Estas líneas no son buenas pero que más da, tengo unos cólicos que se acrecentan tanto como la luna que insiste en asomarse por el cristal de la puerta, mi endometrio ha empezado a desprenderse de mí, de mi útero, a desgarrarse de él, descarapelarse, ha abandonarme, y el cuerpo reciente su partida, se conduele y sangra, sí ¡sangra! y duele, duele mucho, con todo y el té y el ibuprofeno de 600 y los chocolates que compré previamente y el masaje que me doy de manera inconsciente en el vientre, duele y duele mucho, desde que tengo quince los cólicos del primer día menstrual me doblan, me dejan fuera de combate por un par de horas, disminuyen mi presión, me provocan el vómito y me nublan la vista y luego, bueno en general la vida; así que ahora para distraerme mientras los cólicos anuncian cual truenos la tormenta que se avecina para el día de mañana yo escribiré, y lo haré mal, peor que antes, sin creatividad, esta vez no irá el nombre de aquel a quién amo escrito entre líneas, sólo van a ser palabras, lastimeras que brotan de este mi cuerpo que soy yo, yo piel doliente, yo células muertas, yo sangrante, yo tejido que se desecha, yo mujer, yo triste, yo bilógicamente resignada esta vez.
Tener por cielo tu mirada
y por horizonte tu sonrisa,
por bandera la resignada esperanza
que en su nombre lleva la penitencia
sin ninguna garantía ni aval.
Esperando murió la esperanza,
murió de necesidad,
amando con constancia,
pereció por necedad.
Esperando necia
y ya sin paciencia,
el cielo se empieza a estrellar
la luna implora por mí ¡clemencia!
el sol exige ¡Piedad!
ante el eclipse de tu conciencia
las constelaciones dejan de conspirar.
La trova nocturna acalla suspiros,
las mismas canciones empiezan a sonar,
una más y otra y otra más,
las tararea este corazón herido
que no se cansa de esperar,
aunque la paciencia ya se ha ido
la esperanza se niega a menguar.
Hay de ti esperanza mía
vete ya a descansar,
déjame por fin llorar el último luto,
asimilar ya la conclusión fatal,
dale tregua a este cuerpo cansado
a la mujer sangrante
esclava de un amor fugaz,
dame paz
silencia por fin esta pluma tenaz.
martes, 3 de abril de 2018
domingo, 7 de enero de 2018
Mírame
porque a través de tu mirada existo,
en días fríos bajo tus parpados me cobijo
y en los cálidos con tus pestañas me abanico.
Mírame
Escudriñame
Obsérvame
Recorre con tus ojos este cuerpo nómada,
cansado de deambular.
Lacerame con esa mira tuya,
enchiname la piel a parpadeos,
paralízame con un guiño
y de soslayo ponme a temblar;
que la necesidad de tu mirada apremia.
Mírame
Fugaz
Fugitivo
Furtivamente
Mírame y dame patria en tus ojos,
que extranjera de tu amor imploro nacionalidad en la embajada de tus pupilas,
para mirarme a diario bajo el cielo de tus despobladas cejas.
Mírame
Escudriñame
Obsérvame
Autorízame ciudadana entre las costas de tus retinas,
para reflejarme a diario en los mares de tus iris,
y contemplarme de nuevo en la morada de tu mirada.
Tu mirada es mi hogar
aunque como viene se va
que cese ya la imperiosa necedad
de reconocer en tus ojos mi única verdad.
Al fin me duche
Hoy 4 de enero de 2018 al fin me duche, cabe acotar que desde año viejo no lo hacía. Hoy por fin me lave la tristeza, más no tus besos, ni tus caricias: enjabone aquel cuerpo que recorrieron tus manos, aquel cuerpo nuestro que ahora sólo soy yo, lo enjabone despacio, con afecto, casi amor, la espuma me envolvió como la bruma de tu adiós incierto.
Y permanecí en la ducha así, inerte, paralizada, con temor de enjuagarme, con miedo de que el agua no limpiase sólo el dolor y el resentimiento añejo que traía impregnado en la piel desde el año viejo, me quede pasmada ante el pavor de perder también los caminos de besos que dejaste en mi carne, sentí terror al imaginar que el agua podía borrar el rastro de tu aroma que aún adivino la olfatear las yemas de mis dedos, me quede petrificada ante el miedo de perder las memorias de mi cuerpo echado en tu sofá frente al televisor, de las noches en tu lecho y me heló la idea también de descuidar los gramos ganados a fuerza de desayunos de huevos con chorizo y un par de besos fugaces para el resto del día.
Pero hoy decidí ducharme, y lo hice, al fin el agua me limpio por fuera, dulce y cristalina me acaricio, me quito capaz de mugre acumuladas en la piel, el exceso de grasa en el cabello, la presión baja de la inactividad, la pereza y el autodescuido -breve-.
Hoy me duche y por poco hasta me peino. El año nuevo apenas empieza para mi. Era necesario lavarse el rechazo, poner a remojar el corazón roto, borrar con la lluvia fina de la regadera los surcos salados de noches insomnes en la soledad de tu recuerdo, de esa mirada fría que quema dentro del ardor de tu gélido rechazo.
y aquí estoy escribiendo con el corazón hecho boronitas en este inicio de año, pero escribiendo porque es lo único que me queda.
martes, 12 de diciembre de 2017
Palabra y Dignidad
Tengo palabra y palabras:
las suficientes para decir te amo
las indispensables para decir adiós
las imprescindibles para confesar te extraño
las necesario para expresarme hoy.
Tengo dignidad:
La dignidad de un niño en el amor
la dignidad de una viuda en el adiós
la dignidad del poeta en el desamor
la dignidad que da un portazo
para decidir ya no torcer el brazo
Tengo dignidad en mis palabras
para acallar tu nombre
y dejar de llamarte amor,
silenciar mis deseos obscenos,
evocarte sin esperar reconciliación
Tengo mis dignas palabras
las de siempre y algunas más,
las justas para reconocer mi perdida
y un diccionario entero para la resignación.
Tengo por talismán recuerdos
y de mantra tus frases de amor,
y si la dignidad se extingue
y las palabras se olvidan
tengo tu mira fría
para exclamar ¡YA NO!
las suficientes para decir te amo
las indispensables para decir adiós
las imprescindibles para confesar te extraño
las necesario para expresarme hoy.
Tengo dignidad:
La dignidad de un niño en el amor
la dignidad de una viuda en el adiós
la dignidad del poeta en el desamor
la dignidad que da un portazo
para decidir ya no torcer el brazo
Tengo dignidad en mis palabras
para acallar tu nombre
y dejar de llamarte amor,
silenciar mis deseos obscenos,
evocarte sin esperar reconciliación
Tengo mis dignas palabras
las de siempre y algunas más,
las justas para reconocer mi perdida
y un diccionario entero para la resignación.
Tengo por talismán recuerdos
y de mantra tus frases de amor,
y si la dignidad se extingue
y las palabras se olvidan
tengo tu mira fría
para exclamar ¡YA NO!
