lunes, 16 de abril de 2018

De mis favoritas (en constante actualización)



Hace algunas horas me preguntaron cual era mi poeta favorita, y callé, tal vez era el alcohol o la palabra vedada -feminismo-, en muchas de las mesas que he tenido el placer de compartir se debate acaloradamente de política, cultura, deportes, racismo, la guerra, economía más no de feminismo porque todo al respecto ya lo han dicho aquellos cuyas opiniones son importantes, aquellos para quienes hablar de feminismo es una frivolidad producto de las mujeres del siglo xxi, es una necedad colectiva parecida a la histeria de siglos anteriores, ¿qué más podemos desear si ya podemos votar?, y bueno, yo no quiero importunar, ni pelear, ni debatir, ni discutir, ni iniciar una cruzada pedagógica que pretenda sensibilizar a nadie, yo no pretendo apelar a la razón que nunca ha sido nuestra, pues desde el siglo de las luces se decidió que la razón en su acepción femenina esta al servicio de los hombres, por lo que apelaré al sentir, al sentir de otras mujeres, feministas que dada la complejidad del tema optaron por estrategias que les parecieron más loables... quién desee entender que entienda y quién no, allá él.



Entrevista de prensa
Rosario Castellanos
Pregunta el reportero, con la sagacidad 
que le da la destreza de su oficio:
—¿por qué y para qué escribe?

—Pero, señor, es obvio. 
Porque alguien (cuando yo era pequeña) 
dijo que la gente como yo, no existe.
Porque su cuerpo no proyecta sombra,
porque no arroja peso en la balanza,
porque su nombre es de los que se olvidan.
Y entonces....Pero no, no es tan sencillo.

Escribo porque yo, un día, adolescente,

me incliné ante un espejo y no había nadie.
¿se da cuenta?. El vacío. 
Y junto a mi los otros chorreaban importancia.

No, no es envidia. Era algo más grave. 
Era otra cosa.¿Comprende usted? 
Las únicas pasioneslícitas a esa edad son metafísicas.
No me malinterprete.

Y luego, ya madura, 
descubríque la palabra tiene una virtud:
si es exacta es letal 
como lo es un guante envenenado. 

¿Quiere pasar a ver mi mausoleo?
¿Le gusta este cadáver? 
Pero si es nada másuna amistad inocua.
Y ésta una simpatía que no cuajó 
y aquélno es más que un feto. Un feto.

No me pregunte más. 
¿Su clasificación?
En la tarjeta dice amor, 
felicidadlo que sea. No importa. 

Nunca fue viable. 
Un feto es un frasco de alcohol.
Es decir un poema del libro 
del que usted hará el elogio.


¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una.
Jamás repetí otras (por pudor o por fallas mnemotécnicas).
¿Mujer de acción? Tampoco.
Basta mirar la talla de mis píes y mis manos.

Mujer, pues, de palabra. NO, de palabra no.
Pero sí de palabras.
Muchas, contradictorias, ay, insignificantes.
Sonido, puro vacuo, cernido de arabescos.
Juego de salón, chime, espuma, olvido.

Pero si es necesaria una definición
Para el papel de identidad, apunte
Que soy mujer de buenas intenciones
Y que he pavimentado
Un camino directo y fácil al infierno.

...


Agonía Fuera Del Muro de Rosario Castellanos

Miro las herramientas,
El mundo que los hombres hacen, donde se afanan,
Sudan, paren , cohabitan.
El cuerpo de los hombres prensado por los días,
Su noche de ronquido y de zarpazo
Y las encrucijadas en que se reconocen.
Hay ceguera y el hambre los alumbra
Y la necesidad, más dura que metales.
Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra
Que todavía la especie no produce?)
Los hombres roban, mienten,
Como animal de presa olfatean, devoran
Y disputan a otro la carroña.
Y cuando bailan, cuando se deslizan
O cuando burlan una ley o cuando
Se envilecen, sonríen,

Entornan levemente los párpados, contemplan
El vacío que se abre en sus entrañas
Y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.
Yo soy de alguna orilla, de otra parte,
Soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,
Gente a quien compartir es imposible.
No te acerques a mi, hombre que haces el mundo,
Déjame, no es preciso que me mates.
Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
De algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y no entender.



...

NO ERA YO EL PROBLEMA

El problema no era el golpe,
ni el insulto,
tampoco el dolor
o la sangre en el piso.

El problema no era la cicatriz en el cuerpo
ni la culpa que sentía,
mucho menos la vergüenza.

El problema no era mi cuerpo
no eran,
ni mis ojos,
ni mi color.

El problema era mi condición
ser mujer, ese era el problema.

No era por como vestía,
Ni por lo que decía.
Era porque así tenia que ser,
porque siempre había sido de esa manera,
porque la abuela le dijo a mi madre que el hombre era Dios
y eso me enseñó ella.

El problema era el mundo,
con sus códigos machistas,
desiguales y violentos,
con sus lenguajes sexistas
y sus morales dobles.

El problema no era mio,
era de todos,
de los que sabían y no hacían nada,
de los que se tapaban lo oídos y desviaban la mirada,
de los que justificaban al hijo,
de los que celebraban la paliza.

El problema no era yo
y tampoco era nuevo,
era falta de memoria,
injusticia,
abandono.

El problema era una historia contada por hombres
y padecida por mujeres;
eran niñas vestidas de rosa para que fueran más puras
y niños pintados de azul para que fueran más rudos,
el problema no era el golpe en la cara,
era el permiso de todos,
el creer que era natural,
el sentir que era bueno,
el tolerar por miedo.

