 24 de octubre de 2021
Historia de un amor no correspondido
Suelo obsequiar libros
Suelo obsequiar libros a la gente con la que me encariño, dar un libro como manera de demostrar afecto me parece bastante común, como con cualquier otro regalo hay que pensar de que talla le vendrá bien a la persona para que le quede justo el número de hojas, con el cambio climático y la deforestación nadie quiere desperdiciar material; hay que meditar sobre su sabor, hay a quienes le gustan dulces, ácidos, picantes o incluso insípidos; y si nos ponemos exquisitos podemos pensar también en las distintas texturas, y no me refiero a pastas duras o blandas, no ofendan su inteligencia de esta manera, sino a aquellas vaporosas como para un día melancólico, a los burbujeantes que cosquillean en la imaginación, a las texturas sedosas que acarician o las filosas como mortajas que te dejan con el alma en vilo.
Obsequiar un libro es una invitación a continuar la charla con un tema afín, hay distancias que sortean las literatura, el tiempo, la distancia y los rompimientos, sobre todo los rompimientos, hay un guiño egolatra en la acción de dar un libro o recomendarlo pensando en las características del comensal, elegir al espécimen adecuado no es tarea sencilla, y tomarse su tiempo para hacerlo susurra quedito un "guárdame en tu memoria".
De manera general también se pueden crear estándares para tomar decisiones sencillas, de cuentos para quienes se quiere invitar a la lectura porque no le agrada, teoría social para las inteligencias que se desean halagar, incluso a partir del tipo de cine o series que ve una persona se puede elegir con facilidad, sin embargo aquello que funciona en las pantallas no es garantía en el papel, por lo que siempre es más recomendable iniciar una observación metódica y tradicional, dicha observación se puede amenizar con té o café, tal vez una cerveza o algo de vino, la bebida seleccionada ya comienza a darnos información.
Pensar en que clase de libro podría agradarle a tal o cuál transeúnte es un entretenido pasatiempo, pero tiene también sus frustraciones, por ejemplo que le regalas a un lector cuando el autor indicado ni siquiera te agrada y no le comprarías ni aunque dependiera de ello conservar la amistad, a Dios gracias la gente a veces tiende a retirarse antes de que se acuda a la librería y una se degrade por un simple acostón.
viernes, 13 de agosto de 2021
en la crudez y la ebriedad
Hay gente que envejece mal, como los malos chistes (misóginos, racistas, clasistas, y demás), de eso me dí cuenta un buen día, en que desperté y después de mirar la cicatriz de tu espalda pensé: no quiero vivir en la crudez y la ebriedad hasta que la cirrosis nos separe, entonces me fui.
Me gustaría escribir cosas más halagueñas sobre ti... y sobre mí, porque al hacerlo escribo de un nosotros suspendido en el tiempo, pero lo cierto es que nunca estuvimos lo suficientemente sobrios como para hablar de trivialidades, que en la vida real lo son todo, como nuestro color favorito, el cotilleo de la oficina o quejarse de algún vecino, la cotidianidad siempre se mantuvo ajena y distante, en cambio sobraba tiempo para hablar de ideología, de magia, de religión, de mi mentado feminismo y tus postura antisemitas. Fuimos la sosa repetición de alguna canción de Arjona, otra historia más de Bukowski, un betseller para leer en el baño.