Si te vas le alzas a la chingada - Pero Jeanette no podemos ponerle así a una canción pop-
sábado, 11 de noviembre de 2017
Continúas
Breve relato exasperante
Un día antes te recuestas al rededor de las 10 PM llevas una semana aplicando los buenos hábitos de sueño, despiertas a las 6:30 con tiempo suficiente para ducharte y desayunar, calculas el tiempo y te regalas otros cinco minutos más, te levantas para entrar a la ducha, pones esa canción que tanto te gusta en tu teléfono móvil, escuchas las notas y cantas bajo el rocío tibio de la regadera, sales y elijes unos jeans cualquiera, una blusa, zapatos cómodos, cepillas tu cabello y te miras al espejo, te sonríes; luego preparas el desayuno y con calma degustas aquello que preparaste pensando en darte gusto, lavas tus dientes, tomas tus cosas y sales al mundo.
El clima es agradable, definitivamente hoy te levantaste con el píe derecho, caminas con calma para el trabajo, y justo al dar vuelta en la primera esquina te encuentras con el mismo individuo que te has topado en las últimas semanas, con sus dos perros, su mirada de cuasi galán y un par de ojos que pasean por tu cuerpo, te escudriñan, intentas ignorar el asunto, no te va a arruinar el camino nadie, hoy es un día bonito, no vale la pena amargarse por un idiota, continúas tu camino y un par de calles más adelante un tipo recargado en una caseta telefónica te escanea de pies a cabeza, le mantienes la mirada porque no estás dispuesta a desviarla y frenas las palabras que estaban por salir, pero ese pequeño triunfo se esfuma antes de terminar la calle cuando un adulto mayor te piropea, su edad y tu educación pueblerina frenan las groserías que tenías preparadas.
Continúas tu recorrido con paso firme cuando un fulano en coche te silva a la par que orilla su auto hacia la acera por dónde vas caminando, te asustas, aceleras los pasos en caso de que quiera intentar algo más, estás listas para correr, el tipo se aleja sin más en su auto, adivinas su sonrisa de satisfacción en la distancia, pasado el susto continúas el camino, vas conmocionada, comienzas a sentirte molesta, cruzas la calle y otro nuevo personaje en auto comienza a sonar el claxon y silbar, tu enojo ya es notorio, tus pasos resuenan. Aún no has llegado a tu destino, aunque falta ya poco.
Dos calles más y estarás en un lugar seguro, pero antes debes atravesar un crucero, entonces allí están los limpiaparabrisas que habías encarado hace tres semanas, tres semanas que habías transitado en paz por ese tu paso obligado, cotidiano, usual, cruzas sin mayor percance y justo cuando andas por la otra banqueta comienzan a silbarte desde el camellón, caminas de espaldas levantas el brazo y les enseñas el dedo medio, ¡pinches hombres! dices entre dientes, estás tan enojada que no te importa ir hablando por la calle, arribas a tu oficina temblando de coraje,era lo que te faltaba, pero el asunto aún no termina, debes volver por un encargo, ida y vuelta los silbidos de los cuatro limpiaparabrisas son constantes, explotas, estallas, te volteas, y de banqueta a camellón les gritas "¡ya cabrones! ¡hijos de su chingada madre! ¡ya, déjenme en paz!", te ignoran, dan media vuelta y se hacen los desentendidos, ellos no hicieron nada malo en cambio tú eres la loca que esta violando las normas de urbanidad y convivencia gritando obscenidades en vía pública, has dejado de lado tu feminismo y te has puesto a mentar madres como el único recurso que tienes para medio desahogar tu hartazgo e impotencia.
Llegas a la oficina con ganas de meterte al baño a berrear tu coraje y sorber la humillación, piensas en cavar un agujero y no salir en por lo menos lo que resta del día, pero no puedes porque hay actividad planeada, tiemblas mientras tratas de templarte y poner atención, sabes que tienes lo ojos algo vidriosos pero no les vas a dar el gusto de ponerte a llorar, porque aun así continúas - continúas - continúas muy a pesar de todo continúas, hoy te acosaron 9 hombres en un recorrido de seis calles durante un tiempo mínimo de una hora (quizá menos), y tu continuas o la menos eso intentas. Redactas esta nota para compartir tu rabia mientras te sudan las manos y sientes el estómago revuelto, piensas en todas las otras mujeres que día a día experimentan esta impotencia, coraje, vergüenza, las piensas por cientos, miles, millones, en distintos contextos, a todas horas del día, en la ciudad, el campo, la calle, sus trabajos, la escuela, en distintos idiomas, diversas culturas, tonalidades de piel, piensas que todo esta de la mierda y sin embargo continúas.
viernes, 10 de noviembre de 2017
La abuelita Pili
Hoy desperté pensando en ella, la necesidad de sentirla cerca me llevó a ponerme una blusa negra con motes blancos, de lunares, siempre lunares que me recuerdan su vestido negro salpicado de machas blancas, ese vestido que nos acompañaba los domingos de vacaciones al malecón por un elote, el ritual empezaba desde temprano con mi hermano y yo demandando ir al parque, el eterno parque ¿A dónde más íbamos a ir en Martínez de la Torre Veracruz al final de los 90?
En la sobremesa después del desayuno empezamos a implorar la salida dominguera, durante la segunda o tercera taza de café negro, si café negro nada de café americano ni anglicismos, el café era negro o con leche y san se acabó, se servía con un pocillo de la olla y se desparramaba durante el trayecto a la taza, se bebía caliente a pesar del calor siempre constante, arriba de los treinta grados, la abuelita Piedad decía que beber café caliente te quitaba el calor, por eso en su casa se bebía todo el tiempo.
-Doña Piedad no le de café negro a los niños- interrumpía mamá - si hija, no te preocupes- acto seguido mi mamá se descuidaba y ¡pum! aparecían los pocillos a medio llenar con café negro como por arte de magia, pero mi madre, al fin madre, siempre bruja secundaba la aparición con un chorrito de leche,el café se pintaba de apoco, luego venía una cucharada de azúcar, darle vueltas con la cuchara despacito para ver cómo poco a poco el líquido se coloreaba mestizo y luego la llamada de atención de papá -niña no le pongas tanto azúcar te va a dar diabetes-.
Mis abuelos tenían diabetes pero muy a pesar de ello los abuelos, especialmente la abuela, jamás abandonaron el gusto de beber coca cola y comer chocolates, gusto que siempre compartió de muy buena gana con sus nietos misantecos, la abuela nos daba dulces y café negro a escondidas, tan insolentes y malcriados nos volvimos bajo su siempre indulgente sombra que al llegar a su casa antes de saludar visitabamos la cocina para ver que chucherías íbamos a engullir durante nuestra estancia, tan osados éramos que mi hermano acercaba una silla a la estufa donde reposaba la olla del café, se encaramaba y con un pocillo nos servía en tazas de plástico mientras desparramaba la mayor parte del contenido por la cocina que era de lámina de zinc.