El problema no era el puño
era la herida en el alma
y el silencio.

Ébano, 2012

...

YO SOY LA MUJER
María Gutiérrez

  Yo grabé las figuras en la pared de las cavernas
Descueré a las bestias y curtí sus pieles
Yo cocí la carne y la sequé para servirla en las noches frías del invierno
Cosí con los tendones y agujas de sus huesos el calzado de los padres de mis hijos
Los guerreros que me forzaron. Los valientes cazadores
Los jefes de los clanes. Los chamanes. Los bufones

Yo soy la mujer
Yo limpié sus mocos y su semen
Yo amamanté a sus bestias huérfanas. Y a las mías
Yo mantuve vivo el fuego
Amasé el barro de sus vasijas y las levanté, y las llené, y llené sus bocas y sus vientres
Y lo seguí hasta las trincheras para coser su camisa y sus heridas
Para llenar sus balas y secar sus ojos de la muerte 

Yo soy la mujer
La esclava invisible
La niña mutilada por el hombre de la cuchilla sucia
La puta lapidada
La bruja de la hoguera
La loca amordazada
La concubina

Yo soy la mujer
Nunca en mí
Nunca mi dueña
Siempre en otras manos mi destino
Mi cuerpo
Mi esperanza
cercenada desde el centro

Yo soy la mujer
Yo caliento la cama de los hombres
Yo madrugo para besar su frente a pesar de su silencio
Y podría comprender su mirada ausente de garras despiadadas
pero no quiero

No cerraré los ojos por más tiempo
ni ofreceré mi cerviz otro milenio
 Viraré mi rumbo al sur de su camino
No voy a restañarlo de más guerras
Dejaré mi carga espesa de dolor y culpa y que la mar se lleve el pus del tiempo
Yo soy la mujer
Y con mis manos de tierra y miel
amasaré las horas y el pan cada mañana. Y un día cantaré

...

Coraje
Ana Swin

No seré esclava de ningún amor.
A nadie
devolveré el sentido de su vida,
su derecho al crecimiento constante
hasta el último aliento.

Maniatada por el oscuro instinto
de la maternidad,
sedienta de ternura como el asmático
de aire,
con qué empeño construyo en mí
el hermoso egoísmo humano,
reservado desde hace siglos
para el varón.

Contra mí
están todas las civilizaciones del mundo,
todos los libros santos de la humanidad
escritos por ángeles místicos
con la expresiva pluma del relámpago.
Diez Mahomas
en diez elegantemente enmohecidas
lenguas
me amenazan con la condenación
en la tierra y en el cielo eterno.

Contra mí
está mi propio corazón.
amaestrado por milenios
en la cruel virtud de la víctima


...

Me dijero
Patricia Karina Vergara Sánchez

El otro día me dijeron
que frene la lengua,
 que modere los actos,
que critique,
que señale,
que me inconforme,
pero, en voz baja
 y entre nosotras.

Que los compañeros de lucha,
cualquier lucha,
se pueden sentir afectados.

Que espere,
que el movimiento social,
cualquier movimiento social,
tiene planes para las mujeres,
pero, que espere,
todavía no es el tiempo, ni la hora.


El otro día me dijeron que sea más responsable al decir antipatriarcado, al denunciar al que acosa, al señalar al que desprecia.
Que cuide a los compañeros, que sea amorosa, que les haga sentir bienvenidos, que mis reclamos no vayan a ofenderlos.
Me lo dijo una, que se dice compañera, y le he preguntado. Pero, no ha ido a ver al indio, para decirle que denuncie bajito al caxlan que lo desprecia.

Y no ha ido a ver al obrero, para decirle que espere, que sea más amable en sus reclamos con el patrón.
Y no ha ido a ver al campesino, para decirle que defienda su tierra con amabilidad y sonrisa.
Pero a mí, si ha venido a hablarme para decirme que no vea, que si veo no señale, que no lo tome como ofensa. Que comprenda.

Me dijeron. Que finja, que no me dé cuenta de que éste mira mis senos, de que éste me estorba la palabra, de que éste me llama a la elegancia femenina, de que éstos no son de los míos. De que dicen lesbiana, pero en voz baja.

Que por las buenas son mejor las cosas. Que no demuestre el abuso. Que no llame machista. Que no use la palabra misoginia para el que me niega.
Que acompañe al movimiento y, por las buenas, ya irá tocando la nuestra.

Me dijeron, y estoy pensando que no es justo.

Para murmurar el descontento, para perpetuar los roles,
mejor me habría quedado en casa a lavar platos.

Que nada más no puedo. Ni he de callarme. Ni cerrar lo ojos, ni fingir. Ni moderar la lengua ni los actos. Que no dejaré de criticar, ni de señalar, ni de inconformarme.
Ya hemos dado mucho. Ya dieron bastante mis madres y abuelas. Hemos sido tantas: Las presas políticas, las agredidas, las trabajadoras, las que sostienen la casa mientras la huelga, las que siembran la tierra, las sindicalistas, las maestras, las que nunca son nombradas, las que toman los medios. las que barren y reparten volantes mientras el macho líder hace discurso. Las que ya están hartas… Todas, mis hermanas

Que ya toca la nuestra y no para luego.
Que hay que decir: ya, a este tiempo y a esta hora.

Que para gritar contra la opresión,
no hay corrección política.
Decir: hay una izquierda machista y reaccionaria,
no me atemoriza.

