
domingo, 8 de septiembre de 2019
espera

martes, 6 de agosto de 2019
Ninfa alquímica
Érase una vez una ninfa que aprendió alquimia para decantarse en polvo de estrellas y suspiros de sal, con la misión de fundirse y confundirse en la inmensidad oceánica e ir en busca del naufrago que un mal día cambio la cubierta de un barco por el fondo del atlántico, sin embargo no contó con la prisión de tiempo a la que accidentalmente iría a parar al ser confundida con simple arena de mar.
Desde entonces espera paciente el reencuentro con su otra mitad, una horda de suspiros, el tibio aliento que de un tierno soplido la podrá liberar.
jueves, 1 de agosto de 2019
Deseos curiosos
Ideas voluptuosas,
exaltaciones vaporosas,
manos cariñosas
que corretean curiosas,
pasiones fervorosas
de censuras religiosas,
caprichos lujuriosos
de dedos pecaminosos,
fantasías salvajes
de deseos fugases,
respiraciones voraces
de antojos kamikazes.
sábado, 27 de julio de 2019
gravedad alquímica
Salí de mi casa por vez primera en el verano del 2009, con una maleta a cada lado y muchas ganas de jamás volver.
Recién cumplidos los 18 años sucumbí al llamado del conocimiento académico, las universidades foráneas me sedujeron cual sirena en pleno naufragio, desde entonces han pasado 10 años.
Me fui de casa con el trazo firme de una sonrisa, que con el pasó del tiempo y a fuerza del uso forzado se ha ido suavizando.
La primera despedida fue sencilla, amortiguada por un colchón de expectativas y esperanzas varias, durante un par de años reinaron las despedidas vanas, sin embargo a medida que pasaba el tiempo el peso de la distancia comenzaba a saltar los resortes del endeble colchón de la esperanzas, que al recibir mi cuerpo comenzaba a emitir la onomatopeya "¡des!".
He me aquí justo ahora a una década de distancia devuelta en la órbita materna repensando la manera de devenir planeta y dejar de ser estrella fugaz.
y he me aquí tratando de desafiar al buen Newton para encontrar la manera de aumentar sólo una milésimas ese 9.807 m/s² que nos ancla a la tierra, y así tratar de dirimir alguna teoría charlatana sobre el arraigo, una nunca sabe, quizá pueda tener la suficiente suerte para no acabar aplastada ante la gravedad del fracaso y con un poco de tino alquímico tal vez hasta logré que mis píes se tornen raíces.
Recién cumplidos los 18 años sucumbí al llamado del conocimiento académico, las universidades foráneas me sedujeron cual sirena en pleno naufragio, desde entonces han pasado 10 años.
Me fui de casa con el trazo firme de una sonrisa, que con el pasó del tiempo y a fuerza del uso forzado se ha ido suavizando.
La primera despedida fue sencilla, amortiguada por un colchón de expectativas y esperanzas varias, durante un par de años reinaron las despedidas vanas, sin embargo a medida que pasaba el tiempo el peso de la distancia comenzaba a saltar los resortes del endeble colchón de la esperanzas, que al recibir mi cuerpo comenzaba a emitir la onomatopeya "¡des!".
He me aquí justo ahora a una década de distancia devuelta en la órbita materna repensando la manera de devenir planeta y dejar de ser estrella fugaz.
y he me aquí tratando de desafiar al buen Newton para encontrar la manera de aumentar sólo una milésimas ese 9.807 m/s² que nos ancla a la tierra, y así tratar de dirimir alguna teoría charlatana sobre el arraigo, una nunca sabe, quizá pueda tener la suficiente suerte para no acabar aplastada ante la gravedad del fracaso y con un poco de tino alquímico tal vez hasta logré que mis píes se tornen raíces.
domingo, 21 de julio de 2019
Las alhajas de mi tía
En la familia los aretes siempre fueron importantes, además de la manera ideal de halagar la belleza femenina, esas delicadas piezas de orfebrería han jugado un importante papel en una tradición donde las mujeres no heredamos más que nuestros vestidos y alhajas.