La lámina de zinc se calentaba a lo largo del día, el sol le daba inclemente y justo cuando empezaba a enfriarse, por allí de las seis de la tarde, la abuela empezaba su ritual de belleza, salir a pasear con nosotros para ella era un lujo, era tan entusiasta como sus nietos; la abuela fue hija de un don cafetalero, alguna vez presidente de Atzalan, la casaron muy joven con el dueño de la tiendita… de raya (ok no, en realidad cuando cuento esa parte de la historia siempre hago esa broma para restarle un poco el pesar de que la casaran muy joven con un hombre que era notoriamente más grande que ella a quien confundían con su papá), luego conoció al abuelo y digamos que tampoco le fue mejor, ella tuvo diez hijos y se la paso lidiando con los problemas de bebida del abuelo, quizá es el caso de muchas mujeres de ese tiempo (pero para mi es importante porque es la historia de mi abuela, es la historia de las mujeres de mi familia, es mi historia), doña Piedad hacía tortillas para vender, lavaba ajeno y hacía malabares con el gasto para alimentar a todos sus hijos.
Claro que después de vivir toda su vida al servicio de otros era un lujo los domingos empezar a alistarse para salir, mirarla era un deleite, me sentaba en el bordo del catre donde dormía con mi abuelito y la observaba descaradamente con su vestido de lunares con cuello blanco, su cabello cano y corto, aún despeinado, aún húmedo de salir de la ducha, tomaba un peine y comenzaba a alisarse los cabellos frente al espejo que venía incluido en el ropero, se hacía la raya al lado y se peinaba el flequillo pulcramente; luego venía el rostro y ponerse polvo en tono natural, verla polvearse mientras se miraba al espejo era hipnótico para mi, podría haber estado en esa esquina del catre viéndola polvearse por años, embelesada la observaba usar su talquera, miraba las arruguitas que surcaban su frente, observaba sus manos con pecas de edad y de sol, pero lo que más me llamaba la atención era la piel curtida que se dejaba ver entre el final del cuello y el pecho, podía apreciar cómo la intemperie había dejado pequeñísimos surcos delineados justo en esa parte de su pecho, era un triángulo de piel curtida por el sol de Veracruz, porque la crema no alcanza cuando la piel habla de las faenas atrasadas y el trabajo de sol a sol.
Del pasado glorioso de cafetales cercanos al Encanto lo único que le quedaba a la abuela era el recuerdo de hacer cubetas y cubetas de tortillas en compañía de sus hermanas, desde la madrugada debían ser las primeras en levantarse, para que los mozos pudieran almorzar tenían que estar las tortillas listas y el café caliente; supongo que desde ese entonces tenía el escote ahumado, tostado por el calor de la lumbre, curtido por las gotas de sudor que encontraron allí su camino para desahogar el esfuerzo físico y refrescarle un poco el pecho. Para acabar de plasmarse por completo en mi memoria la abuela usaba su talquera para espolvorear, resecar su escote y así evitar que el sudor propio del clima cálido húmedo de la región la siguiera erosionando con ese líquido salino que anuncia mares no tan lejanos.
A 13 años de su ausencia suelo buscarla en el espejo, miro esas salpicaduras moteadas cafés que escarchan mi piel, me regodeo en las pequeñas manchas de sol que están comenzando a aparecer en mis manos, frente al espejo acecho mi imagen y observo mi escote buscándola, comienzo a mirar los esbozos del tiempo, a adivinarlos, hace tiempo que tomé la decisión de no usar crema ni bloqueador en ese ínfimo espacio de mi cuerpo que me recuerda a ella.
jueves, 26 de octubre de 2017
Fiel al derecho y al revés
...Y bueno yo no entiendo por qué en estos momentos no estoy bebiendo en el barrio del artista el rechazó de aquel a quién mi corazón le confié y me lo regreso en versión de papel, corazoncillo al que le hace sentido hasta el amor imposible de Pitágoras, acotaré aquí que si ese poema mal logrado(sic) te hace sentido tienes problemas, problemas de todo tipo: existenciales, matemáticos, literarios, de comprensión lectora, emocionales, etc.
En fin que en este mes tan Joaquín Sabina yo prefiero estar en modo lector de la Poniatowska, compartirles un poco de lo que hay en mi corazón de papel china (mojado - si desean agregarle más dramatismo-) que llena una pluma ociosa, sin talento pero lo suficientemente ingeniosa para tributarle a ese nombre tan jugable que me permite mencionarle sin necesidad de hablarle ;)
Fiel al derecho y al revés
Fiel en tu ausencia encontraré paciencia
para recordarte en ropa interior,
en soledad descifraré la alquimia
de evocar tus labios sin sentir dolor.
Fiel a ti debo confesar que no domino aún el arte
de pensarte sin sentir pinchazos en el interior,
de escuchar canción, poema o composición
en cuya letra no busque alguna explicación.
Fiel en la distancia y tu indiferencia
me he disfrazado de alegría
parar ignorar la melancolía,
olvidar la experiencia de sentir tu cadencia,
y distraer al suplicio de despertar sin ti.
Fiel al derecho y al revés respetaré tu decisión
de cerrar este capítulo de desamor,
utilizaré aquel fatídico signo de puntuación
y me iré sin pedir alguna explicación.
domingo, 22 de octubre de 2017
Tristes lineas sin destinatario
Aquí en este típico mes de octubre extrañando las arruguitas que envuelven las comisuras de su sonrisa:
Extraño al extraño que no me extraña
cuyos oídos ignoran mi voz,
tristes lineas sin destinatario tengo
al saberlo muy lejos de mí.
Helada la piel clama su presencia
mientras el ego exige un por qué,
la esperanza cree que todo ya es vano
y el pesimismo suspira un tal vez...
El orgullo susurra "no es nada"
la razón opina "ya pasará",
por lo pronto el corazón lo extraña
y la mente grita no lo olvidarás.
Tristes líneas sin destinatario tengo
al saberlo más lejos que el sol,
recordar su sonrisa me mata
extrañarlo es el deporte de hoy.
Fiel a su ausencia encontraré paciencia
para mantenerme lejos de ti,
insistir más sería no tener conciencia,
romper su solicitud de ausencia,
de ausencia de mi.
sábado, 30 de septiembre de 2017
Azul en mi memoria
Azul era mi compañera de juegos en el jardín de niños, jugábamos juntas en los recesos, compartíamos mesa de trabajo, yo la admiraba de algún modo porque ella era una niña muy desenvuelta y platicadora, le gustaba participar de todo y lo disfrutaba mucho, yo que era más bien una niña paliducha y enfermiza que se ausentaba largas temporadas por el asma veía en ella una niña sana y entusiasta cuya amistad era un gran logro para mi que en ese entonces era más bien retraida.