Que ya toca la nuestra y no para luego. Que hay que decir: ya, a este tiempo y a esta hora.
Que para gritar contra la opresión, no hay corrección política. Decir: hay una izquierda machista y reaccionaria, no me atemoriza.
Me dijeron, me sugieren, me invitan a moderarme. Pero, yo, nada más no puedo.
Yo entiendo ser mujer de otra forma. 
Yo quiero de otro modo hacer las cosas.
No voy a disculparme, No puedo condolerme. Porque tengo esta voz. Es voz libre y autónoma. Es voz nueva, revolucionaria. Tengo esta voz fuerte. Voz lesbiana, nunca más silenciada.



...



Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.

Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.
Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi playera,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta años.

Quise ser hombre
para invitarlas a volar el periférico,
a bailar descalzas porque el América
le ganó al Guadalajara,
para llevarlas del brazo hasta una cama
donde no tengan que fingir orgasmos.
Pero soy mujer y, aunque puedo
compartir con ellas la poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
llenarlas de caricias prolongadas,
volar el periférico,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…
No es suficiente.
No les alcanza.
Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio
al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman.
»

— Rosa María Roffiel

...


La Satine
Pero yo nunca fui Helena.
Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.
Yo nunca fui ese tipo de princesa
que espera sentada escuchando
odas a su hermosura.
Porque yo era más la Satine,
la Agripina.
La Teodora de Bizancio que administraba
y quebraba imperios con una palabra.
Porque yo era más la Salomé
y exigía cabezas
y exigía sangre y acción
en los pactos.
exigía muestras de cosas imposibles
y ahora me traes Saturno
y mañana te pediré Júpiter.
Todo fue divertido hasta que viste
que mi guerra jamás acabaría
porque yo era la guerra y la guerra
era yo.
Porque llevaba la polémica en las raíces
y jamás me bastó
la mera existencia.
Y entonces venían los días torbellino
en los que ponía el mundo del revés
y escupía espumarajos y gritaba profecías
como Casandra en sus peores rachas.
Venían los días estándar en que
lloraba como una niña que apenas piensa
en imágenes y pataleaba
como intentando apartar semejante carga,
la nada, el sinsentido que es todo
y la responsabilidad de andar
con la cabeza erguida.
Además tu ya sabías de
mi estúpida manía de
creerme la Gorgo en Esparta,
la Cleopatra en Egipto,
y la peor de las Erinias,
la novia en la boda
y el muerto en el entierro.
Y a mí siempre me ha gustado
ir a verte con los ojos de Medusa,
con los pelos de Medusa
y el lenguaje de Medusa
a ofrecerte rituales tentadores
de pecados y manzanas
donde sólo tu sabes paliar
los días estándar,
los días torbellino,
la carga.
Donde sólo tú sabes hacerme creer
la diosa de la disputa,
la Juana más loca de todas
y la Medusa más Medusa
que jamás haya visto la historia.
Y en eso te doy la razón.
Porque yo nunca fui Helena.
Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.
-Gata Cattana
...

Cántico

Me gustan las mujeres esdrújulas
sin brújula
sin mítica
sin tónica.

las que aman con las víseras
las células
las glándulas.

las rítmicas
entrépidas
impúdicas.

las pérfidas
ingŕavidas
poéticas
las mágicas
las lésbicas
lunáticas.

Me gustas tú, Andrómeda,
erótica
magnifica,
política
MUJÉRICA.

— Rosa María Roffiel

martes, 3 de abril de 2018

Líneas basura

Estas líneas no son buenas pero que más da, tengo unos cólicos que se acrecentan tanto como la luna que insiste en asomarse por el cristal de la puerta, mi endometrio ha empezado a desprenderse de mí, de mi útero, a desgarrarse de él, descarapelarse, ha abandonarme, y el cuerpo reciente su partida, se conduele y sangra, sí ¡sangra! y duele, duele mucho, con todo y el té y el ibuprofeno de 600 y  los chocolates que compré previamente y el masaje que me doy de manera inconsciente en el vientre, duele y duele mucho, desde que tengo quince los cólicos del primer día menstrual me doblan, me dejan fuera de combate por un par de horas, disminuyen mi presión, me provocan el vómito y me nublan la vista y luego, bueno en general la vida; así que ahora para distraerme mientras los cólicos anuncian cual truenos la tormenta que se avecina para el día de mañana yo escribiré, y lo haré mal, peor que antes, sin creatividad, esta vez no irá el nombre de aquel a quién amo escrito entre líneas, sólo van a ser palabras, lastimeras que brotan de este mi cuerpo que soy yo,  yo piel doliente, yo células muertas, yo sangrante, yo tejido que se desecha, yo mujer, yo triste, yo bilógicamente resignada esta vez.



Tener por cielo tu mirada
y por horizonte tu sonrisa,
por bandera la resignada esperanza
que en su nombre lleva la penitencia
sin ninguna garantía ni aval.

Esperando murió la esperanza,
murió de necesidad,
amando con constancia,
pereció por necedad.

Esperando necia
y ya sin paciencia,
el cielo se empieza a estrellar
la luna implora por mí ¡clemencia!
el sol exige ¡Piedad!
ante el eclipse de tu conciencia
las constelaciones dejan de conspirar.

La trova nocturna acalla suspiros,
las mismas canciones empiezan a sonar,
una más y otra y otra más,
las tararea este corazón herido
que no se cansa de esperar,
aunque la paciencia ya se ha ido
la esperanza se niega a menguar.