Lo descubrí un buen día, en que atrincheradas en la cocina entre cacerolas, confidencias, vapores aroma café y canela se comentaba de las estrecheces familiares, fue entonces cuando pasado el dramatismo de la confesión una tía se despojo de sus aretes.
Estaban allí sobre la mesa las dos piezas elegantemente esculpidas que asemejaban un par de lirios, la tía era una santa, se había despojado de un tirón de todo cuanto poseía para después pasar por tonta y olvidadiza a los ojos de su marido.
Y la misión apenas iniciaba, a partir de este gesto la red de ayuda femenina se activo y todas eramos parte del complot, desde la que fingía darse cuenta de la desnudez lobular con asombro, la que iba con discreción a la casa de empeño, hasta las más pequeñas que simulábamos buscar las piezas por si de casualidad estaban abajo de un algún mueble.
A veces creo que los varones también jugaban parte de la artimaña cuando con cariño y resignación sugerían a alguna de sus hermanas ser más cuidadosas, dicha acción ponía en tela de juicio la titularidad de las joyas familiares más no su kilataje datado en generaciones de mujeres bienintencionadas.
lunes, 8 de julio de 2019
deshabitada
Me daba
y me entregaba
sin esperar nada
generosa me obsequiaba
gustosa de quedar vaciada
solicita de la reciprocidad negada
necesitada de estar deshabitada
La Nela
Si tu me mirarás
moriría como la Nela,
la pobrecita Marianela
apocada,
a minorada,
ninguneada,
incinerada por una mirada
ávida de belleza,
una mira que con destreza
ignoraría mi naturaleza,
y yo moriría de tristeza
diluida en la sutileza
de quien busca en lo feo nobleza.
domingo, 7 de julio de 2019
La Feminazi y el Jabón
Lo vi por primera vez en una tienda orgánica, lo encontré entre suaves aromas, estaba allí artesanal, hipoalergénico, eco friendly, no dude en llevarlo a casa, le asigné un lugar especial entre el gel corporal y el shampoo, hace mucho que no usaba jabón en barra pero estaba dispuesta a volverlo a intentar, la textura y el aroma prometían una gran experiencia.
Por la noche llego la hora de la ducha y acudí a él, me desnude y corrí el cancel, mi cuerpo comenzó a humedecerse bajo la regadera, había llegado la hora de dejarnos de coqueteos y desempaquetarlo para mirarle también despojado de etiquetas, ¡hola feminazi! bufo para ocultar su timidez, me hubiera desconcertado de no estar acostumbrada al mote, recordé que justo por ello había cambiado la rigidez del jabón en barra por la sutileza de su versión en gel, menos aspereza más gentiliza.
Le sonreí con ironía y comenzó la espumosa faena. He de confesar que tuve que ceder un poco para propiciar la tregua y que comenzará a abandonarse al compás de la regadera, después de unos minutos acaricio mi cuerpo dejan como huella el rastro de su perfume.
El baño se volvió toda una ceremonia, la misma hora, el mismo lugar, el mismo saludo sardónico, discutir, ceder, terminar envueltos en la densa niebla aprisionada por el cancel, para de allí retirarme azorada a la habitación, mi guarida de estrategias fallidas, el vientre de explicaciones afectuosas, libro de cavilaciones hechiceriles y embrujos afectivos.
Pasadas un par de semanas comencé a notarle menos combativo pero también más delgaducho, las efusivas discusiones habían dado paso a largos periodos de silencios, duchas más apacibles entre la bruma del agua tibia, ir perdiendo la contienda racional a fuerza de ejemplos sencillos le comenzaba a romper el espíritu, cada vez era más perceptible como languidecía entre mis manos.
La última semana comencé a correr el cancel con temor de no encontrarle por ningún sitio. Hubiera bastado con espaciar el bañarme un par de días para alargar lo nuestro, pero no quería que se me notará lo cobarde, no deje de acudir a nuestras citas, cómo quien religiosamente va al templo a espera de algún milagro, sin embargo el milagro jamás se presentó, se imaginan lo hilarante un milagro para la feminazi, ¿Qué seguiría después, llovería vino de nubes menstruantes?