Un día después de mis largas ausencias al volver al salón de clases me di cuenta de que Azul no se encontraba allí, y al siguiente día y al siguiente día y al siguiente, los adultos murmuraban y mi mamá me regañaba para que me fuera a jugar mientras ella conversaba con las otras madres de familia; yo comencé a preguntar por mi compañera juegos, primero a la maestra y luego a mi mamá, me decían que luego iba a volver, que estaba enferma pero volvería pronto, hasta que un día mi mamá se armó de valor y decidió afrontar mis preguntas.
Ese día me enteré que Azul no volvería, su familia se había mudado a una ciudad vecina, mi mamá comenzó a hablar de mis partes íntimas y cómo no debía permitir que nadie las tocara sin mi consentimiento, me repitió una vez más que siempre debía estar dónde pudiera verme y no hablar con desconocidos, que si alguien intentaba tocarme debía decírselo de inmediato.
Del saldo de mi amiga Azul del preescolar el grupo aprendió a desconfiar, nadie debía tocarnos y que debíamos tener cuidado de los extraños, de los adultos, de quién no fuera nuestra mamá o la profesora; para estar aún más alerta mi madre me había revelado la identidad del violador de Azul.
Varias noches me dormí pensando que era aquello tan atroz que pudieron haberle hecho para que ella no volviera más a la escuela, de camino al jardín pasaba cerca de la casa de la persona que la había lastimado y me preguntaba porque no era él quién se había ido del Pueblo.
Yo tenía cuatro años cuando supe que habían abusado de Azul, ese día de alguna manera también abusaron de mi, violaron mi mundo y acabaron con parte de mi confianza en las personas.
miércoles, 23 de agosto de 2017
La facilitadora bien intencionada
El día de ayer asistí a un curso
al iap, mala idea, el curso fue sobre “autoconocimiento y desarrollo del
potencial del personal en la organización” o al menos así versaba la primera
diapositiva que lo presentaba aunque los contenidos de dicho curso se centraron
en la primera sesión al autoconocimiento ¿y el personal y la organización?
supongo quedarán pendientes para la sesión a la que no volvería por nada del
mundo, ni siquiera para realizar la evaluación y dar mi pestilente opinión al
respecto, así que vomitaré aquí las anecdóticas horas de la tarde de ayer.
Antes de empezar se nos dio unas
etiquetas y ella barrió el salón con la finalidad de observar nombres complejos
y acercarse a preguntar respecto a su pronuncia so pretexto del significado, y
luego lo de siempre, presentaciones, establecer acuerdos, de esos vagos dónde
se escribe respeto sin especificar que es él respeto, porque respeto
significaba no tener el celular en la mesa, salvo los de los consejeros con
traje y corbata a quienes no atosigo tanto.
Desde las presentaciones mis ojos
comenzaron a abrirse como platos al escuchar de entrada a un consejero presidente enunciar “trabajo para el gobierno”, aprovecharé aquí para acotar que a los talleres
asistimos algunos de los consejeros ciudadanos y suplentes, que ser Consejero Ciudadano
no es trabajar para el gobierno ya que formamos parte de órganos consultivos externos y
participamos desde la ciudadanía, sin remuneración alguna, la injerencia varía
de acuerdo a los intereses del municipio y nuestro impacto básicamente se
encuentra en tratar de incidir y dar recomendaciones en la política pública a
nivel municipal de los diversos títulos que ostentan los consejos; después de
esta breve explicación espero comprendan mi sorpresa al escuchar de quién
preside un consejo de participación ciudadana asumirse empleado de gobierno, lo
que me hace pensar que no ha leído el Código Reglamentario Municipal pero ni por error al no tener claro el papel que juega como Consejero Ciudadano, ya que
como funcionario no podría ser parte de un Consejo Ciudadano debido a algo
llamado conflicto de intereses.
Las presentaciones continuaron y
la mirada clínica de la psicóloga no tardó en aparecer, el espacio de confianza fue
violado en un primer momento por ella, al solicitarle a una compañera con base
en su presentación que debía quedarse al final a conversar con ella, así sin
más, en frente de todos, independientemente de la falta de tacto y ética, yo
subrayaría que la compañera no volvió a participar en las siguientes tres horas
que perdí al interior de ese salón; la presentación transcurrió llena de
prejuicios, tienes tiempo de dormir mucho o de leer seguro eres soltera, te
hace falta un novio (porque ya saben todas las mujeres somos heterosexuales),
cambiaste de alimentación seguro eres vegetariana no dejes de comer carne porque
la ciencia dice bla bla bla (la compañera no era vegetariana ni vegana y si lo fuera qué), por citar
algunas de los comentarios invasivos que se dio el permiso de hacer apenas
conocernos.
Empezó a dar el tema, voltee por
dos segundos a hacer un comentario al compañero de junto acto inmediato me
llamo por mi nombre agitando su mano para que yo viera hacia ella, a lo que
pude leer que de técnicas pedagógicas carecía y además que únicamente haría
observaciones y llamados de atención a aquellas personas que viera como sus pares
o por debajo de ella considerando la edad y el género principalmente, lo que
eximio a mi compañero de ser reprendido a pesar de haber dormitado en algunos
momentos, a los señores de traje les dio permiso de menospreciar los
comentarios de las compañeras, pero a mi compañera de consejo no la salvo de
ser reprendida por tomar el teléfono un instante.
Ahora puntualizaré la
participación de un consejero presidente que además ostenta el título de
arquitecto, quién se dedicó a menospreciar las opiniones de las compañeras, en
algún momento se habló de como la lectura de la historia hecha por científicos del
siglo XIX era androcéntrica a lo que él interrumpió la participación exclamando
“nada les gusta”, pasando por alto dos de los acuerdos de convivencia el de pedir la palabra levantando la mano y el del respeto que asumo de manera
idealista se refería también a las opiniones expresadas; el siguiente
comentario hilarante de este flamante personaje tuvo que ver con una compañera
que expresaba cuestiones relativa a la crianza de los hijos y sobre ser madre
soltera en casos hipotéticos, a lo que él nuevamente interrumpiendo expreso a todo pulmón “estás así
porque quieres” (sólo le faltó decir mamacita), podría echarme un rollo muy
amplio respecto a este ofrecimiento dado en el aula de un Instituto, hecho
hacia una compañera a quién probablemente veía por primera o segunda vez pero
lo dejaré a criterio de cada quien; subrayaré que ambos comentarios sucedieron
en presencia de la facilitadora quién de manera indolente ignoro lo sucedido.
Las escenas anteriores fueron dadas
después de nuestro receso, cuando los comentarios se desataron y fue más que
evidente que de perspectiva de género no tenía nada nuestra bien intencionada
facilitadora, quién los cuarenta y cinco minutos que me quede dentro de esa
aula se la paso hablando de como habíamos desvalorizado el papel de los hombres
y el don que nos dio Dios o la naturaleza (para quién no crean en dios
puntualizo) para parir hijos que no debemos menospreciar, y entonces el ilustre
arquitecto que se autodefinió a sí mismo como sociólogo urbano nos aventó otra
perla devenida del más rancio positivismo respecto a que la evolución se debe
precisamente a la complementariedad de los sexos, porque ya saben somos mitades
incompletas del mundo y estamos en armonía cuando hombre y mujer juntamos
nuestros cuerpecillos y nos reproducimos (sic); y para cerrar con broche de oro hizo aparición la especialización o intereses en neurociencia de la
facilitadora quien nos comenzó a explicar como secretamos determinadas
sustancias químicas las mujeres cuando estamos cerca de un hombre, seguido del discurso
pro familia, etc.