Hay de ti esperanza mía
vete ya a descansar,
déjame por fin llorar  el último luto,
asimilar ya la conclusión fatal,
dale tregua a este cuerpo cansado
a la mujer sangrante
esclava de un amor fugaz,
dame paz
silencia por fin esta pluma tenaz.

domingo, 7 de enero de 2018

Mírame


No dejes de mirarme
porque a través de tu mirada existo,
en días fríos bajo tus parpados  me cobijo
y en los cálidos con tus pestañas me abanico.
Mírame
Escudriñame
Obsérvame
Recorre con tus ojos este cuerpo nómada,
cansado de deambular.
Lacerame con esa mira tuya,
enchiname la piel a parpadeos,
paralízame con un guiño
y de soslayo ponme a temblar;
que la necesidad de tu mirada apremia.
Mírame
Fugaz
Fugitivo
Furtivamente
Mírame y dame patria en tus ojos,
que extranjera de tu amor imploro nacionalidad en la embajada de tus pupilas,
para mirarme a diario bajo el cielo de tus despobladas cejas.
Mírame
Escudriñame
Obsérvame
Autorízame ciudadana entre las costas de tus retinas,
para reflejarme a diario en los mares de tus iris,
y contemplarme de nuevo en la morada de tu mirada.

Tu mirada es mi hogar
aunque como viene se va
que cese ya la imperiosa necedad
de reconocer en tus ojos mi única verdad.


Al fin me duche

Hoy 4 de enero de 2018 al fin me duche, cabe acotar que desde año viejo no lo hacía. Hoy por fin me lave la tristeza, más no tus besos, ni tus caricias: enjabone aquel cuerpo que recorrieron tus manos, aquel cuerpo nuestro que ahora sólo soy yo, lo enjabone despacio, con afecto, casi amor, la espuma me envolvió como la bruma de tu adiós incierto.

Y permanecí en la ducha así, inerte, paralizada, con temor de enjuagarme, con miedo de que el agua no limpiase sólo el dolor y el resentimiento añejo que traía impregnado en la piel desde el año viejo, me quede pasmada ante el pavor de perder también los caminos de besos que dejaste en mi carne, sentí terror al imaginar que el agua podía borrar el rastro de tu aroma que aún adivino la olfatear las yemas de mis dedos, me quede petrificada ante el miedo de perder las memorias de mi cuerpo echado en tu sofá frente al televisor, de las noches en tu lecho y me heló la idea también de  descuidar los gramos ganados a  fuerza de desayunos de huevos con chorizo y un par de besos fugaces para el resto del día. 

Pero hoy decidí ducharme, y lo hice, al fin el agua me limpio por fuera, dulce y cristalina me acaricio, me quito capaz de mugre acumuladas en la piel, el exceso de grasa en el cabello, la presión baja de la inactividad, la pereza y el autodescuido -breve-.

Hoy me duche y por poco hasta me peino. El año nuevo apenas empieza para mi. Era necesario lavarse el rechazo, poner a remojar el corazón roto, borrar con la lluvia fina de la regadera los surcos salados de noches insomnes en la soledad de tu recuerdo, de esa mirada fría que quema dentro del ardor de tu gélido rechazo. 


y aquí estoy escribiendo con el corazón hecho boronitas en este inicio de año, pero escribiendo porque es lo único que me queda.

martes, 12 de diciembre de 2017

Palabra y Dignidad

Tengo palabra y palabras:
las suficientes para decir te amo
las indispensables para decir adiós
las imprescindibles para confesar te extraño
las necesario para expresarme hoy.

Tengo dignidad:
La dignidad de un niño en el amor
la dignidad de una viuda en el adiós
la dignidad del poeta en el desamor
la dignidad que da un portazo
para decidir ya no torcer el brazo

Tengo dignidad en mis palabras
para acallar tu nombre
y dejar de llamarte amor,
silenciar mis deseos obscenos,
evocarte sin esperar reconciliación

Tengo mis dignas palabras
las de siempre y algunas más,
las justas para reconocer mi perdida
y un diccionario entero para la resignación.

Tengo por talismán recuerdos 
y de mantra tus frases de amor,
y si la dignidad se extingue
y las palabras se olvidan
tengo tu mira fría
para exclamar ¡YA NO!



Si te vas le alzas a la chingada - Pero Jeanette no podemos ponerle así a una canción pop-

sábado, 11 de noviembre de 2017

Continúas

Breve relato exasperante

Un día antes te recuestas al rededor de las 10 PM llevas una semana aplicando los buenos hábitos de sueño, despiertas a las 6:30 con tiempo suficiente para ducharte y desayunar, calculas el tiempo y te regalas otros cinco minutos más, te levantas para entrar a la ducha, pones esa canción que tanto te gusta en tu teléfono móvil, escuchas las notas y cantas bajo el rocío tibio de la regadera, sales y elijes unos jeans cualquiera, una blusa, zapatos cómodos, cepillas tu cabello y te miras al espejo, te sonríes; luego preparas el desayuno y con calma degustas aquello que preparaste pensando en darte gusto, lavas tus dientes, tomas tus cosas y sales al mundo.

El clima es agradable, definitivamente hoy te levantaste con el píe derecho, caminas con calma para el trabajo, y justo al dar vuelta en la primera esquina te encuentras con el mismo individuo que te has topado en las últimas semanas, con sus dos perros, su mirada de cuasi galán y un par de ojos que pasean por tu cuerpo, te escudriñan, intentas ignorar el asunto, no te va a arruinar el camino nadie, hoy es un día bonito, no vale la pena amargarse por un idiota, continúas tu camino y un par de calles más adelante un tipo recargado en una caseta telefónica te escanea de pies a cabeza, le mantienes la mirada porque no estás dispuesta a desviarla y frenas las palabras que estaban por salir, pero ese pequeño triunfo se esfuma antes de terminar la calle cuando un adulto mayor te piropea, su edad y tu educación pueblerina frenan las groserías que tenías preparadas. 