La última semana llegó y lloré quedito, casi imperceptible, bajo la llovizna cómplice que ofrece la ducha, ante la inminencia de los días contados. Las duchas continuaban cadentes, casi armoniosas, el agua me surcaba el rostro mientras a él le erosionaba los prejuicios, día a día al final de la contienda iban a dar a la cloaca partes de lo que una vez fue, paradigmas vencidos.
jueves, 27 de junio de 2019
Cuerpo
Cuerpo
Veneno y piel,
deleite y hiel,
mi cuerpo a expensas del placer;
instrumento de disfrute
objeto de satisfacción
herramienta del deseo
utensilio de sensualidad
material de goce
repositorio de lujuria
urna de desenfreno,
sórdida fantasía
de inmemorable pasión ancestral.
Veneno y piel,
deleite y hiel,
mi cuerpo a expensas del placer;
instrumento de disfrute
objeto de satisfacción
herramienta del deseo
utensilio de sensualidad
material de goce
repositorio de lujuria
urna de desenfreno,
sórdida fantasía
de inmemorable pasión ancestral.
lunes, 24 de junio de 2019
Puta
Puta triste, en el ojo
que me mira sin decoro.
Puta silente, para quien
me prefiere como ausente.
Puta nostálgica, para mí
que conozco mis demonios.
Y aunque puta he de ser
desde varias perspectivas,
es mejor desmerecer,
decrecer de sus elogios,
que devenir musa afligida.
jueves, 20 de junio de 2019
El fantasma del fascismo
El fantasma del fascismo
de la tumba se ha levantado,
no hay cosa más siniestra
que su imagen tan repuesta.
Maestro de la cordialidad
no teme a la hilaridad
de negar la humanidad
a quienes juzga con severidad.
El fantasma del fascismo
de científico se ha disfrazado,
reforzando los supuestos
de prejuicios infundados.
Aguza bien el oído
en las noches más oscuras,
es posible escucharlo
murmurando su amargura.
Argumenta de derechos
desde la moral más añeja,
intentando reducirlos
a las personas que rezan.
Afina tu perspicacia
y entrena bien los sentidos,
no vaya a ser que mañana
en tu cabeza ya tenga nido.
El fantasma del fascismo
anda al acecho,
con valores de otro siglo,
abduciendo a los perplejos,
con pasados gloriosos
alucina quejumbrosos
que ávidos de espejismos
se dejan seducir
por cuasi silogismos.
Si esto te esta incomodando,
obsérvate en el espejo
en busca de su reflejo,
y reconoce si estás poseído,
que para exorcizar al fantasma
no hay que perder la calma
ni la práctica constante
de examinarse con frecuencia.
¿Cómo indentificar un discurso de odio?
En este mundo donde se fetichiza el saber resulta tremendamente cómodo adherirnos a ideas e interpretaciones parciales de textos científicos, ver vídeos de entrevistas en you tube y con sólo media hora conformarse con el espejismo del conocimiento, dejarse seducir por un orador u oradora que más o menos regurgita tal o cual teoría o autor es parte del check list.
El conocimiento por fetiche nos hace creer que es más sencillo mamar del conocimiento amigo que adquirir el propio, que leer un libro.
Teorías complejas son reducidas a frases friendly y memes se sirven a la carta día a día desde nuestras redes sociales, traducciones parciales de un todo complejo reducidas a triste guiñapos carentes de espiritu crítico.
Para aparentar que sabemos nos conformamos con cualquier cosa que se ajuste más o menos a nuestro prejuicios, el sentido crítico pierde su centralidad frente a la búsqueda frenética de enfoques que se sumen a nuestra visión parcial del mundo, que demuestren de una buena e irrefutable vez que no estamos equivocados, la ciencia se ha tornado fe.
En esta línea sucesoria elemental que planteaba el evolucionismo de la transición del pensamiento mágico al religioso y finalmente al científico algo ha intervenido tumultuosamente, quizá ha sido la autocomplacencia, el enorme hueco que deja la ausencia de reflexividad, la negación a cuestionarnos en primera persona y un ingenuo entusiasmo que se deslumbra apenas encontramos aquello que creemos buscar.