En el curso salieron cuestiones anecdóticas
también sobre sus amigas las divorciadas que quisieran estar casadas y no
tenían un hombre a su lado porque fueron jóvenes rebeldes por influencia de su
medio pero que ahora quieren a un hombre por argumentos que tienen que ver con
cuestiones de no trabajar y seguridad económica, argumentos que ella puso en la
mesa para después decir que pese a lo dicho no era por cuestiones económicas
sino por necesidad de complementariedad afectiva, quizá si hubiera dicho que sus amigas deseaban despertar
con alguien al lado o con quién compartir la vida tal vez me la hubiera creído
pero sus argumentos y su propuesta no empataban mucho que digamos, me parece que en ese momento dejo de escucharse a sí misma en ese momento, ya que se encontraba tan ocupada tratando
de ganar legitimidad y demostrar que su punto era el correcto que acabo
empleando cuarenta y cinco minutos para una cuestión que ella expresamente
había dicho no iba a profundizar.
Y finalmente la compañera con la
que iba y yo decidimos salir, al no haber escuchado nada respecto al “autoconocimiento
y desarrollo del potencial del personal en la organización” más que el trillado
discurso que consiste en que nosotros cambiemos y nos conozcamos para después cambiar
el mundo, argumento bastante debatible que también dejaré a sus capacidades
críticas, fue curioso porque como mujeres feministas no fuimos quienes nos clavamos en el tema, incluso pasamos por alto muchos de los
comentarios al observar a una facilitadora poco sensible, en este momento que
redacto ya pasadas las horas, más que molestia la situación acabo causándome un poco de pena, al reflexionar
sobre la manera tan obstinada en que rebatía y buscaba argumentos nuestra
facilitadora, incluso llego el momento en que se abrió con el grupo y develo un
poco de su historia personal con la finalidad de apelar a nuestra comprensión
en su papel autoasignado de defensora de los hombres pero para ese entonces ya
había perdido mi interés y las ganas que tenía de compartir con aquel grupo se habían esfumado
después de escuchar dos veces que
feminismo y machismo son polos opuestos, una vez por el ilustre
personaje antes mencionado y la otra por la facilitadora.
Pero lo que más me causo pesar
fue dejarla allí en medio de esos consejeros ciudadanos trajeados que han
olvidado su parte de ciudadanos y por ostentar
un mugroso gafete una vez al mes se siente servidores públicos, la pienso aún
allí tratando de buscar argumentos sólidos en la biología y una historia
evolucionista de hace dos siglos para convencernos, la recuerdo desnudando su
historia personal frente a gente desinteresada y harta, noto sus intentos por
convencernos de ser parte de esta cruzada que se ha autoimpuesto para “revalorizar a los
hombres” y se me encoje un poco el corazón.
Para cerrar les dejaré mis notas
del curso:
domingo, 30 de julio de 2017
Discursos legítimos del saber: disciplinas que norman la mirada
(Reflexiones en torno
al violentómetro)
Introducción
El
presente trabajo pretende realizar una
breve reflexión en torno al uso de violentómetro como una alternativa en el
tratamiento para prevenir y erradicar la violencia en las relaciones de pareja;
la reflexión se basará principalmente en el análisis de una breves entrevistas
realizadas a 12 universitarios, pertenecientes a las facultades de Administración, Biología, Ciencias de la Computación,
Ciencias de la Comunicación, Ciencias Químicas, Electrónica y Psicología. Las
preguntas realizadas, siempre en el mimo orden y enunciación, fueron las
siguientes:
11) ¿Conoces
el violentómetro? En caso de que la respuesta fuera positiva se increpaba dónde
era que lo había conocido.
22) ¿Consideras
que ayuda a prevenir y erradicar la
violencia? ¿Por qué?
33) Tendrías
alguna recomendación para mejorarlo…
Aunque
el número de entrevistados se contó con un porcentaje equitativo entre hombres
y mujeres, esta particularidad numérica que podría leerse como un intento de
observar puntos de vista equitativos entre hombres y mujeres es más bien obra
de la casualidad dada por la naturaleza de la muestra[1], que no es una muestra
aleatoria ni representativa en sentido estricto de los requerimientos que un
estudio cuantitativo exige, sin embargo esto no demerita las cualidades del
presente trabajo, al contrario el análisis y la realización de entrevistas se
ven enriquecidos al establecerse en
marcos más amigables y menos rígidos que
logran sortear la formalidad de la entrevista acontecida entre desconocidos.
Una vez establecidas las particularidades de la
muestra es necesario establecer la
violencia de género como el principal eje analítico, el cual nos servirá de
marco interpretativo para leer las respuestas dadas por los entrevistados,
atendiéndolas más allá de aquello verbalizado,
con la finalidad de problematizar las respuestas dadas dentro las lógicas de las relaciones de
poder en un sentido foucaultiano acudiré a la noción de violencia de género que
plantea Irma Saucedo en el texto Identidades
de género y violencia: la prevención en el sistema educativo
La
violencia de género es un efecto de las relaciones de poder, en una sociedad
marcadas por la diferenciación sexual; este poder múltiple asociado con la
identidad de género no se ubica solo en el estado o los espacios
tradicionalmente relacionados con el poder, ya que se reproduces en todos los
espacio de interacción. (Saucedo,2010:203)[2]
Esta
noción permitirá leer las respuestas como consecuencias de las relaciones de
poder que los ha modelado y hecho devenir
sujetos de género, un devenir sujeto de género que se encuentra en constante
retroalimentación con los diferentes espacios cotidianos que contribuyen a
perpetuar lógicas basadas en la diferenciación sexual, espacios como el
escolar, particularmente la universidad un lugar de producción y reproducción
discursiva de saber-poder, lugar
común de los entrevistados, lugar que parafraseando a Aurelia Martín Casares (2006)[3] continua siendo el lugar
que la ciencia emplea para explicar el mundo en masculino, cuyo punto de
referencia y universal por excelencia es la figura del VARÓN.
La
manera en que se estructura este ensayo obedecerá al orden de las preguntas
realizadas, que van del reconocimiento del violentómetro, la reflexión al
respecto de su utilidad y la posibilidad de pensar la manera de mejorarlo, a
estos breves apartados se anexará otro
más para abordar los incidentes y comentario acontecidos cuando se realizaron las entrevistas una vez
que la grabadora dejo de cumplir con su labor; finalizaré con mi
posicionamiento personal y las plantearé algunas reflexiones a manera de
conclusión.