Continúas tu recorrido con paso firme cuando un fulano en coche te silva a la par que orilla su auto hacia la acera por dónde vas caminando, te asustas, aceleras los pasos en caso de que quiera intentar algo más, estás listas para correr, el tipo se aleja sin más en su auto, adivinas su sonrisa de satisfacción en la distancia, pasado el susto continúas el camino, vas conmocionada, comienzas a sentirte molesta, cruzas la calle y otro nuevo personaje en auto comienza a sonar el claxon y silbar, tu enojo ya es notorio, tus pasos resuenan. Aún no has llegado a tu destino, aunque falta ya poco.

Dos calles más y estarás en un lugar seguro, pero antes debes atravesar un crucero, entonces allí están los limpiaparabrisas que habías encarado hace tres semanas, tres semanas que habías transitado en paz por ese tu paso obligado, cotidiano, usual, cruzas sin mayor percance y justo cuando andas por la otra banqueta comienzan a silbarte desde el camellón, caminas de espaldas levantas el brazo y les enseñas el dedo medio, ¡pinches hombres! dices entre dientes, estás tan enojada que no te importa ir hablando por la calle,  arribas a tu oficina temblando de coraje,era lo que te faltaba, pero el asunto aún no termina, debes volver por un encargo, ida y vuelta los silbidos de los cuatro limpiaparabrisas son constantes, explotas, estallas, te volteas, y de banqueta a camellón les gritas "¡ya cabrones! ¡hijos de su chingada madre! ¡ya, déjenme en paz!", te ignoran, dan media vuelta y se hacen los desentendidos, ellos no hicieron nada malo en cambio  tú eres la loca que esta violando las normas de urbanidad y convivencia gritando obscenidades en vía pública, has dejado de lado tu feminismo y te has puesto a mentar madres como el único recurso que tienes para medio desahogar tu hartazgo e impotencia. 

Llegas a la oficina con ganas de meterte al baño a berrear tu coraje y sorber la humillación, piensas en cavar un agujero y no salir en por lo menos lo que resta del día,  pero no puedes porque hay actividad planeada, tiemblas mientras tratas de templarte y poner atención, sabes que tienes lo ojos algo vidriosos pero no les vas a dar el gusto de ponerte a llorar, porque aun así continúas - continúas - continúas  muy a pesar de todo continúas, hoy te acosaron 9 hombres en un recorrido de seis calles durante un tiempo mínimo de una hora (quizá menos), y tu continuas o la menos eso intentas.  Redactas esta nota para compartir tu rabia mientras te sudan las manos y sientes el estómago revuelto, piensas en todas las otras mujeres que día a día experimentan esta impotencia, coraje, vergüenza, las piensas por cientos, miles, millones, en distintos contextos, a todas horas del día, en la ciudad, el campo, la calle, sus trabajos, la escuela, en distintos idiomas, diversas culturas, tonalidades de piel, piensas que todo esta de la mierda y sin embargo continúas. 



viernes, 10 de noviembre de 2017

La abuelita Pili

Hoy desperté pensando en ella, la necesidad de sentirla cerca me llevó a ponerme una blusa negra con motes blancos, de lunares, siempre lunares que me recuerdan su vestido negro salpicado de machas blancas, ese vestido que nos acompañaba los domingos de vacaciones al malecón por un elote, el ritual empezaba desde temprano con mi hermano y yo demandando ir al parque, el eterno parque ¿A dónde más íbamos a ir en Martínez de la Torre Veracruz al final de los 90?


En la sobremesa después del desayuno empezamos a implorar la salida dominguera,  durante la segunda o tercera taza de café negro, si café negro  nada de café americano ni  anglicismos, el café era negro o con leche y san se acabó, se servía con un pocillo de la olla y se desparramaba durante el trayecto a la taza, se bebía caliente a pesar del calor siempre constante, arriba de los treinta grados, la abuelita Piedad decía que beber café caliente te quitaba el calor, por eso en su casa se bebía todo el tiempo.


-Doña Piedad no le de café negro a los niños- interrumpía mamá - si hija, no te preocupes- acto seguido mi mamá se descuidaba y ¡pum! aparecían los pocillos a medio llenar con café negro como por arte de magia, pero mi madre, al fin madre, siempre bruja secundaba la aparición con un chorrito de leche,el café se pintaba de apoco, luego venía una cucharada de azúcar, darle vueltas con la cuchara despacito para ver cómo poco a poco el líquido se coloreaba mestizo y luego  la llamada de atención de papá -niña no le pongas tanto azúcar te va a dar diabetes-.


Mis abuelos tenían diabetes pero muy a pesar de ello los abuelos, especialmente la abuela, jamás abandonaron el gusto de beber coca cola y comer chocolates, gusto que siempre compartió de muy buena gana con sus nietos misantecos, la abuela nos daba dulces y café negro a escondidas, tan insolentes y malcriados nos volvimos bajo su siempre indulgente sombra que al llegar a su casa antes de saludar visitabamos la cocina para ver que chucherías íbamos a engullir durante nuestra estancia, tan osados éramos que mi hermano acercaba una silla a la estufa donde reposaba la olla del café, se encaramaba y con un pocillo nos servía en tazas de plástico mientras desparramaba la mayor parte del contenido por la cocina que era de lámina de zinc.