El conformismo intelectual es cosa de todos los días, es fomentado a diario por un montón de cuasi verdades que pululan en nuestra cotidianidad, porque cualquier cosa nos parece razonable siempre y cuando se ajuste minimamente a nuestra visión del mundo.
No voy a negar que es jodido esperar ávidos lectores en un país de pobres, dónde el costo estándar de un libro equivale al triple de un salario mínimo, sin embargo voy a tomarme el atrevimiento de dejar una invitación a la autocrítica, a desconfiar de aquel cuasi conocimiento que deslumbra cual espejo al sol, que nos ilumina el rostro y se presenta fácil, ese que se ajusta perfecto al estigma contra el prójimo, a crear enemigos malévolos, el que alienta a la suspicacia de seres que ya de por sí considerábamos indeseables.
Voy a dejarles este consejo porque el fantasma del fascismo anda al acecho de cuerpos que poseer, de mentes que abducir, se niega a permanecer en la tumba y se levanta para andar entre los vivos engalanado de discursos cuasi científicos, sólo basta descuidarse un poco para encontrarlo disfrazado tras el antifaz de los derechos, pero no se asusten que es fácil identificarlo, observa bien y podrás notar como frunce la nariz ante ciertas poblaciones, los inmigrantes, los gays, los trans, los negros, los pobres, los torcidos y todo aquel o aquello que no se ajuste a sus creencias; y si ello no es suficiente aguza bien el oído porque podrás encontrarlo discutiendo de la moral cuando de derechos se esta debatiendo, ese es su el más distintivo.
Así que a continuación te voy a dejar una serie de consejos para que antes de opinar observes si en ti no se encuentra su reflejo, devenido del odio más añejo:
¿Cómo identificar un discurso de odio? (cuestione lo siguiente)
- Fomenta la estigmatización de los otros para validarse
- Recurre al pánico y terror basado en estereotipos
- Apela a generalizaciones basadas en casos aislados para caracterizar poblaciones completas
- Presenta a poblaciones enteras como una amenaza para el bienestar común
- Emplea una mirada reduccionistas y polarizante para problemáticas complejas (hay buenos y malos)
Recuerde que los discursos de odio no necesariamente hacen que salgamos a la calle a asesinar o matar gente, lo que si fomentan es la tolerancia y justificación de situaciones violentas e injustas contra la población o sujetos hacia quienes de manera previa se han reforzado los prejuicios. Quizá sea buen momento para empezar a cuestionarnos en primera persona respecto a los motivos por los cuáles creo que la existencia de determinados sujetos o poblaciones atentan contra la vida y/o el bienestar común, y qué estoy entendiendo por "bienestar común".
martes, 11 de junio de 2019
Sobre la hipersexualización de la infancia , el uniforme mixto y las niñas
Últimamente he estado repensando bastante sobre los mensajes que hay en redes sociales al respecto a la "hipersexualización" de la infancia, que justo embona muy bien con la discusión que se ha tenido sobre el uniforme mixto, y la gran preocupación para mí es que lo único que veo son críticas a la manera de vestir de las niñas, y creo que la invitación es a recordar que ni la ropa ni los accesorios fomentan la agresión sexual, y en ese sentido hay que ser muy cuidadosas con la manera en que argumentamos, especialmente cuando de fondo se anda remasterizando el pánico sexual, aquel que usa a las niñas/os como detonante del miedo.
De todos los argumentos que se han citado hablando desde el clima hasta la ergonomía, el más aceptado ha sido el que hace alusión al acoso sexual, habría que cuestionarnos ¿a qué se debe su éxito?, y quizá la respuesta este en que otra vez nos encontramos los adultos dictando a las mujeres jóvenes, adolescentes y niñas que deben hacer, como deben vestirse. Es sorprende y preocupante la mancuerna que algunas feministas establecen con la derecha, y uno de esos espacios es precisamente "la hipersexualización de la infancia" que generalmente se reduce a la manera en que se norma el comportamiento y la vestimenta de las niñas.