¿Quién
conoce el violentómetro?
Del
número de encuestados 5 conocían el violentómetro, todos ellos lo conocieron
dentro de un contexto escolar, y dos de ellos de manera reciente debido a las
medidas que actualmente se están tomando en la BUAP, dentro del periodo del rector Antonio
Esparza, las medidas se han tomado en respuesta a las demandas que el sector
ciudadano y la comunidad universitaria han hecho ante el nulo posicionamiento
de la Universidad en torno a la situación que aqueja a las poblanas.
Dentro
de las personas 7 personas restante, seis no conocían el violentómetro y una recuerda
haber escuchado alguna vez nombrarlo a manera de broma pero no lo conocía de
manera física. En un primer vistazo a estas cifras tenemos que la mayoría de
nuestros entrevistados no conocían la existencia de esta herramienta que busca
la erradicación de la violencia en la pareja, una de las entrevistadas comento
haberlo conocido a través de la
denostación del mismo, dos personas lo ubican porque últimamente ha comenzado a
parecer en los pasillo BUAP y sólo tres
de los entrevistados lo conocieron a través de charlas o investigaciones
promovidas por centros educativos.
¿Qué
nos dice este imperante desconocimiento? Nos habla de cómo hasta el momento la
violencia en las parejas/ el noviazgo/ las relaciones de amistad/ el free y
extrapolando un poco más la violencia en el matrimonio no se encuentran dentro
de las prioridades sociales a tratar, discutir y problematizar al interior de
los centros educativos, estos problemas no se encuentran dentro de las agendas
escolares a pesar de involucrar potencialmente a toda su población.
Haciendo un símil entre el planteamiento de
Aurelia Martín Casares (2006)[4] sobre el androcentrismo, diremos que la violencia que
acontece entre los miembros de la comunidad universitaria por parte de sus
parejas, muchas veces sus pares o miembros también de la comunidad, al no ser
enunciada, ni tener espacios que propicien su enunciación suele ser omitida de
manera intencional ante el menoscabo del impacto que tiene en el desempeño
estudiantil o el poco impacto que se considera puede tener dentro de los
indicadores y estándares de calidad, es decir en correspondencia con un
proyecto ideológico y político dicha omisión suele ser deliberada.
¿A
quién le sirve el violentómetro?
La
pregunta número dos abrió un panorama diverso sobre como los entrevistados
perciben el violentómetro y también comenzó a revelar el interés o
indiferencia que se tiene respecto a los
temas que tiene que ver con la violencia de género, su prevención y erradicación;
sí contamos las respuestas de manera contundente podemos decir que impero la negativa
desde diferentes lecturas e interpretaciones de lo que debiese ser la atención
a estos casos, desde como realmente podría haber un cambio, dentro de estas
siete negativas a la utilidad del violentómetro podemos hallar los siguiente:
- La desvinculación de la prevención como una manera básica de erradicación de la problemática, al encontrar argumentos que sitúan al violentómetro como algo que sirve para ubicar tipos de violencia pero que al sólo ubicarlos no es útil para quienes viven violencia al momento de conocerlo.
- Respuestas que reconocen soluciones contundentes para erradicar la violencia únicamente la búsqueda de ayuda profesional, que repite las lógicas patologizantes de la violencia en la pareja.
- - La dudosa efectividad de la herramienta al interpretarse más como un objeto de burla que como una fuente de conocimiento o reflexión, lo que alimento la indiferencia de los receptores, reflejado en un entrevistado quién llanamente respondió No, Solo he visto a gente decir que son mamadas.. No sé… me da igual… no me impacto en nada (Entrevista 11)[5]
Dentro
de esta respuesta hubo dos entrevistados que no polarizaron sus respuesta y
contemplaron al violentómetro más bien como herramienta que puede ayudar a la
toma de conciencia pero que por sí sólo es información más bien vaga, que
podría no llegar al receptor de manera adecuada o confusa, puntualizando
que el violentómetro no contempla la
gravedad de la problemática, dónde la víctima de violencia ha naturalizado
tanto los ejercicios coercitivos sobre si misma que al ver/ mirar el
violentométro no se encuentra identificadx dentro de estos parámetros; cabe
mencionar que estos entrevistados han estado en contacto con Asociaciones
Civiles que trabajan con temas afines a esta encuesta, por lo que sus respuestas
fueron más reflexivas y extensas.
Las
tres personas que consideran que el violentómetro ayuda a prevenir y erradicar
la violencia en general no dieron
respuestas abundantes al encontrarse por primera vez con su representación, se
mostraron más bien entusiastas, aunque las reacciones generadas en cada persona
fueron diversas:
- En la entrevista número 5 podemos observar una respuesta positiva a medias, y un comienzo de un cuestionamiento ante el desconocimiento de la herramienta y la posibilidad de que el agraviadx se niegue a hablar.
- - La entrevista 7 se dio una respuesta favorable, al expresar que le parecía coherente el aumento de los grados de violencia hasta llegar a la muerte.
- Finalmente el entrevistado número 10 respondió apelando a que el violentómetro habré la posibilidad de reflexión, sin embargo se refirió a este como violentímetro lo que nos invita a reflexionar acerca de la manera en que los universitarios están leyendo esta información, llegando a comprenderla y apropiarse de ella o no.
En
esta pregunta que exige un nivel de reflexión en torno a la utilidad del violentómetro
podemos observar un posicionamiento en torno al área de saber dónde se
desenvuelven, por ejemplo los ingenieros pusieron un mayor grado de atención la
parte cuantificable y se apropiaron de la segmentación de la pregunta que
contemplaba el conector “y” en el ayuda a prevenir y erradicar la violencia para sistematizar en dos etapas
el procesos de erradicación, es decir desvincularon la prevención como parte
del procesos de erradicación, lo que les
permitió emitir un no tajante.
Por otro lado las respuestas de la psicóloga y
el comunicador que no atinaron a dar una respuesta contundente se cuestionaron
sobre la manera en que la información llegaba al receptor y este la
interpretaba, no dudaron en dar en sus respuestas posibles alternativas de
manera de amplia, y pidieron la profundización de los temas siempre pensando en
los posibles receptores.
Esto
nos puede arrojar a pesar del pequeño acercamiento poblacional que el contenido
de la licenciatura influye en la manera en que se procesa la información, se
abstrae y se da respuesta a las problemáticas sociales, influye en el modo de
enunciar, es decir, la pertenencia a un
área del conocimiento permea en el universitario y su posicionamiento ante
determinadas problemáticas sociales, retomando a Aurelia Martín Casares (2006)[6] el encontrar estas
diferenciaciones nos da cuenta de la dimensión política del conocimiento.
¿Quién
recomienda qué?
El
análisis de las respuestas de la tercera pregunta viene a reforzar la división
anteriormente propuesta, podemos observar a las personas pertenecientes a las
ingenierías con propuestas materiales y materializables, pensadas
específicamente en cambios que se pueden hacer al violentómetro de manera
física, propuestas como:
- Tomar los colores del semáforo para hacerlo más comprensible
- Incluir número telefónicos a dónde pueda acudir la persona al darse cuenta que padece alguno de los tipos de violencia contenidos en él.