La lámina de zinc se calentaba a lo largo del día, el sol le daba inclemente y justo cuando empezaba a enfriarse, por allí de las seis de la tarde, la abuela empezaba su ritual de belleza, salir a pasear con nosotros para ella era un lujo, era tan entusiasta como sus nietos; la abuela fue hija de un don cafetalero, alguna vez presidente de Atzalan, la casaron muy joven con el dueño de la tiendita… de raya (ok no, en realidad cuando cuento esa parte de la historia siempre hago esa broma para restarle un poco el pesar de que la casaran muy joven con un hombre que era notoriamente más grande que ella a quien confundían con su papá),  luego conoció al abuelo y digamos que tampoco le fue mejor, ella tuvo diez hijos y se la paso lidiando con los problemas de bebida del abuelo, quizá es el caso de muchas mujeres de ese tiempo (pero para mi es importante porque es la historia de mi abuela, es la historia de las mujeres de mi familia, es mi historia), doña Piedad hacía tortillas para vender, lavaba ajeno y hacía malabares con el gasto para alimentar a todos sus hijos.


Claro que después de vivir toda su vida al servicio de otros era un lujo los domingos empezar a alistarse para salir, mirarla era un deleite, me sentaba en el bordo del catre donde dormía con mi abuelito y la observaba descaradamente con su vestido de lunares con cuello blanco, su cabello cano y corto, aún despeinado, aún húmedo de salir de la ducha, tomaba un peine y comenzaba a alisarse los cabellos frente al espejo que venía incluido en el ropero, se hacía la raya al lado y se peinaba el flequillo pulcramente; luego venía el rostro y ponerse polvo en tono natural, verla polvearse mientras se miraba al espejo era hipnótico para mi, podría haber estado en esa esquina del catre viéndola polvearse por años, embelesada la observaba usar su talquera, miraba  las arruguitas que surcaban su frente, observaba sus manos con pecas de edad y de sol, pero lo que más me llamaba la atención era la piel curtida que  se dejaba ver entre el final del cuello y el pecho, podía apreciar cómo la intemperie había dejado pequeñísimos surcos delineados justo en esa parte de su pecho, era un triángulo de piel curtida por el sol de Veracruz, porque la crema no alcanza cuando la piel habla de las faenas atrasadas y el trabajo de sol a sol.


Del pasado glorioso de cafetales cercanos al Encanto lo único que le quedaba a la abuela era el recuerdo de hacer cubetas y cubetas de tortillas en compañía de sus hermanas,  desde la madrugada debían ser las primeras en levantarse, para que los mozos pudieran almorzar tenían que estar las tortillas listas y el café caliente; supongo que desde ese entonces tenía el escote ahumado, tostado por el calor de la lumbre,  curtido por las gotas de sudor que encontraron allí su camino para desahogar el esfuerzo físico y refrescarle un poco el pecho. Para acabar de plasmarse por completo en mi memoria la abuela usaba su talquera para espolvorear, resecar su escote y así evitar que el sudor propio del clima cálido húmedo de la región la siguiera erosionando con ese líquido  salino que anuncia mares no tan lejanos.  

A 13 años de su ausencia suelo buscarla en el espejo, miro esas salpicaduras moteadas cafés que escarchan mi piel, me regodeo en las pequeñas manchas de sol que están comenzando a aparecer en mis manos,  frente al espejo acecho mi imagen y observo mi escote  buscándola, comienzo a mirar los esbozos del tiempo, a adivinarlos, hace tiempo que tomé la decisión de no usar crema ni bloqueador en ese ínfimo espacio de mi cuerpo que me recuerda a ella.

jueves, 26 de octubre de 2017

Fiel al derecho y al revés

...Y bueno yo no entiendo por qué en estos momentos no estoy bebiendo en el barrio del artista el rechazó de aquel a quién mi corazón le confié y me lo regreso en versión de papel, corazoncillo al que le hace sentido hasta el amor imposible de Pitágoras, acotaré aquí que si ese poema mal logrado(sic) te hace sentido tienes problemas, problemas de todo tipo: existenciales, matemáticos, literarios, de comprensión lectora, emocionales, etc.

En fin que en este mes tan Joaquín Sabina yo prefiero estar en modo lector de la Poniatowska, compartirles un poco de lo que hay en mi corazón de papel china (mojado - si desean agregarle más dramatismo-) que llena una pluma ociosa, sin talento pero lo suficientemente ingeniosa para tributarle a ese nombre tan jugable que me permite mencionarle sin necesidad de hablarle ;)


Fiel al derecho y al revés

Fiel en tu ausencia encontraré paciencia
para recordarte en ropa interior,
en soledad descifraré la alquimia
de evocar tus labios sin sentir dolor.

Fiel a ti debo confesar que no domino aún el arte
de pensarte sin sentir pinchazos en el interior,
de escuchar canción, poema o composición
en cuya letra no busque alguna explicación.

Fiel en la distancia y tu indiferencia
me he disfrazado de alegría
parar ignorar la melancolía,
olvidar la experiencia de sentir tu cadencia,
y distraer al suplicio de despertar sin ti.

Fiel al derecho y al revés respetaré tu decisión
de cerrar este capítulo de desamor,
utilizaré aquel fatídico signo de puntuación

y me iré sin pedir alguna explicación.

domingo, 22 de octubre de 2017

Tristes lineas sin destinatario

Aquí en este típico mes de octubre extrañando las arruguitas que envuelven las comisuras de su sonrisa:


Extraño al extraño que no me extraña
cuyos oídos ignoran mi voz,
tristes lineas sin destinatario tengo
al saberlo muy lejos de mí.

Helada la piel clama su presencia
mientras el ego exige un por qué,
la esperanza cree que todo ya es vano
y el pesimismo suspira un tal vez...