Algo necesario a acotar antes de continuar es que todas las personas nacemos con una sexualidad que se va desarrollando en la medida en que crecemos, con esto no quiere decir que necesariamente vamos a devenir en hombres o mujeres, pero si que hay una esfera de la vida vinculada al reconocimiento del propio cuerpo, al deseo, el placer y que es parte de nuestra realidad material y que no surge por arte de magia cuanto el estado nos credencializa y ya podemos votar, sino que es inherente a nuestra realidad corporal.
A veces creo que en el afán de justificar las medidas tomadas en el proceso de búsqueda de crear condiciones igualitarias estamos cayendo en un nuevo vicio sumamente peligroso, la creación y búsqueda de víctimas perfectas e inapelables moralmente, y sin querer con ello nos estamos ciñendo a la moral hegemónica, la misma moral que precisamente excusa la violencia sexual apelando a la ropa que usaba la víctima, aquella que repite argumentos tan absurdos como que "los niños/as provocan a los sacerdotes pederastas". Pero aún hay algo más grave que se esconde tras esta búsqueda de víctimas perfectas y es que lejos de dotar de agencia a las niñas en el discurso se les reduce a víctimas de las circunstancias, receptáculos pasivos de violencia, depojándolas de toda posibilidad e iniciativa de defenderse.
Entonces aguas con la cuestión de la "hipersexualización" y las lecturas simples que se le esta dando a la implementación del uso del pantalón como opción para uniformar a las niñas en el ámbito escolar, establecer que "me acosaban porque traía falda y la falda me sexualizaba" es uno de los razonamientos reduccionistas que sostienen la cultura de la violación, aquella que justifica los ataques sexuales en función de cuestiones vinculadas al contexto el lugar/la hora para responsabilizar a la víctima con factores vinculados con ella y su toma de decisiones y así terminar de transferir la responsabilidad de la violencia a algo tan subjetivo como el atuendo que decidió portar la persona en cuestión.
Por si aún no queda claro lo diré explícitamente, el acoso sexual no está en la ropa, la ropa no tiene cualidades ni atributos sexuales, el foco real de la discusión debería estar en quién acosa y no en la persona acosada, no en el ente cosificado. El problema no son las faldas, ni la piel expuesta sino en el ojo que escudriña entre las piernas, en la mano que toca sin consentimiento, en la mente que busca una oportunidad para obtener satisfacción a costa de los demás, generalmente mujeres.
Sustituir el uso de la falda por el pantalón dicho sea de paso tampoco esta paliando nada de manera sustancial, ir a la escuela en pantalón era una práctica ya más o menos corriente, lo que faltaba es que la institución lo reconociera, bueno ya nos dio esa concesión, ya se institucionalizo con el afán de uniformar, para que lleves tu pantaloncito de la tela adecuada, esto fue una manera de concordar con la premisa que justifica el uso del uniforme como recurso pedagógico para no crear distinción entre los alumnos y había que romper con la gran distinción que desestabilizaba esta premisa a través de una prenda diferenciada. Habría que cuestionarnos sobre si es el gran logro que tanto vitoreamos o apenas un pasito hacia emparejarnos con la realidad actual.
Si el problema es el acoso que se eduque a los varones para no acosar, que se enseñe autodefensa a las niñas, se fomente la organización para que regresen agrupadas a sus casas y puedan apoyarse unas a otras, que se creen brigadas de tutores que monitoreen los recorridos escolares para prevenir acoso, pero por favor, no me vengan con argumentos simplistas como que el sustituir la falda por el pantalón va a reducir el acoso cuando tiene muchos años también la observación "ese pantalón te queda muy ajustado".
Finalmente voy a cerrar invitándoles a reflexionar sobre por qué incomodan tanto los calzones y las vulvas debajo de la falta y no les incomodan los penes que notoriamente se marcan bajo pantalones de tela o los glúteos que se entornan debajo de las pinzas del pantalón; y voy a apropiarme también de ese "se trata de las niñas", ¡claro! se trata de como nos generizan desde edad temprana, de las maneras en que nos inculcan desde pequeñas que somos objeto de deseo y que usar una prenda nos vuelve material del mercado sexual.
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