Así
mismo es de este sector de la población estudiantil dónde se encontraron las
respuestas más normativas como:
- La búsqueda de perfiles de jóvenes violentos, obviando la violencia como algo inherente a los hombres.
- La búsqueda de ayuda profesional, estigmatizando la violencia como algo anómalo.
- La certeza de que con las leyes basta para prevenir y erradicar la violencia, considerando cualquier otra alternativa como redundantes.
- Así como paradójicamente se insistió en hacer más público algo que en un primer momento catalogaron como inútil.
Mientras
que los entrevistados de psicología y comunicación insistieron en la necesidad
de acompañar al violentómetro de charlas que ayudarán a una comprensión más
profunda de la problemática social, o de un tríptico, apostando por la
necesidad de profundizar la reflexión en torno a un tema complejo, y pensando
en las necesidades de los posibles receptores hicieron sugerencias que pudieran
impactar a nivel explicativo y no sólo en el plano simbólico como los
compañeros de las áreas de exactas, las sugerencias dadas por estos dos
compañeros versaban en ejemplos de las situaciones de violencia o dibujos que
dieran más claridad a lo expuesto en el violentómetro.
Las
respuestas dadas a esta tercera pregunta complementa el planteamiento tomado
desde Aurelia Martín (2006)[7] que no sólo plantea la
dimensión política del conocimiento sino también como en función a este nos encontramos condicionaos en la manera en que
potencialmente podemos transformar la realidad y emitir propuestas de cambio,
determinadas por nuestras áreas de conocimiento que son interpretadas desde el
planteamiento de Irma Saucedo como efectos de la relaciones de poder que
impactan en los saberes que a su vez construyen la manera en que como
universitarios de diferentes áreas del conocimiento aprehendemos al mundo e
influyen en la medida en que podemos aportar soluciones o nuevas perspectivas.
Comentario
e incidentes.
Este
apartado es un pequeño paréntesis para no dejar de mencionar un incidente que
sucedió cuando me dispuse a realizar las entrevistas entre los compañeros de
ingenierías que asisten a comer a una pequeña cocina económica ubicada en el
Fraccionamiento Jardines de San Manuel, ya que mientras realizaba las preguntas
con la grabadora en mano las respuestas fueron muy formales, sin embargo cuando
la grabadora fue retirada y los compañeros continuaron su charla cotidiana
comenzó la dinámica de la mofa[8] que enunciaba la
entrevistada número 12.
La
burla respecto a la violencia de género se hizo evidente, la naturalización y
la legitimación a través de la mofa aparecieron en un doble discurso, valido
mientras se está con los amigos en un ambiente de relajo pero no lo
suficientemente valido para expresarlo de manera oficial, apelando a las
lógicas que plantea Matthew
Gutmann (2001)[9]
en su texto Ni macho ni mandilón al dar cuenta de las
inconsistencias que se crean durante el discurso, las contradicciones entre lo
que dicen que hacen y lo que realmente hacen, contrapone la imagen del macho mexicano con el deber ser de un hombre, o en este caso la imagen
que se construye como hombre viril cuando esta con los amigos frente con lo políticamente correcto que se demanda
de hombre universitario.
Acudiendo la reflexión de Elsa Dorlin (2001)[10] respecto al género como una relación
de poder que garantiza su reproducción gracias a las múltiples mutaciones del
sistema categorial que produce y sobre el cual se adosa, que puede explicar
como de un mismo sujeto pueden emitirse juicio contradictorios en un mismo
espacio, que varían sólo ante la
presencia de un aparato tecnológico que puede captar y reproducir este mensajes
en ambientes dónde el discurso con el que se legitiman como parte de un grupo
de hombres ingenieros que podría no ser tan bien acogido; cosa que sucedió
posteriormente cuando la novia de uno de los entrevistados se incorporó después
a la dinámica y al ser increpado por mi respecto a sus anteriores mofas el
entrevista se sonrojo sin emitir respuesta alguna.
Estas
contradicciones de orden discursivo que varían según la posible
audiencia nos da cuenta de aquello que
Mara Viveros (2008:30)[11] denomina resistencias masculinas al cambio y que
explica como diversos comportamientos
cotidianos individuales y colectivos que realizan los hombres con el fin
de proteger sus privilegios, dónde la broma, en este caso, juega un papel
fundamental para la reafirmación de aquella masculinidad perdida en manos de la
corrección política que se exige acorde con un grado educativa, corrección
política que puede ser referida en un nivel enunciativo aunque que no
necesariamente se esté en acuerdo con lo que se plantea, quedando la broma, el
chisme o el chiste como espacios no reglamentarios de poder dónde es posible
clamar descontento.
Reflexiones finales
A manera de conclusión diré que mi
perspectiva acerca del violentómetro se encuentra más cercana a la de los
compañeros de carreras relativamente afines a la mía[12], considero que el
violentómeto como herramienta en la erradicación de la violencia es una propuesta
interesante pero no debe perderse de vista que es un herramienta y que como tal
debe ir acompañada de una charla o un dialogo con la población a la que se
pretende que impacte, ya que cómo lo abordamos en el presente trabajo la manera
en que se asimila y procesa la información varía de acuerdo a los referentes
culturales que se poseen y se encuentra
condicionada, en los casos analizados una determinante importante es el
campo del saber en que el sujeto se encuentra circunscrito, por lo que es posible
deducir que el contenido temático, los métodos para acceder al conocimiento y
la episteme misma es que se centra una disciplina influye más de lo que
podríamos adivinar en los educandos, reforzando determinados estereotipos de
género y la violencia que estos
conllevan.
Una vez dicho esto es necesario
problematizar el papel de las ciencias, como discursos saber poder que están
reforzando la constitución de los sujetos dentro de los niveles normativos del
conocimiento, que estas ciencias denominadas también disciplinas, mucho tienen
de disciplinarías al reproducir discursos ideológicos y políticos que encumbran
a determinados sujetos sobre otros, sesgan la posibilidad de acción e impacto
de sus aprendices al dotarlos de conocimientos que a su vez
incluyen cargas valorativas, jerarquizantes y prejuiciadas respecto al otro.
Para ir cerrando externaré a modo de
cierre un pensamiento que me ha circundado al abordar los temas de masculinidad
respecto a las compañeras que se encuentran inmersas en un primer momento
dentro del área de exactas, para subrayar como a través de la retícula escolar,
o en términos de Conell (2001)[13] las materias como
vértices de masculinidad, refuerzan
determinados pensamientos androcéntricos que no sólo impactan en los varones
que toman esas mujeres sino también en las mujeres que comparten esa misma área
del conocimiento, y que al formase dentro de estas disciplina también son
modeladas y suelen legitimarse a través del desdén al otro, a la otra de su
mismo sexo, el desprecio a las ciencias y materias que podrían considerarse
femeninas o blandas, comprendiendo lo masculino en este momento desde la
concepción hegemónica y universalista que comprende al encumbrar a determinados sujetos
sobre otros y a partir de estos esbozar una lista vertical en función de
diferentes características.
Esta inquietud me ha trastornado
últimamente, ya que la reflexión en torno a la masculinidad hegemónica que aprendemos, producimos y reproducimos no
sólo afecta a las compañeras de ingeniería, sino que extrapolando el modelo a
la universidad, una institución gestora de discursos legítimos de saber-poder,
y como esta reflexión termina también por comprendernos a nosotras y la manera
en que desde nuestra posición nos miramos frente a las otras mujeres, desde la
manera en que podemos o no involucrarnos en los lugares de saber, en la
academia, en el salón de clases, adaptándonos a determinados códigos de
comportamientos y maneras de interactuar que se obvian pero rara vez se ponen
en tela de juicio o nos detenemos a cuestionar en cómo permea en los modos en que podemos compartir nuestro
conocimiento con los que podríamos llamar nuestros “pares”, la familia, los
vecinos u otras mujeres fuera del contexto universitario.
Tal vez sea necesario problematizar
que como mujeres nos encontramos constantemente incursionando en estos espacios
tradicionalmente relacionados con el poder, y que esto no quiere decir que nos
despojamos y/o reapropiamos de nuestra feminidad en la medida en que entramos o
salimos de ellos, ya que estos espacios se encuentran circunscritos en nuestra
cotidianidad, sin embargo me parece también reduccionista continuar hablando de
la masculinización de las mujeres como si la masculinidad fuera algo propio de
los hombres (de tener un pene).
La cuestión se complejiza cuando
encontramos lo que podríamos ubicar en
Mara Víveros como resistencias
masculinas al cambio en mujeres también, y que haciendo lecturas desde
otras posturas podríamos ubicar a estas mujeres como mujeres patriarcalizadas,
machos con vulva, pero que en un plano representacional se queda únicamente en
la descripción o adstracción de símbolos que podrían parecer contradictorios
pero que finalmente nos cruzan a todas de manera continua, si bien Judith
Halberstam comienza visibilizando la masculinidad femenina al abstraer la figura de la machorra y desestabilizando la idea de correspondencia entre representación, el deseo y
el género la discusión apenas ha llegado a la mesa .
Entonces ¿Qué pasa con las mujeres femme cuya
representación, construcción genérica y deseo se corresponde pero en su
práctica profesional o área de trabajo, al momento de integrarse en este
sistema de competencia neoliberal, adquieren actitudes que no se considerar
propias de la feminidad que enarbolan?,
la heterosexualidad y la correspondencia con un modelo coherente como el
sexo-género que plantea Rubin se desbordan al plantearse como inamovibles,
tal vez la explicación comience a vislumbrarse en la propuesta del sujeto excéntrico que plantea Teresa De
Lauretis pero de momento es necesario poner punto final a este ensayo.
[1]
Con ello me refiero a que muchos de los encuestados son personas con los que
convivo habitualmente, al vivir en un área dónde viven estudiantes foráneos compartí mesa en cocinas
económicas con ellos, algunos otros han sido
mis vecinos, roomies o compañeros en actividades extracurriculares
universitarias.
[2] Saucedo González Irma (2010) “Identidades de género y violencia: la
prevención en el sistema educativo” en Lara López Ana Laura (coord.) Género en
educación. Temas, avances, retos y perspectivas. México. UPN, SNTE, Fundación
para la cultura del maestro, Plaza y Valdés Editores. p. 203.
[3]
Martin Casares, Aurelia
(2006) Antropología del género.
Culturas, mitos y estereotipos sexuales. España. Ediciones cátedra. Universitat
de Valencia. Instituto de la Mujer.
[4]
Ibídem
[5] Se
anexa cuadro con entrevistas al final.
[6]
Ibídem
[7]
Ibídem
[8]
La dinámica de la mofa o burla que cito en este texto consistió en comentarios
respecto al violentómetro, a ¿qué pasa si detectaban la violencia en el número
30?, haciendo referencia a que ya
estando muertos para qué, bromearon sobre la violencia que ejercen hacia ellos
y se quejaron de que estos temas sólo vayan dirigidos hacia mujeres, inferencia
que hicieron ellos mismos y denota la
naturalización de la violencia contra las mujeres y la heterosexualidad de los
participantes en esa conversación ya que interpretaban violencia de pareja como algo necesariamente ejercido de un
hombre hacia una mujer.
[9] Fernández,
Anna M. 2001.Desacatos No.6 Primavera-Verano
2001.
[10]
Dorlin, Elsa (2009) Sexo,
género y sexualidades. Introducción a la teoría feminista Nueva Visión, Buenos
Aires.
[11] Viveros,
Mara (2008) “Teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades.
Dilemas y desafíos recientes”, en Juan Carlos Ramírez, Masculinidades. El juego
de género de los hombres en el que participan las mujeres, Plaza y Valdés,
México.
[12]
Aunque considero que el hecho de
converger con ambos compañeros está atravesado
también con incursión en la lógica del activismo, y que muchas de sus
respuestas también se encuentra endosadas en esa parte que compartimos en
nuestras biografías, aunque por otro
lado el activismo esta también conformado en su mayoría por personas de estas
áreas de conocimiento; lo que no quiere decir es que todo antropólogo,
psicólogo, comunicador , humanista, investigador social, filosofo, etc. Se mueva
dentro de las mismas lógicas por el simple hecho de corresponder a estas áreas
del conocimiento.
[13]
Connell, R. W (2001) Educando a los muchachos:
nuevas investigaciones sobre masculinidad y estrategias de género para las
escuelas en Nómadas.
Bibliografía.
- · Connell, R. W (2001) Educando a los muchachos: nuevas investigaciones sobre masculinidad y estrategias de género para las escuelas en Nómadas
- · Dorlin, Elsa (2009) Sexo, género y sexualidades. Introducción a la teoría feminista Nueva Visión, Buenos Aires, pp. 31 – 47.
- · Fernández, Anna M. 2001.Desacatos No.6 Primavera-Verano 2001.
- · Martin Casares, Aurelia (2006) Antropología del género. Culturas, mitos y estereotipos sexuales. España. Ediciones cátedra. Universitat de Valencia. Instituto de la Mujer
- · Saucedo González Irma (2010) “Identidades de género y violencia: la prevención en el sistema educativo” en Lara López Ana Laura (coord.) Género en educación. Temas, avances, retos y perspectivas. México. UPN, SNTE, Fundación para la cultura del maestro, Plaza y Valdés Editores. pp. 201-214.
- · Viveros, Mara (2008) “Teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades. Dilemas y desafíos recientes”, en Juan Carlos Ramírez, Masculinidades. El juego de género de los hombres en el que participan las mujeres, Plaza y Valdés, México, pp. 25-39.
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