El orgullo susurra "no es nada"
la razón opina "ya pasará",
por lo pronto el corazón lo extraña
y la mente grita no lo olvidarás.

Tristes líneas sin destinatario tengo
al saberlo más lejos que el sol,
recordar su sonrisa me mata
extrañarlo es el deporte de hoy. 

Fiel a su ausencia encontraré paciencia
para mantenerme lejos de ti,
insistir más sería no tener conciencia,
romper  su solicitud de ausencia, 
de ausencia de mi. 



sábado, 30 de septiembre de 2017

Azul en mi memoria



Azul era mi compañera de juegos en el jardín de niños, jugábamos juntas en los recesos, compartíamos mesa de trabajo, yo la admiraba de algún modo porque ella era una niña muy desenvuelta y platicadora, le gustaba participar de todo y lo disfrutaba mucho, yo que era más bien una niña paliducha y enfermiza que se ausentaba largas temporadas por el asma veía en ella una niña sana y entusiasta cuya amistad era un gran logro para mi que en ese entonces era más bien retraida.

Un día después de mis largas ausencias al volver al salón de clases me di cuenta de que Azul no se encontraba allí, y al siguiente día y al siguiente día y al siguiente, los adultos murmuraban y mi mamá me regañaba para que me fuera a jugar mientras ella conversaba con las otras madres de familia; yo comencé a preguntar por mi compañera juegos,  primero a la maestra y luego a mi mamá, me decían que luego iba a volver, que estaba enferma pero volvería pronto, hasta que un día mi mamá se armó de valor y decidió afrontar mis preguntas.

Ese día me enteré que Azul no volvería, su familia se había mudado a una ciudad vecina, mi mamá comenzó a hablar de mis partes íntimas y cómo no debía permitir que nadie las tocara sin mi consentimiento, me repitió una vez más que siempre debía estar dónde pudiera verme y no hablar con desconocidos, que si alguien intentaba tocarme debía decírselo de inmediato.

Del saldo de mi amiga Azul del preescolar el grupo aprendió a desconfiar,  nadie debía tocarnos y que debíamos tener cuidado de los extraños, de los adultos, de quién no fuera nuestra mamá o la profesora; para estar aún más alerta mi madre me había revelado la identidad del violador de Azul.

Varias noches me dormí pensando que era aquello tan atroz que pudieron haberle hecho para que ella no volviera más a la escuela, de camino al jardín pasaba cerca de la casa de la persona que la había lastimado  y me preguntaba porque no era él quién se había ido del Pueblo.

Yo tenía cuatro años cuando supe que habían abusado de Azul, ese día de alguna manera también abusaron de mi, violaron mi mundo y acabaron con parte de mi confianza en las personas.

miércoles, 23 de agosto de 2017

La facilitadora bien intencionada

El día de ayer asistí a un curso al iap, mala idea, el curso fue sobre “autoconocimiento y desarrollo del potencial del personal en la organización” o al menos así versaba la primera diapositiva que lo presentaba aunque los contenidos de dicho curso se centraron en la primera sesión al autoconocimiento ¿y el personal y la organización? supongo quedarán pendientes para la sesión a la que no volvería por nada del mundo, ni siquiera para realizar la evaluación y dar mi pestilente opinión al respecto, así que vomitaré aquí las anecdóticas horas de la tarde de ayer.

Antes de empezar se nos dio unas etiquetas y ella barrió el salón con la finalidad de observar nombres complejos y acercarse a preguntar respecto a su pronuncia so pretexto del significado, y luego lo de siempre, presentaciones, establecer acuerdos, de esos vagos dónde se escribe respeto sin especificar que es él respeto, porque respeto significaba no tener el celular en la mesa, salvo los de los consejeros con traje y corbata a quienes no atosigo tanto.  

Desde las presentaciones mis ojos comenzaron a abrirse como platos al escuchar de entrada a un consejero presidente enunciar “trabajo para el gobierno”, aprovecharé aquí para acotar que a los talleres asistimos algunos de los consejeros ciudadanos y suplentes, que ser Consejero Ciudadano no es trabajar para el gobierno ya que formamos parte de órganos consultivos externos y participamos desde la ciudadanía, sin remuneración alguna, la injerencia varía de acuerdo a los intereses del municipio y nuestro impacto básicamente se encuentra en tratar de incidir y dar recomendaciones en la política pública a nivel municipal de los diversos títulos que ostentan los consejos; después de esta breve explicación espero comprendan mi sorpresa al escuchar de quién preside un consejo de participación ciudadana asumirse empleado de gobierno, lo que me hace pensar que no ha leído el Código Reglamentario Municipal pero ni por error al no tener claro el papel que juega como Consejero Ciudadano, ya que como funcionario no podría ser parte de un Consejo Ciudadano debido a algo llamado conflicto de intereses.

Las presentaciones continuaron y la mirada clínica de la psicóloga no tardó en aparecer, el espacio de confianza fue violado en un primer momento por ella, al solicitarle a una compañera con base en su presentación que debía quedarse al final a conversar con ella, así sin más, en frente de todos, independientemente de la falta de tacto y ética, yo subrayaría que la compañera no volvió a participar en las siguientes tres horas que perdí al interior de ese salón; la presentación transcurrió llena de prejuicios, tienes tiempo de dormir mucho o de leer seguro eres soltera, te hace falta un novio (porque ya saben todas las mujeres somos heterosexuales), cambiaste de alimentación seguro eres vegetariana no dejes de comer carne porque la ciencia dice bla bla bla (la compañera no era vegetariana ni vegana y si lo fuera qué),  por citar algunas de los comentarios invasivos que se dio el permiso de hacer apenas conocernos.  

Empezó a dar el tema, voltee por dos segundos a hacer un comentario al compañero de junto acto inmediato me llamo por mi nombre agitando su mano para que yo viera hacia ella, a lo que pude leer que de técnicas pedagógicas carecía y además que únicamente haría observaciones y llamados de atención a aquellas personas que viera como sus pares o por debajo de ella considerando la edad y el género principalmente, lo que eximio a mi compañero de ser reprendido a pesar de haber dormitado en algunos momentos, a los señores de traje les dio permiso de menospreciar los comentarios de las compañeras, pero a mi compañera de consejo no la salvo de ser reprendida por tomar el teléfono un instante.

Ahora puntualizaré la participación de un consejero presidente que además ostenta el título de arquitecto, quién se dedicó a menospreciar las opiniones de las compañeras, en algún momento se habló de como la lectura de la historia hecha por científicos del siglo XIX era androcéntrica a lo que él interrumpió la participación exclamando “nada les gusta”, pasando por alto dos de los acuerdos de convivencia el de pedir la palabra levantando la mano  y el del respeto que asumo de manera idealista se refería también a las opiniones expresadas; el siguiente comentario hilarante de este flamante personaje tuvo que ver con una compañera que expresaba cuestiones relativa a la crianza de los hijos y sobre ser madre soltera en casos hipotéticos, a lo que él nuevamente interrumpiendo expreso a todo pulmón “estás así porque quieres” (sólo le faltó decir mamacita), podría echarme un rollo muy amplio respecto a este ofrecimiento dado en el aula de un Instituto, hecho hacia una compañera a quién probablemente veía por primera o segunda vez pero lo dejaré a criterio de cada quien; subrayaré que ambos comentarios sucedieron en presencia de la facilitadora quién de manera indolente ignoro  lo sucedido.

Las escenas anteriores fueron dadas después de nuestro receso, cuando los comentarios se desataron y fue más que evidente que de perspectiva de género no tenía nada nuestra bien intencionada facilitadora, quién los cuarenta y cinco minutos que me quede dentro de esa aula se la paso hablando de como habíamos desvalorizado el papel de los hombres y el don que nos dio Dios o la naturaleza (para quién no crean en dios puntualizo) para parir hijos que no debemos menospreciar, y entonces el ilustre arquitecto que se autodefinió a sí mismo como sociólogo urbano nos aventó otra perla devenida del más rancio positivismo respecto a que la evolución se debe precisamente a la complementariedad de los sexos, porque ya saben somos mitades incompletas del mundo y estamos en armonía cuando hombre y mujer juntamos nuestros cuerpecillos y nos reproducimos (sic); y para cerrar con broche de oro hizo aparición la especialización o intereses en neurociencia de la facilitadora quien nos comenzó a explicar como secretamos determinadas sustancias químicas las mujeres cuando estamos cerca de un hombre, seguido del discurso pro familia, etc.

En el curso salieron cuestiones anecdóticas también sobre sus amigas las divorciadas que quisieran estar casadas y no tenían un hombre a su lado porque fueron jóvenes rebeldes por influencia de su medio pero que ahora quieren a un hombre por argumentos que tienen que ver con cuestiones de no trabajar y seguridad económica, argumentos que ella puso en la mesa para después decir que pese a lo dicho no era por cuestiones económicas sino por necesidad de complementariedad afectiva, quizá si  hubiera dicho que sus amigas deseaban despertar con alguien al lado o con quién compartir la vida tal vez me la hubiera creído pero sus argumentos y su propuesta no empataban mucho que digamos, me parece que en ese momento dejo de escucharse a sí misma en ese momento, ya que se encontraba tan ocupada tratando de ganar legitimidad y demostrar que su punto era el correcto que acabo empleando cuarenta y cinco minutos para una cuestión que ella expresamente había dicho no iba a profundizar.

Y finalmente la compañera con la que iba y yo decidimos salir, al no haber escuchado nada respecto al “autoconocimiento y desarrollo del potencial del personal en la organización” más que el trillado discurso que consiste en que nosotros cambiemos y nos conozcamos para después cambiar el mundo, argumento bastante debatible que también dejaré a sus capacidades críticas, fue curioso porque como mujeres feministas no fuimos quienes nos clavamos en el tema, incluso pasamos por alto muchos de los comentarios al observar a una facilitadora poco sensible,  en este momento que redacto ya pasadas las horas, más que molestia la situación  acabo causándome un poco de pena, al reflexionar sobre la manera tan obstinada en que rebatía y buscaba argumentos nuestra facilitadora, incluso llego el momento en que se abrió con el grupo y develo un poco de su historia personal con la finalidad de apelar a nuestra comprensión en su papel autoasignado de defensora de los hombres pero para ese entonces ya había perdido mi interés y las ganas que tenía de  compartir con aquel grupo se habían esfumado después de escuchar dos veces que  feminismo y machismo son polos opuestos, una vez por el ilustre personaje antes mencionado y la otra por la facilitadora.

Pero lo que más me causo pesar fue dejarla allí en medio de esos consejeros ciudadanos trajeados que han olvidado su parte  de ciudadanos y por ostentar un mugroso gafete una vez al mes se siente servidores públicos, la pienso aún allí tratando de buscar argumentos sólidos en la biología y una historia evolucionista de hace dos siglos para convencernos, la recuerdo desnudando su historia personal frente a gente desinteresada y harta, noto sus intentos por convencernos de ser parte de esta cruzada que se ha autoimpuesto para “revalorizar a los hombres” y se me encoje un poco el corazón.


Para cerrar les dejaré mis notas del curso: