domingo, 30 de julio de 2017

Discursos legítimos del saber: disciplinas que norman la mirada
(Reflexiones en torno al violentómetro)


Introducción

El presente trabajo pretende  realizar una breve reflexión en torno al uso de violentómetro como una alternativa en el tratamiento para prevenir y erradicar la violencia en las relaciones de pareja; la reflexión se basará principalmente en el análisis de una breves entrevistas realizadas a 12 universitarios, pertenecientes a las facultades de  Administración,  Biología, Ciencias de la Computación, Ciencias de la Comunicación, Ciencias Químicas, Electrónica y Psicología. Las preguntas realizadas, siempre en el mimo orden y enunciación, fueron las siguientes:

11)    ¿Conoces el violentómetro? En caso de que la respuesta fuera positiva se increpaba dónde era que lo había conocido.
22)    ¿Consideras que ayuda a prevenir y erradicar la  violencia? ¿Por qué?
33)    Tendrías alguna recomendación para mejorarlo…

Aunque el número de entrevistados se contó con un porcentaje equitativo entre hombres y mujeres, esta particularidad numérica que podría leerse como un intento de observar puntos de vista equitativos entre hombres y mujeres es más bien obra de la casualidad dada por la naturaleza de la muestra[1], que no es una muestra aleatoria ni representativa en sentido estricto de los requerimientos que un estudio cuantitativo exige, sin embargo esto no demerita las cualidades del presente trabajo, al contrario el análisis y la realización de entrevistas se ven enriquecidos al  establecerse en marcos más amigables y  menos rígidos que logran sortear la formalidad de la entrevista acontecida entre desconocidos.

Una vez establecidas las particularidades de la muestra es necesario establecer  la violencia de género como el principal eje analítico, el cual nos servirá de marco interpretativo para leer las respuestas dadas por los entrevistados, atendiéndolas  más allá de aquello verbalizado, con la finalidad de problematizar las respuestas  dadas dentro las lógicas de las relaciones de poder en un sentido foucaultiano acudiré a la noción de violencia de género que plantea Irma Saucedo en el texto Identidades de género y violencia: la prevención en el sistema educativo
                       
La violencia de género es un efecto de las relaciones de poder, en una sociedad marcadas por la diferenciación sexual; este poder múltiple asociado con la identidad de género no se ubica solo en el estado o los espacios tradicionalmente relacionados con el poder, ya que se reproduces en todos los espacio de interacción. (Saucedo,2010:203)[2]

Esta noción permitirá leer las respuestas como consecuencias de las relaciones de poder que los ha modelado y hecho devenir  sujetos de género, un devenir sujeto de género que se encuentra en constante retroalimentación con los diferentes espacios cotidianos que contribuyen a perpetuar lógicas basadas en la diferenciación sexual, espacios como el escolar, particularmente la universidad un lugar de producción y reproducción discursiva de saber-poder, lugar común de los entrevistados, lugar que  parafraseando a  Aurelia Martín Casares (2006)[3] continua siendo el lugar que la ciencia emplea para explicar el mundo en masculino, cuyo punto de referencia y universal por excelencia es la figura del VARÓN.

La manera en que se estructura este ensayo obedecerá al orden de las preguntas realizadas, que van del reconocimiento del violentómetro, la reflexión al respecto de su utilidad y la posibilidad de pensar la manera de mejorarlo, a estos breves apartados se  anexará otro más para abordar los incidentes y comentario acontecidos  cuando se realizaron las entrevistas una vez que la grabadora dejo de cumplir con su labor; finalizaré con mi posicionamiento personal y las plantearé algunas reflexiones a manera de conclusión.

¿Quién conoce el violentómetro?

Del número de encuestados 5 conocían el violentómetro, todos ellos lo conocieron dentro de un contexto escolar, y dos de ellos de manera reciente debido a las medidas que actualmente se están tomando en la BUAP,  dentro del periodo del rector Antonio Esparza, las medidas se han tomado en respuesta a las demandas que el sector ciudadano y la comunidad universitaria han hecho ante el nulo posicionamiento de la Universidad en torno a la situación que aqueja a las poblanas.

Dentro de las personas 7 personas restante, seis no conocían el violentómetro y una recuerda haber escuchado alguna vez nombrarlo a manera de broma pero no lo conocía de manera física. En un primer vistazo a estas cifras tenemos que la mayoría de nuestros entrevistados no conocían la existencia de esta herramienta que busca la erradicación de la violencia en la pareja, una de las entrevistadas comento haberlo conocido a través de  la denostación del mismo, dos personas lo ubican porque últimamente ha comenzado a parecer en los pasillo BUAP  y sólo tres de los entrevistados lo conocieron a través de charlas o investigaciones promovidas por centros educativos.

¿Qué nos dice este imperante desconocimiento? Nos habla de cómo hasta el momento la violencia en las parejas/ el noviazgo/ las relaciones de amistad/ el free y extrapolando un poco más la violencia en el matrimonio no se encuentran dentro de las prioridades sociales a tratar, discutir y problematizar al interior de los centros educativos, estos problemas no se encuentran dentro de las agendas escolares a pesar de involucrar potencialmente a toda su población.

 Haciendo un símil entre el planteamiento de Aurelia Martín Casares (2006)[4] sobre el  androcentrismo, diremos que la violencia que acontece entre los miembros de la comunidad universitaria por parte de sus parejas, muchas veces sus pares o miembros también de la comunidad, al no ser enunciada, ni tener espacios que propicien su enunciación suele ser omitida de manera intencional ante el menoscabo del impacto que tiene en el desempeño estudiantil o el poco impacto que se considera puede tener dentro de los indicadores y estándares de calidad, es decir en correspondencia con un proyecto ideológico y político dicha omisión suele ser deliberada.  

¿A quién le sirve el violentómetro?

La pregunta número dos abrió un panorama diverso sobre como los entrevistados perciben el violentómetro y también comenzó a revelar el interés o indiferencia  que se tiene respecto a los temas que tiene que ver con la violencia de género, su prevención y erradicación; sí contamos las respuestas de manera contundente podemos decir que impero la negativa desde diferentes lecturas e interpretaciones de lo que debiese ser la atención a estos casos, desde como realmente podría haber un cambio, dentro de estas siete negativas a la utilidad del violentómetro podemos hallar los siguiente:

  •    La desvinculación de la prevención como una manera básica de  erradicación de la problemática, al encontrar argumentos que sitúan al violentómetro como algo   que sirve para ubicar tipos de violencia pero que al sólo ubicarlos no es útil para quienes viven violencia al momento de conocerlo.
  •    Respuestas que reconocen soluciones contundentes para erradicar la violencia únicamente la búsqueda de ayuda profesional, que repite las lógicas patologizantes de la violencia en la pareja.
  •      -  La dudosa efectividad de la herramienta al interpretarse más como un objeto de burla que  como una fuente de  conocimiento o reflexión, lo que alimento la indiferencia de los receptores, reflejado en un entrevistado quién llanamente respondió No, Solo he visto a gente decir que son mamadas.. No sé… me da igual… no me impacto en nada (Entrevista 11)[5]


Dentro de esta respuesta hubo dos entrevistados que no polarizaron sus respuesta y contemplaron al violentómetro más bien como herramienta que puede ayudar a la toma de conciencia pero que por sí sólo es información más bien vaga, que podría no llegar al receptor de manera adecuada o confusa, puntualizando que  el violentómetro no contempla la gravedad de la problemática, dónde la víctima de violencia ha naturalizado tanto los ejercicios coercitivos sobre si misma que al ver/ mirar el violentométro no se encuentra identificadx dentro de estos parámetros; cabe mencionar que estos entrevistados han estado en contacto con Asociaciones Civiles que trabajan con temas afines a esta encuesta, por lo que sus respuestas fueron más reflexivas y extensas.

Las tres personas que consideran que el violentómetro ayuda a prevenir y erradicar la  violencia en general no dieron respuestas abundantes al encontrarse por primera vez con su representación, se mostraron más bien entusiastas, aunque las reacciones generadas en cada persona fueron diversas:

  •        En la entrevista número 5 podemos observar una respuesta positiva a medias, y un comienzo de un cuestionamiento ante el desconocimiento de la herramienta y la posibilidad de que el agraviadx se niegue a hablar.
  •      -  La entrevista 7 se dio una respuesta favorable, al expresar que le  parecía coherente el aumento de los grados de violencia hasta llegar a la muerte.
  •         Finalmente el entrevistado número 10 respondió apelando a que el violentómetro habré la posibilidad de reflexión, sin embargo se refirió a este como violentímetro lo que nos invita a reflexionar acerca de la manera en que los universitarios están leyendo esta información, llegando a comprenderla y apropiarse de ella o no.


En esta pregunta que exige un nivel de reflexión en torno a la utilidad del violentómetro podemos observar un posicionamiento en torno al área de saber dónde se desenvuelven, por ejemplo los ingenieros pusieron un mayor grado de atención la parte cuantificable y se apropiaron de la segmentación de la pregunta que contemplaba el conector “y”  en el ayuda a prevenir y erradicar la  violencia para sistematizar en dos etapas el procesos de erradicación, es decir desvincularon la prevención como parte del procesos de erradicación,  lo que les permitió emitir un no tajante.

 Por otro lado las respuestas de la psicóloga y el comunicador que no atinaron a dar una respuesta contundente se cuestionaron sobre la manera en que la información llegaba al receptor y este la interpretaba, no dudaron en dar en sus respuestas posibles alternativas de manera de amplia, y pidieron la profundización de los temas siempre pensando en los posibles receptores.

Esto nos puede arrojar a pesar del pequeño acercamiento poblacional que el contenido de la licenciatura influye en la manera en que se procesa la información, se abstrae y se da respuesta a las problemáticas sociales, influye en el modo de enunciar, es decir,  la pertenencia a un área del conocimiento permea en el universitario y su posicionamiento ante determinadas problemáticas sociales, retomando a  Aurelia Martín Casares (2006)[6] el encontrar estas diferenciaciones nos da cuenta de la dimensión política del conocimiento.

¿Quién recomienda qué?

El análisis de las respuestas de la tercera pregunta viene a reforzar la división anteriormente propuesta, podemos observar a las personas pertenecientes a las ingenierías con propuestas materiales y materializables, pensadas específicamente en cambios que se pueden hacer al violentómetro de manera física, propuestas como:
  •             Tomar los colores del semáforo para hacerlo más comprensible
  •       Incluir número telefónicos a dónde pueda acudir la persona al darse cuenta que padece alguno de los tipos de violencia contenidos en él.


Así mismo es de este sector de la población estudiantil dónde se encontraron las respuestas más normativas como:
  •   La búsqueda  de perfiles de jóvenes violentos, obviando la violencia como algo inherente a los hombres.
  •        La búsqueda de ayuda profesional, estigmatizando la violencia como algo anómalo.
  •   La certeza de que con las leyes basta para prevenir y erradicar la violencia, considerando cualquier otra alternativa como redundantes.
  •       Así como paradójicamente se insistió en hacer más público algo que en un primer momento catalogaron como inútil.

Mientras que los entrevistados de psicología y comunicación insistieron en la necesidad de acompañar al violentómetro de charlas que ayudarán a una comprensión más profunda de la problemática social, o de un tríptico, apostando por la necesidad de profundizar la reflexión en torno a un tema complejo, y pensando en las necesidades de los posibles receptores hicieron sugerencias que pudieran impactar a nivel explicativo y no sólo en el plano simbólico como los compañeros de las áreas de exactas, las sugerencias dadas por estos dos compañeros versaban en ejemplos de las situaciones de violencia o dibujos que dieran más claridad a lo expuesto en el violentómetro.

Las respuestas dadas a esta tercera pregunta complementa el planteamiento tomado desde Aurelia Martín (2006)[7] que no sólo plantea la dimensión política del conocimiento sino también como en función a este  nos encontramos  condicionaos en la manera en que potencialmente podemos transformar la realidad y emitir propuestas de cambio, determinadas por nuestras áreas de conocimiento que son interpretadas desde el planteamiento de Irma Saucedo como efectos de la relaciones de poder que impactan en los saberes que a su vez construyen la manera en que como universitarios de diferentes áreas del conocimiento aprehendemos al mundo e influyen en la medida en que podemos aportar soluciones o nuevas perspectivas. 

Comentario e incidentes.

Este apartado es un pequeño paréntesis para no dejar de mencionar un incidente que sucedió cuando me dispuse a realizar las entrevistas entre los compañeros de ingenierías que asisten a comer a una pequeña cocina económica ubicada en el Fraccionamiento Jardines de San Manuel, ya que mientras realizaba las preguntas con la grabadora en mano las respuestas fueron muy formales, sin embargo cuando la grabadora fue retirada y los compañeros continuaron su charla cotidiana comenzó la dinámica de la mofa[8] que enunciaba la entrevistada número 12.

La burla respecto a la violencia de género se hizo evidente, la naturalización y la legitimación a través de la mofa aparecieron en un doble discurso, valido mientras se está con los amigos en un ambiente de relajo pero no lo suficientemente valido para expresarlo de manera oficial, apelando a las lógicas que plantea Matthew Gutmann (2001)[9] en su texto  Ni macho ni mandilón al dar cuenta de las inconsistencias que se crean durante el discurso, las contradicciones entre lo que dicen que hacen y lo que realmente hacen, contrapone la imagen del macho mexicano con el deber  ser de un hombre, o en este caso la imagen que se construye como hombre viril cuando esta con los amigos frente  con lo políticamente correcto que se demanda de hombre universitario.

Acudiendo  la reflexión de Elsa Dorlin  (2001)[10] respecto al género como una relación de poder que garantiza su reproducción gracias a las múltiples mutaciones del sistema categorial que produce y sobre el cual se adosa, que puede explicar como de un mismo sujeto pueden emitirse juicio contradictorios en un mismo espacio,  que varían sólo ante la presencia de un aparato tecnológico que puede captar y reproducir este mensajes en ambientes dónde el discurso con el que se legitiman como parte de un grupo de hombres ingenieros que podría no ser tan bien acogido; cosa que sucedió posteriormente cuando la novia de uno de los entrevistados se incorporó después a la dinámica y al ser increpado por mi respecto a sus anteriores mofas el entrevista se sonrojo sin emitir respuesta alguna.

Estas  contradicciones de orden discursivo que varían según la posible audiencia nos da  cuenta de aquello que Mara Viveros (2008:30)[11] denomina resistencias masculinas al cambio y que explica como  diversos comportamientos  cotidianos individuales y colectivos que realizan los hombres con el fin de proteger sus privilegios, dónde la broma, en este caso, juega un papel fundamental para la reafirmación de aquella masculinidad perdida en manos de la corrección política que se exige acorde con un grado educativa, corrección política que puede ser referida en un nivel enunciativo aunque que no necesariamente se esté en acuerdo con lo que se plantea, quedando la broma, el chisme o el chiste como espacios no reglamentarios de poder dónde es posible clamar  descontento.

Reflexiones finales

A manera de conclusión diré que mi perspectiva acerca del violentómetro se encuentra más cercana a la de los compañeros de carreras relativamente afines a la mía[12], considero que el violentómeto como herramienta en la erradicación de la violencia es una propuesta interesante pero no debe perderse de vista que es un herramienta y que como tal debe ir acompañada de una charla o un dialogo con la población a la que se pretende que impacte, ya que cómo lo abordamos en el presente trabajo la manera en que se asimila y procesa la información varía de acuerdo a los referentes culturales que se poseen y se encuentra  condicionada, en los casos analizados una determinante importante es el campo del saber en que el sujeto se encuentra circunscrito, por lo que es posible deducir que el contenido temático, los métodos para acceder al conocimiento y la episteme misma es que se centra una disciplina influye más de lo que podríamos adivinar en los educandos, reforzando determinados estereotipos de género  y la violencia que estos conllevan.

Una vez dicho esto es necesario problematizar el papel de las ciencias, como discursos saber poder que están reforzando la constitución de los sujetos dentro de los niveles normativos del conocimiento, que estas ciencias denominadas también disciplinas, mucho tienen de disciplinarías al reproducir discursos ideológicos y políticos que encumbran a determinados sujetos sobre otros, sesgan la posibilidad de acción e impacto de sus aprendices al dotarlos  de conocimientos que a su vez incluyen cargas valorativas, jerarquizantes y prejuiciadas respecto al otro.

Para ir cerrando externaré a modo de cierre un pensamiento que me ha circundado al abordar los temas de masculinidad respecto a las compañeras que se encuentran inmersas en un primer momento dentro del área de exactas, para subrayar como a través de la retícula escolar, o en términos de Conell (2001)[13] las materias como vértices de masculinidad,  refuerzan determinados pensamientos androcéntricos que no sólo impactan en los varones que toman esas mujeres sino también en las mujeres que comparten esa misma área del conocimiento, y que al formase dentro de estas disciplina también son modeladas y suelen legitimarse a través del desdén al otro, a la otra de su mismo sexo, el desprecio a las ciencias y materias que podrían considerarse femeninas o blandas, comprendiendo lo masculino en este momento desde la concepción hegemónica y universalista que  comprende al encumbrar a determinados sujetos sobre otros y a partir de estos esbozar una lista vertical en función de diferentes características.

Esta inquietud me ha trastornado últimamente, ya que la reflexión en torno a la masculinidad hegemónica  que aprendemos, producimos y reproducimos no sólo afecta a las compañeras de ingeniería, sino que extrapolando el modelo a la universidad, una institución gestora de discursos legítimos de saber-poder, y como esta reflexión termina también por comprendernos a nosotras y la manera en que desde nuestra posición nos miramos frente a las otras mujeres, desde la manera en que podemos o no involucrarnos en los lugares de saber, en la academia, en el salón de clases, adaptándonos a determinados códigos de comportamientos y maneras de interactuar que se obvian pero rara vez se ponen en tela de juicio o nos detenemos a cuestionar en cómo permea en los modos en que podemos compartir nuestro conocimiento con los que podríamos llamar nuestros “pares”, la familia, los vecinos u otras mujeres fuera del contexto universitario.

Tal vez sea necesario problematizar que como mujeres nos encontramos constantemente incursionando en estos espacios tradicionalmente relacionados con el poder, y que esto no quiere decir que nos despojamos y/o reapropiamos de nuestra feminidad en la medida en que entramos o salimos de ellos, ya que estos espacios se encuentran circunscritos en nuestra cotidianidad, sin embargo me parece también reduccionista continuar hablando de la masculinización de las mujeres como si la masculinidad fuera algo propio de los hombres (de tener un pene).

La cuestión se complejiza cuando encontramos lo que podríamos ubicar en  Mara Víveros como resistencias masculinas al cambio en mujeres también, y que haciendo lecturas desde otras posturas podríamos ubicar a estas mujeres como mujeres patriarcalizadas, machos con vulva, pero que en un plano representacional se queda únicamente en la descripción o adstracción de símbolos que podrían parecer contradictorios pero que finalmente nos cruzan a todas de manera continua, si bien Judith Halberstam comienza visibilizando la masculinidad femenina al abstraer la figura de la machorra y desestabilizando la idea de correspondencia entre  representación, el deseo y el género la discusión apenas ha llegado a la mesa . 

Entonces  ¿Qué pasa con las mujeres femme cuya representación, construcción genérica y deseo se corresponde pero en su práctica profesional o área de trabajo, al momento de integrarse en este sistema de competencia neoliberal, adquieren actitudes que no se considerar propias de la feminidad que enarbolan?,  la heterosexualidad y la correspondencia con un modelo coherente como el sexo-género que plantea Rubin  se desbordan al plantearse como inamovibles, tal vez la explicación comience a vislumbrarse en la propuesta del sujeto excéntrico que plantea Teresa De Lauretis pero de momento es necesario poner punto final a este ensayo.




[1] Con ello me refiero a que muchos de los encuestados son personas con los que convivo habitualmente, al vivir en un área dónde viven  estudiantes foráneos compartí mesa en cocinas económicas con ellos, algunos otros han sido  mis vecinos, roomies o compañeros en actividades extracurriculares universitarias.
[2] Saucedo González Irma (2010)  “Identidades de género y violencia: la prevención en el sistema educativo” en Lara López Ana Laura (coord.) Género en educación. Temas, avances, retos y perspectivas. México. UPN, SNTE, Fundación para la cultura del maestro, Plaza y Valdés Editores. p. 203.
[3] Martin Casares, Aurelia (2006)  Antropología del género. Culturas, mitos y estereotipos sexuales. España. Ediciones cátedra. Universitat de Valencia. Instituto de la Mujer.
[4] Ibídem
[5] Se anexa cuadro con entrevistas al final.
[6] Ibídem
[7] Ibídem

[8] La dinámica de la mofa o burla que cito en este texto consistió en comentarios respecto al violentómetro, a ¿qué pasa si detectaban la violencia en el número 30?,  haciendo referencia a que ya estando muertos para qué, bromearon sobre la violencia que ejercen hacia ellos y se quejaron de que estos temas sólo vayan dirigidos hacia mujeres, inferencia que hicieron ellos  mismos y denota la naturalización de la violencia contra las mujeres y la heterosexualidad de los participantes en esa conversación ya que interpretaban violencia de pareja  como algo necesariamente ejercido de un hombre hacia una mujer.
[9] Fernández, Anna M. 2001.Desacatos No.6  Primavera-Verano 2001.
[10] Dorlin, Elsa (2009) Sexo, género y sexualidades. Introducción a la teoría feminista Nueva Visión, Buenos Aires.

[11] Viveros, Mara (2008) “Teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades. Dilemas y desafíos recientes”, en Juan Carlos Ramírez, Masculinidades. El juego de género de los hombres en el que participan las mujeres, Plaza y Valdés, México.
[12] Aunque considero  que el hecho de converger con ambos compañeros está atravesado  también con incursión en la lógica del activismo, y que muchas de sus respuestas también se encuentra endosadas en esa parte que compartimos en nuestras  biografías, aunque por otro lado el activismo esta también conformado en su mayoría por personas de estas áreas de conocimiento; lo que no quiere decir es que todo antropólogo, psicólogo, comunicador , humanista, investigador social, filosofo, etc. Se mueva dentro de las mismas lógicas por el simple hecho de corresponder a estas áreas del conocimiento.
[13] Connell, R. W (2001) Educando a los muchachos: nuevas investigaciones sobre masculinidad y estrategias de género para las escuelas en Nómadas.



Bibliografía.
  • ·         Connell, R. W (2001) Educando a los muchachos: nuevas investigaciones sobre masculinidad y estrategias de género para las escuelas en Nómadas
  • ·         Dorlin, Elsa (2009) Sexo, género y sexualidades. Introducción a la teoría feminista Nueva Visión, Buenos Aires, pp. 31 – 47.
  • ·         Fernández, Anna M. 2001.Desacatos No.6  Primavera-Verano 2001.
  • ·         Martin Casares, Aurelia (2006)  Antropología del género. Culturas, mitos y estereotipos sexuales. España. Ediciones cátedra. Universitat de Valencia. Instituto de la Mujer
  • ·         Saucedo González Irma (2010)  “Identidades de género y violencia: la prevención en el sistema educativo” en Lara López Ana Laura (coord.) Género en educación. Temas, avances, retos y perspectivas. México. UPN, SNTE, Fundación para la cultura del maestro, Plaza y Valdés Editores. pp. 201-214.
  • ·         Viveros, Mara (2008) “Teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades. Dilemas y desafíos recientes”, en Juan Carlos Ramírez, Masculinidades. El juego de género de los hombres en el que participan las mujeres, Plaza y Valdés, México, pp. 25-39.

viernes, 23 de junio de 2017

Me hago ovillo

Yo me hago ovillo y pienso
Pienso muy poco
No vaya a ser que piense en exceso
Para las de mi sexA cualquier ápice de pensamiento resulta excesivo
Peligroso, escandaloso, non grato

Yo me hago ovillo y lloró
Porque así debe de ser
Así se me ha impuesto,
Así me han enseñado
Lloro de tristeza
Lloro de felicidad
Lloro de rabia
Lloro de impotencia
Lloro, lloro y lloro

Y llorando se me desborda el alma
Se me deslava la iniciativa
Se me relajan los anhelos
Y las ganas de rebelión

Llorando regreso a la cocina
Y me hago ovillo
Mientras me pasa el llanto

Mientras se me va la vida. 

martes, 30 de mayo de 2017

Sobre el feminicidio de Sandra Camacho Aguilar

Algunas reflexiones que vienen desde el hígado de esta antropóloga indignada entorno al tratamiento mediático que le han dado al feminicidio de Sandra Camacho Aguilar:



Judith Butler en la introducción de su libro Marcos de Guerra aborda la manera en que es posible  aprehender la vida humana a través  de marcos de comprensión ontológicos, que bajan al plano político y finalmente al material asentando las bases para la precarización de la vida, de los individuos, potenciando esta precarización para determinados sujetos y/o poblaciones de acuerdo a elementos a considerar como como la raza, el género, la clase social, la preferencia sexual, diversidad funcional entre otros, al contrario de los procesos de precaridad sobre las poblaciones más vulnerables se encuentran las condiciones biopolíticas que potencializan las posibilidades para obtener una vida vivible, una vida digna de duelo, aquella que en la traducción latina se ha establecido como una vida que merece ser llorada o en castellano una vida acongojable.

Este breve preámbulo teórico es necesario para abordar la siguiente temática que me ha llenado de indignación desde temprana hora del día, dónde  una nota empezó a  plagar las noticias de fb desde los perfiles de reconocidos medios informativos de México, sin embargomx y proceso, creo que si la nota hubiera hablado precisamente del triunfo que implica una sentencia de feminicidio con las poquísimas que hay desde su tipificación en el 2013 otro hubiera sido el acogimiento, sin embargo los encabezados respectivamente fueron los siguientes:  Matemático acusado de matar y descuartizar a una menor en la CdMx es sentenciado a 50 años de prisión (Sin embargo,2017) &  Juez condena a 50 años de prisión a estudiante modelo que descuartizó a jovencita en Tlatelolco(Proceso,2017).

Cabe subrayar que una nota similar apareció hace 3 años, cuando después de darse a la fuga el feminicida ilustrado es capturado y comienza su proceso, en ese entonces la fuente informativa que presento la noticia fue emeequis bajo el título El Joven que tocaba el piano y descuartizo a su novia, la nota fue recibida con controversia entre quienes defendían la libertad de expresión y se agrupaban con el gremio periodístico y quienes señalábamos la misoginia  y el clasismo presente en aquella publicación del 2014.

Las notas sobre el feminicida ilustrado,  a quién llamaré así pues es lo que intenta resaltar las notas desde sus cabezas hasta el punto final, el ejercicio  periodístico nos presentan a un genio matemático, estudiante ejemplar, un modelo digno de ser imitado, ganador de la olimpiada de física, un campeón internacional, un joven de buena familia que sabe tocar el piano, en fin, un hombre virtuoso, en la nota del 2014  tanto el reportero como el feminicida ilustrado se preguntan cómo fue qué alguien como él pudo llegar al extremo de privar de la vida a aquella pobre muchacha que vivía en un barrio popular, cuyos estudios y credenciales  no eran tan brillantes como los de él.

Volviendo a los planteamientos de Butler tenemos aquí a un hombre, de clase media, un estudiante con miras a irse al extranjero una vida acongojable, digna de duelo, aunque él no fue quién perdiera la vida las lamentaciones en las redes sociales, potencializadas por la manera en que se leen las notas del presente año  abren espacio para especulaciones sobre su culpabilidad y el talento desperdiciado al interior de la cárcel, el luto es por él, el feminicida ilustrado es un desperdicio para la sociedad y no por haber privado de la vida a Sandra Camacho Aguilar sino porque ese potencial talento mexicano irá a la cárcel; en una sociedad regida bajo el fetichismo  del conocimiento, las preseas obtenidas por el feminicida ilustrado aminoran el hecho del feminicidio de una don nadie, una chica poco productiva, de su trayectoria escolar sabemos poco, estaba desempleada a los 17 años de acuerdo a la nota que presenta emeequis.

¿Se dan cuenta? Con su muerte Sandra Camacho Aguilar arruino la trayectoria de un joven ilustre, lo lamentable no es que él la haya empujado por las escaleras, asfixiado, para después descuartizarla y esparcirla por los contenedores de basura, porque ella en nuestra sociedad  era eso, basura, una mujer en una sociedad machista, una desempleada dentro de un sistema capitalista, parte de la clase baja, una muerta más en el estado de México la entidad federativa con más feminicidios del país, para nuestra sociedad eso somos  la mayor parte de las mujeres que habitamos este contexto, es por ello que un método común de deshacerte del cadáver de una mujer es abandonarnos en bolsas de basura  en cualquier lugar o dejarnos en el contenedor de la basura, porque a eso nos reducen… basura.

Una vez soñé que me iban a matar y entre lágrimas solo pedía que por favor me dejaran alguna de mis identificaciones para que mi familia pudiera reconocerme, desde entonces  a veces divago en si debería hacerme un tatuaje para que reconozcan mi cadáver o si con mis lunares bastaría para ser identificada,  ¿se dan cuenta?, el miedo a morir ha pasado a un plano secundaria, suplantado por el derecho a ser reconocida  como persona, a ser llorada, velada a que mi familia tiene derecho a llevar su duelo como lo marcan los rituales fúnebres contemporáneos; a muchas de las víctimas de feminicidio es algo que se les ha negado, que le ha sido arrancado a sus familias, el derecho a vivir su duelo, a llevar su luto.

Una de las cosas que nos hace seres culturales es la ritualización de los grandes eventos que delimitan nuestra vida, somos seres sociales en tanto podemos abrir y cerrar esos ciclos a través de procesos trazados por nuestras creencias, cosmovisión, saberes, estos procesos más que para aquel que lleva o se va de este plano son para aquellos que reciben la vida y se quedan después de perder a alguien; en palabras de Geertz parte de la importancia de la religión no es que anule el dolor de quién pierde a alguien sino que te dice como sobrellevar el duelo mientras pasa, pero para ello es necesario tener un cuerpo sobre el cuál efectuar los ritos mortuorios, sino el ritual es un ritual fallido, inacabado, incompleto, la eficacia simbólica no se manifiesta, aquella mujer desaparecida se queda en un espacio liminal, no sabemos si  se encuentra viva o muerta, los dolientes se quedan en ese no lugar extendido entre las cumbres de la incertidumbre.

Pienso que ese pudo ser el caso de Sandra y su familia, vivir en la incertidumbre, quizá a lo más que se hubiera llegado  sería a buscar y rebuscaba entre toneladas y toneladas de basura, mientras se enfriaba el caso y el feminicida ilustrado salía a las calles nuevamente, sin embargo el proceso de anulación de la víctima continua de manera simbólica en los medios de comunicación, en la nota del 2014 se le retrata como una jovencita ignorante de escasos recursos, se habla brevemente de su familia, del barrió dónde vivía para acentuar a través del prejuicio la poca transcendencia que tenía su vida, para las notas que salieron este 2017 ella apenas si figura, en proceso se  ve opacada por la gran trayectoria del genio matemático a quién un juez condena a prisión, no lo condenan por sus actos, sino se lee entre líneas que un terrible juez trunca la carrera de un estudiante modelo, me pregunto si quién redacto esa cabeza sabe que un  estudiante modelo es alguien digno de imitar y si realmente deseamos más asesinos en este país; finalmente en sinembargo ni siquiera se toman la molestia de mencionar el nombre de Sandra ella queda reducida a ser una Mujer de 17 años.

Y así de un plumazo tres medios informativos importantes anulan simbólicamente, asesinan ontológicamente a Sandra Camacho Aguilar basados en la poco importancia de lo que fue su persona, de lo poco importante que es quién no merece ser recordada ni lamentada, a aquella mujer ignorante de 17 años quien osó  mofarse del genio de las matemáticas que tocaba el piano y tuvo a bien matarla con sus virtuosas manos.

Esta anulación de Sandra como víctima para situar bajo los reflectores al feminicida ilustre nos lleva al abordaje de los medios de comunicación, de las notas sobre feminicidio, a la constante revictimización de las mujeres y las maneras en que a través de las notas se propagan prejuicios que responsabilizan a las víctimas de la violencia ejercida sobre ellas,  nos debe llevar también a cuestionarnos en la manera en que desde los mass media es fabricada la verdad, pero esta verdad fabricada se encuentra a su vez alimentada de una cultura que fomenta las desigualdades entre hombre y mujeres, ya que aquellos  a quienes clamamos por las noticias veraces y objetivas se encuentran inmersos en la mis cultura de género que legitima las desigualdades, que naturaliza la precarización de determinados sujetos y por lo tanto reproduce los discursos que los violentan.

Lo perverso del caso va aún más allá, ya que en palabras de Elsa Muñiz esta cultura de género tiene la capacidad de revestirse de los avatares del momento, reproducirse y acoplarse  a las necesidades de las estructuras de poder, es decir, los discursos que legitiman la desigualdad y el uso de la violencia basados en la jerarquía de los sexos mutan y se adaptan, se presentan de manera políticamente correcta, la violencia se torna más imperceptible pero está allí, quizá no se habla abiertamente de que un hombre tiene el derecho de pegarle a su esposa, pero en la nota del feminicio los medios hablan de que la mataron porque ella tenía un amante, la violaron porque estaba ebria, la mataron porque ella era la amante, etc. esta cultura de género nos atraviesa a todos, incluso a los periodistas, echando a bajo la pretensión de objetividad noticiosa, presentándose entonces a los medios de comunicación no como impulsores de un cambio de pensamiento o análisis de las problemáticas sociales, sino como reproductores de un sistemas de opresiones.

Bajos las premisas de la escuela funcionalista los medios de comunicación cumplen con tres funciones principales la primera es la de fomentar los valores patrios, la segunda corresponderse con la sociedad, y finalmente brindar entretenimiento, tomando en cuenta estas funciones podemos deducir porque es más sencillo encontrar notas dónde se revictimice a las mujeres que  propuestas periodísticas que apuesten por el cambio social, además como consumidores de material noticioso no debemos perder de vista un punto sumamente importante que subraya Sartori en el hommo videns dónde aborda a los medios dentro del contexto neoliberal actual, como lo que realmente son: empresas y no simples difusores de información, empresas que conllevan intereses políticos y económicos que influyen en lo que ofertan y a su vez  se ven influidos por aquellos a quienes desean  vender contenido a fin sus expectativas, cargas valorativas, valores morales, etc.

En  México la persecución a los periodistas que ha se ha acentuado desde que Felipe Calderon le declaro la guerra al narco ha contribuido a que miremos a los periodistas de manera romántica y pasemos por alto la gran cantidad de personas dedicadas a los medios de comunicación que no están en una situación precaria porque han optado por reproducir los discursos dominantes, hace poco tiempo leí un tuit que apelaba a lo siguiente: ¿ya nadie recuerda que antes de tanto malhadado asesinato a los periodistas no se les podía asociar honradamente con “la verdad”? , lo que me llevo a pensar en la continuamente citada frase cuando hay una baja del gremio periodístico no se mata la verdad matando periodistas,  y empecé a cuestionarme por la manera en que se vincula la verdad hacia una profesión, en que se personifica y es monopolizada por los medios de comunicación LA VERDAD, ¿cuál verdad?, ¿la verdad de quién?

Dentro de esta fabricación de verdad de la que han adquirido el monopolio los medios de comunicación habría que abrir más espacios para la crítica y el repensar la objetividad de los periodistas  que ante todo son seres humanos y empezar a ser más críticos con aquellas empresas que se dedican a la transmisión de verdades fabricadas desde el tintero;  aunque no niego la ardua labor que realizan muchos reporteros de manera muy digna tampoco me fío cuando de violencia machista estamos hablando, especialmente cuando hemos establecido ya la cultura de género en la que nos encontramos inmersos y que nos atraviesa a todos; para ello basta con volver algunas líneas en el texto y pensar en aquellas incertidumbres en torno a la muerte, pensemos en como el termo a morir es suplantado por la manera en que esta muerte será interpretada, comunicada, por la anulación de la violencia ejercida hacia las mujeres a través de discursos que legitiman la violencia, y pienso en el hashtag surgido a raíz del trato que los medios y la fiscalía dieron al feminicidio de Lesby, dónde se habló de ella como una mala estudiante que consumía drogas, ante tal acto de difamación surgió  el #SiMeMatan que pronto se hizo viral en redes sociales y nos hizo participes de las vulnerabilidades de compartimos como mujeres y también de aquellos que  tenemos de manera más particular.

El #SiMeMatan como ejercicio de autoafirmación, unión pero también de reflexionarse a sí misma resulto ser algo enriquecedor pero a su vez escalofriante, el observar tus vulnerabilidades, ubicarte dentro de la estructura social y enunciarte, más aún pensar cual será el mensaje que quedará de ti en los medios de comunicación, con tus conocidos y la manera que podría ser justificado tu feminicidio, es reconocer tu vulnerabilidad por el solo hecho de tener vagina y vivir en una sociedad que criminaliza cualquier expresión de feminidad. Es reconocer la estigmatización de la mujer y como la sociedad patriarcal te juzga y persiguen aún después de muerta. Este es uno de los temores fundamentales que se ha instaurado en la mente de las mujeres a través de la violencia simbólica que ejercen los medios de comunicación sobre todo el género femenino cada vez que revictimizan a una mujer.




Las notas que provocaron que escribiera estas líneas



martes, 25 de abril de 2017

Sobre investigadorAs y género

Sobre  investigadorAs y género

Recuerdo que en primer cuatrimestre los compañeros de otras generaciones nos compartían sus experiencias sobre sus fines de semana en campo[1], en bongobongo esto en bongobongo lo otro, algunas veces hablaban un poco sobre la manera de relacionarse, hacer rapport, y entre las futuras antropólogas  la constante era la manera de relacionarse que atendía más bien a la alimentación, ayudaban en la preparación de alimentos, a servir alimentos (cuando no era sacrílego hacerlo), echar tortillas, hacer tamales, atole, mole, etc. todo desde lo que la educación de género les permitía hacer o asumían podían y debían hacer como mujeres, para volver de campo con un recetario completo y la clara certeza de que estorbaron en la cocina.

 Lo más notorio del caso es el respaldo de los docentes que aconsejan la inserción de sus alumnas de este modo[2], abundan las anécdotas de aprendices que habían dicho o hecho cosas que dentro en las comunidades se han interpretado como insinuaciones sexuales, pero no hay alguna historia dónde esto haya desencadenado  en la censura colectiva por parte de las mujeres locales, ni  demás miedos que aquejan a quienes aconsejan mantenerse cerca del calor del fogón para resguardar su integridad, quizá se encuentren con algunas risillas burlonas, miradas de censura y luego el sonrojo de aquellas que se esfuerzan arduamente por demostrar que son buenas mujeres a través de la integración en la dinámica doméstica.

En eso pensaba mientras leía sobre Isabel Ramírez Castañeda una arqueóloga de principios del siglo pasado, sobre cuyo trabajo se sabe menos que de su carácter según los juicios de las distintas autoridades antropológicas de la época; Isabel Ramírez Castañeda la chica que recogía cerámica según  Caecile Seler – Sachs[3], fue una de las pioneras en los estudios arqueológicos y antropológicos en México, cuya figura se intenta rescatar a partir de algunos escritos, aunque más se sabe de ella por cartas que opinan sobre su manera de comportarse que de su trabajo, del cual no hay ninguna cita en los textos que hablan sobre ella, y a pesar de esta crítica anticipo que este trabajo se caerá talvez  dentro de la misma cantaleta.

De Isabel se sabe que nació en Milpa Alta (1881),  una comunidad indígena  nahua, dado que era hablante del náhuatl (ella fungía como traductora de Seler y Boaz[4]) podemos aventurarnos a decir que probablemente pertenecía a este grupo étnico, estudio en México la profesión prescrita a las mujeres, profesora normalista, la arqueóloga del INAH Miriam Gallegos en entrevista para un programa de radio[5] comenta que es importante señalar el hecho de que ella pudiera ir a estudiar a la ciudad,  algo que no se les permitía comúnmente a las mujeres y tampoco a los hijos de familias pobres, así que Isabel probablemente perteneciera a una familia acomodada[6].

La arqueóloga invitada del programa radiofónico hablo de Isabel exaltando su labor como analista y clasificadora, actividades asignadas a ella en función de su género, ya que como mujer las labores de interpretación e investigación se encontraban vedadas, tal vez por ello Isabel recogía cerámica mientras Gamio descubría pirámides, y tal vez por esa razón Miriam Gallegos acelero la voz cuando hablo de sus contemporáneos, para no seguir hablando de Isabel en función de Gamio, quién la causalidad lo hizo hombre, acaudalado y antropólogo en un tiempo dónde la mirada mundial y el recurso económico  se encontraba en México, lo que permitió su nombre quedara grabado en los anales de la historia mexicana, una historia hecha en su mayoría de  personalidades masculinas. 

Zelia Nutall tuvo una suerte parecida, aunque en su calidad de extranjera y con un mecenas que le facilitara la investigación obtuvo mayor reconocimiento, hasta una brevísima semblanza suya en wikipedia, su recuerdo al menos en la red se encuentra ligada a la discusión que tuvo con Batres que no menciona ni por accidente los recursos no académicos que Batres empleo para tratar de ganar la discusión, cuando aludió a cuestiones personales e intento pintar como una mujer histérica a su entonces contendiente intelectual:

Batres respondió siempre llevando la disputa a un terreno personal, descalificándola como científica. Describió a Zelia como una mujer histérica porque no había sido incapaz de mantener una conversación racional y calmada con él sobre el tema de las cerámicas de la Isla de los Sacrificios (Ruiz, 2006: 127)[7]

Batres no respondió nunca en un tono académico a Nuttall, y de la discusión transcendió únicamente que finalmente el primero había tenido la razón, y quedo en el olvido el empleo de argumentos que aluden al género como motivo de descalificación. Con Isabel algo similar pasó pero ella no tuvo derecho de réplica o desconocemos si al menos estuvo al tanto de los inconvenientes que tuvo con ella George Engerrand director de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americana a la partida de Boaz, a quién le dirige una carta expresándole:

Necesitaré suma prudencia con ella pero quiero conquistarla con mucha bondad y procurando canalizar su vanidad hacia las satisfacciones que pudiera proporcionarle la producción intelectual (Ruiz, 2006:119)[8]

Estas líneas fueron escritas aludiendo al mal desempeño de la no reconocida arqueóloga, sin embargo poco hablan sobre su trabajo, y en lugar de parecer las líneas que un académico haría sobre otro colega, se lee a un buen cristiano que se esfuerza ante la ingratitud de un salvaje, lectura que tal vez podría no estar  tan alejada al reconocer las distintas nacionalidades de los involucrados. 

Desde la lectura de una feminista postestructural podemos retomar a Butler y hablar de las vidas que merecen ser lloradas y las que no, contemplar el género, la clase social y la raza que entre mezcladas nos dan sujetos precarios que no merecen reconocimiento o no son dignos de él, aplicado esto a Isabel Ramírez Castañeda  tenemos a una mujer, de clase baja o media baja e indígena, lo que en suma nos arrojaría la manera en que estas categorías se han desarrollado históricamente con el fin de maximizar la precariedad para unos y de minimizarla para otros (Butler, 2010: 15)[9], y han operado no solo mientras ella vivía reduciendo sus posibilidades laborales, de reconocimiento, sino también operan aun después de la muerte, manteniéndola en el anonimato.

No existe vida alguna sin las condiciones que mantienen la vida de manera variable,  y esas condiciones son predominantemente sociales, ya que no establecen la ontología discreta de la persona, sino más bien la interdependencia de las personas, lo que implica unas relaciones sociales reproductibles y sostenedoras, así como unas relaciones con el entorno y con formas de vida no humanas consideradas de manera general… Dicho llanamente, la vida exige apoyo y unas condiciones capacitadoras para poder ser una vida <<vivible>>… (Butler,2010: 38)[10]

Desde esta perspectiva podemos explicar el porqué del anonimato de Isabel Ramírez, el desprestigio de Zelia Nuttall, y el hecho de que ambas durante su vida fueran catalogadas como investigadoras amateur, al no recibir el reconocimiento de su gremio y en el caso de Isabel el título de arqueóloga; valdría la pena también preguntarnos sobre sí han sido grandes los cambios desde el surgimiento de la práctica antropológica en México a la fecha, o si es necesario implementar nuevas técnicas para arribar a campo y abandonar al fin la primera gran división del trabajo sugerida por Durkheim.

Bien vale la pena  reflexionar sobre lo que desde las aulas nos enseñan, repensar este modo de integrarse a través de las labores del hogar, para imaginar nuevos modos de interactuar con nuestros informantes, que transciendan la cocina y la compra de blusas bordadas para sentirse más cerca de la otredad, o de lo contrario posicionarnos al interior de la investigación, explicitando la manera en que nos hemos insertado, sin dejar de lado el género, que aunque parece ajeno nos vienen delimitando desde las clases de metodología.

Considero pertinente exigirle a las compañeras que problematicen sus trabajos con la variable de género, me resulta imposible saber de chicas trabajando en las distintas sierras con mujeres y que dicha variable les sea ajena porque consideran que el género no es pertinente al interior de su investigación, cuando este está determinando el modo en que se insertan en sus ámbitos de estudio, la manera en que se conducen ante la comunidad y también determino la elección de sus sujetos de estudio, el modo en que fueron acogidas y atraviesa de manera directa a sus informantes.



[1] Digo fines de semana de campo y no trabajo de campo, porque una salida de tan poco tiempo se asemeja más a un día de campo que a una práctica de trabajo de campo.
[2] y algunos anécdotas de arqueólogas  enfermas a causa del humo del anafre
[3] Rutsch, Mechthild. “Isabel Ramírez Castañeda (1881-1943): una antihistoria en los inicios de la antropología mexicana”, en Cuicuilco, enero-abril 2003, volumen 10.
[4] Boaz solía formar lo que en la antropología se denomina antropólogos nativos.
[5] Pragrama  raíces. http://raicesudem.blogspot.mx/2014/01/raices-135-isabel-ramirez-castaneda.html
[6] Al además saber leer y escribir en una época en que la gran mayoría de la población era analfabeta.
[7] Apen Ruíz Martínez, Carmen. Zelia Nuttall e Isabel Ramírez: las distintas formas de practicar y escribir sobre arqueología en el México de inicios del siglo XX. cadernos pagu (27), julho-dezembro de 2006
[8] Ibídem
[9] Butler, Judith. (2010).  Vida precaria, vida digna de duelo en: Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Paidós. Madrid, España.
[10] ídem

sábado, 22 de abril de 2017

La "incongruencia del feminismo'

Cuando la gente que no se ha tomado la molestia de leer que es el feminismo opina, se inventan cosas como la incongruencia del feminismo, lo que me hace pensar que tienen alguna cosa, algo así como un decálogo de lo que es ser "La Feminista" y nos andan fiscalizando todo el tiempo, curiosamente las feministas desconocemos este decálogo; finalmente dentro de su crítica acuden a términos como igualdad de género, cultura no sexista, etcétera (términos acuñados por las feministas)  para "explicarnos" como debiera ser nuestro accionar, pero como no han leído ni la definición de un diccionario de lo que es feminismo no saben que están hablando en sus términos, empleando sus propuestas, y si lo supieran yo creo que les saldría espuma de la boca, de saber que su burda crítica sólo los hace parte del despojo del pensamiento feminista y el oscuro proyecto de desprestigio que ha tenido el movimiento todo este tiempo.

lunes, 20 de febrero de 2017

La gente de Puebla no sale de noche

A la gente de puebla le da miedo salir de noche, temen que en ausencia de gente y claridad les dé por orinar en la fuente de San Miguel, temen también que algún maleante les cause un exabrupto, temen que se les nuble la razón a la luz de la luna  y no haya ninguna iglesia abierta a dónde ir a confesar sus fechorías.

Por eso se quedan en sus casas, los adultos  susurran a los infantes falacias sobre el coco y el señor del costal, los niños crecen temiendo convertirse en los  malos, pero es a las niñas a quienes más historias les cuentan, en la sobremesa, en la escuela, en el seno de la familia se inyecta el miedo y la desigualdad, se prepara a las víctimas con antelación para ser víctimas pacíficas, estáticas, pequeños receptores de violencia con estética femenina.

La gente de Puebla no sale de noche y mejor se queda en casa donde tienen su altar particular, por si se les ocurre hacer alguna tarugada tener a dónde correr a pedir perdón de manera inmediata, los hombres le susurran a las mujeres que es mejor quedarse en casa, no caminar por las calles porque la noche transforma a los desconocidos en potencial peligro.

Las mujeres nos quedamos en casa sin saber que de los muros de ese hogar  continúan exudando las mismas historias que nos contaron de niñas, y nos encerramos, nos aferramos a los muros del hogar pero en el fondo sabemos que ni ponerle llave a la puerta, ni candados,  ni un sistema de alarmas nos hará dormir tranquilas; porque las historias siguen retumbando allí en los muros de nuestra cabeza, debajo de nuestra piel.

Porque la historia sigue retumbando en ellos allí dentro de su cabeza, debajo de su piel, en los medios de comunicación, en la casa del vecino que golpea impunemente a la vecina, en aquel familiar que a todas voces se sabía golpeaba a su mujer, porque las mujeres somos propiedad, un bien a proteger o violentar, porque los bienes son enajenables, vendibles, destruibles, depende del deseo del propietario.

A través de la historia nos hacen creer desvalidas y luego nos condenan por no defendernos; porque nos enseñan a cerrar la puerta muy bien y que no entre nadie, el candado de la familia, la llave del amor romántico y la alarma del escarnio social, son intentos fallidos en nuestra defensa y al final terminan dejándonos a solas, frente a frente con ese otro, ese otro potencial peligro  y a loa vez ente conocido, cuya experiencia nos dicen debe darnos sosiego pero en lugar de ello nos causa inquietud…

Peligro latente

Riesgo constante


Los maleantes rara vez salen de noche, muchos se quedan en sus casas resguardados para hacer sus fechorías, porque estar adentro les produce confort, se saben protegidos de los otros que podrían en un arrebato de lucidez intervenir y frustrar sus planes de dominación y odio.

 Las calles, el afuera, se caminan en general tranquilas  bajo un alumbrado público de media luz que en ocasiones podría parecer parte de una ambientación romántica, pero en realidad  lo que dice es tercer mundo.

El afuera suele ser apacible hasta que te atraviesa el escalofrío de un grito, de los gritos emanados de  casas bien iluminadas, y si uno pone atención inmediatamente podrá sentir su corazón helarse con el sonido de cientos de llaves apresando nuevamente los “bienes femeninos” dentro de los muros domésticos so pena de garantizar su seguridad.


Salir de noche últimamente me place, me resulta grato y me regodeo en ello, aunque debo confesar que en mis paseos nocturnos he llegado a sentir miedo de pensar lo que hay al interior de algunas casas que observo en mi andar.

viernes, 10 de febrero de 2017

Señor don machirrín chin chin

No-estimado señor machirrín, contrariando el proclamo “Nombre al macho, nombre al macho” que yo suelo secundar, no diré su nombre, pues no me tomé la molestia de aprenderlo, ya que en mi mundo guajiro había decido vivir en paz, guardando la llave de mi cámara de gas feminazi para nunca encontrarla jamás y vivir  en igualitarismo (sic), decidí pasar por alto sus comentarios sobre el aborto y las mujeres borrachas que no merecen el acceso a la ILE, o las hijas que deben explicar a sus padres porque quieren abortar y bajo qué circunstancias concibieron (espero esa hija solo sea hipotética), y contrariándome más aún pase por alto que demeritara mi opinión basándose en mi supuesta corta edad  y lo poco que sé de la vida al no vivir como usted situaciones difíciles, ignoré también su desafiante lenguaje corporal, limitándome únicamente a cuchichear mi descontento;  porque una vez más contrariando la premisa que compartió conmigo una mujer a la que estimo y admiro en demasía, decidí echar en saco roto aquel  sabio consejo : “al macho patriarcal no se le enfrenta, se le exhibe”

¿Por qué decidí ser educada? Muy sencillo, por cortesía con la persona que lo acompañada, porque / ¿por qué? este tipo de  machos  vestidos de progres (o lobos y ovejas, si lo prefieren) bajo el argumento de estar aprendiendo tienden a rodearse de valiosas mujeres, a las que mi sororidad (de dos pesos)  suele no querer agraviar…

Y todo hubiese sido un mero acto diplomático, si usted don machirrín al ver que me retiraba se limitaba a ignorar mi salida, pero obviamente no fue así, sino que se tomó la molestia de detenerme, asiendo  uno de mis brazos, con un permiso que se auto otorgo en ese momento ya que no recuerdo haberle dado la confianza para tocarme.

Acto seguido dijo estas sabias palabras:  “ya te vas sin despedirte, no te enojes” , menuda manera de intentar exhibir el desacuerdo que tuvimos, de exhibir a  la mal educada que desconoce la buena costumbre de despedirse, y entonces me preguntó:  ¿Quién se cree usted para interferir en mi trayecto?, ¿Qué derechos cree que tiene sobre mi para tomarme del brazo? y más aún ¿Por qué cree que yo deba despedirme de usted, y no sólo despedirme sino hacerlo de buen modo?, le preguntaría de qué privilegios cree gozar, pero creo que esos los conoce muy bien ya que hizo uso de ellos,  quizá usted no pueda dimensionar la indignación que yo sentí  en ese momento y que aumenta en la medida que escribo estas líneas y reflexionó lo acontecido hace apenas un par de horas. 

Pero continuemos  con este ejercicio de retórica que espero sirva un poco para apaciguarme,  estábamos en que yo no quise exhibir su pensamiento machista en la plenaria, pero usted no tuvo reparo en hacer notar lo irrespetuosa que era el no despedirme… a lo que yo le respondí que no me había despedido de nadie y que mejor se pusiera a reflexionar en lo que hablamos, entonces recibí otro  “no te enojes” esta vez con un bonus de “tú piensas así porque trabajo con esos temas”, ya saben la siempre latente intolerancia de mi yo feminazi ante los pobrecitos hombres a los que vulneramos una y otra vez con nuestros argumentos, y me puse a pensar en mandarle un inbox a Nacho Progre para ver si en su página me ayudaba a divulgar mi disculpa ante el aludido, quién obvio debe andar entre sus adeptos, sin embargo me salió más del hígado hacer esta entrada.


 Para finalizar diré: señor don machirrín la desagradable sensación de su mano rodeando mi muñeca se me va a pasar mañana, incluso el coraje con esta breve entrada podría ya estar disipándose, pero a usted las miradas de desaprobación que afirman aquello que usted niega ser lo van a perseguir y la razón es sencilla aunque el macho se vista de verborrea progresista macho se queda. 

martes, 4 de octubre de 2016

A la UAP le sobran dos letras (y Minerva sigue sin enterarse)





Querida Minerva, porque tu representación es la de una chica, hoy te voy a hablar de mujer a mujer, y comenzaré por decirte que yo te quiero Autónoma y Benemérita, no sólo en nombre sino en acciones: Autónoma para decidir lejos de los aires neoconservadores que asolan a la entidad poblana y Benemérita porque tomarás acciones en pro de tu población femenina,  más allá de ferias y rosas el 8 de marzo, más allá de  tu aportación inerte frente al italian coffee del  campus central.  

Yo no quiero continuar sintiéndome insegura de caminar por tus pasillos, de llevar short, de usar  vestido, de portar escote, de tener pechos, de haber nacido con vagina, de ser mujer; QUERIDA MINERVA YO NOS QUIERO LIBRES Y SIN ACOSO, ¿ Acaso no tengo  el mismo derecho de transito al interior de la universidad   que mis compañeros?

Querida Minerva yo te quiero BUAPa  pero también te quiero crítica, contestaría, combativa y consciente, y te pregunto ¿Dónde han quedado tus protestas contra los asesinatos cometidos en contra de tu población femenina?, ¿Dónde está tu ética cuando acosan a tus trabajadoras y ellas son orilladas a renunciar? , ¿Dónde están tus muestras de apoyo y solidaridad cuando la mitad de tu comunidad  se encuentra en potencial peligro?, ¿Dónde tiene que aparecer el siguiente cuerpo para que tomes cartas en el asunto? , ¿A caso no será un problema  hasta que no encarnemos un incidente lamentable como el de la IBERO en el 2012?

¿Dónde han quedado tus protestas de repudio contra la violencia que viven las mujeres en tu estado? ¿Dónde está el pronunciamiento que condena los feminicidios  hacia tus alumnas?, ¿Por qué no te veo exigiéndole a la Fiscalía General esclarecer  los casos de Tania Luna, Aracely Vázquez Barranco, María José Feliciano Romero, Nayeli Sosa Romero, Iraís Ortega Pérez e Isarve Cano Vargas?

Querida Minerva, PRONUNCIATE, EXIGE,  GRITA, VOCIFERA, RECLAMA JUSTICIA junto con nosotros, ignorando un poco el tema de las partidas presupuestarias... ¿Dónde han quedado los actos simbólicos y políticos? Actos que pueden empezar con un simple pronunciamiento que nos haga sentir como mujeres universitarias (estudiantes, docentes, administrativas, personal de apoyo, investigadoras)  parte de tu comunidad, miembros importantes más allá de las cuotas de inscripción y las matrículas que ostentamos.



Querida Minerva,  tú que eres tan sabia, ¿sabes lo que es el acoso? Sino lo sabes te lo voy a explicar, acoso es cuando pasas por un pasillo y escuchas un silbido al que lo secundan decenas de silbidos más, emanando de las paredes, de un edificio completo silbándote, recordándote que la universidad no es un lugar  amistoso con las mujeres;  acoso es ir caminando para cambiar de salón y que alguien se sienta con el derecho de decirte “estas bien rica”, acoso es estar en al interior de clases y que  un docente te cuestione la razón de tus estudios "sí de todos modos te vas a casar"; acoso es que un alguien se sienta con la autoridad para dar un juicio sobre ti  porque sé sabe seguro desde su lugar en el organigrama institucional, PORQUE TUS ESPACIOS NO SON SEGUROS PARA NOSOTRAS pero para los acosadores si.

Porque cada vez que recibo un comentario ofensivo, un juicio respecto a mi manera de vestir o mi cuerpo, cuando me dirigen un piropo o un chiflido me doy cuenta de lo poco que hemos avanzado en materia de género en la universidad, retrocedo décadas  y me siento una mujer sin derecho a estudiar y cultivarme, una irruptora en un lugar masculino, una intrusa.

Porque estoy harta de profesores que hablan de “machorras” y “jotitos” en sus clases, de académicos que justifican la violencia feminicida desde aulas universitarias,  de alumnas que creen que no se merecen nada  y toleran tratos denigrantes para que no les retiren una beca.

El acoso que ocurre en tus  espacios, que toleras y por tanto promueves  querida Minerva es el medio de hostigar a las mujeres y decirles que la universidad aún después de  tantos años no es lugar para nosotras.

Yo no quiero una universidad disfrazada de rosa el 8 de marzo, con publicidad hipócrita y políticas engañosas, que se leen muy bien en el papel, pero que al final  son letra muerta. 

Querida Minerva yo te quiero guerrera, y combativa, que revivas tu historia mítica y abras aquellas mentes  de quienes desde tus salones de clases  incitan al odio, la misoginia y la homofobia,  de aquellos quienes no comprenden  que no es no, que vestirme como quiero no es una invitación a nada y  que ANTES DE PONER YO MIS LÍMITES HAY PERSONAS QUE DEBERÍAN RESPETARLOS Y SABER QUE NO DEBEN TRANSGREDIRLOS.

Mi universidad, mi alma máter yo te quiero sabia y erudita pero también te quiero sensible y humana, yo te sugiero que en tus evaluaciones a docentes también contemples aspectos como la homofobia y el machismo como puntos fundamentales a observar, no sólo se trata de que me proporciones docentes que implementan técnicas pedagógicas y el uso de equipo digital, sino que también  capacites a tu personal para  mirarnos en diversidad desde perspectivas más incluyentes que nos dignifiquen y te hagan realmente Benemérita.

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, yo te quiero universal, dónde quepa yo, dónde entremos todos,  sin importar raza, sexo, color, preferencia sexual y/o diversidad funcional,  yo te quiero segura e incluyente y sino no te quiero más mía.


GRITA, GUERREA, PRONUNCIATE, CONDENA LA INJUSTICIA, SE IRREVERENTE y sino sólo se UAP distante y ajena como siempre.





La punta del iceberg de nuestro muro de la vergüenza:

Apuñala a su novia tras discusión en la Ibero Puebla

viernes, 12 de agosto de 2016

A ratos

A ratos,  a ratos me doy tiempo de extrañarte, de no olvidarme de ti, de padecer tu ausencia.

Y de vez en cuando en mi imaginación masoquista doblo mis manos y me tuerzo los brazos, para luego volver a la realidad y morder mi lengua y atragantarme un poco cuando al fin por casualidad te encuentro.

A ratos le permito a la melancolía jugar con tu recuerdo e invadir mi mente con memorias vanas.

A ratos y sólo a ratos recuerdo tu sonrisa y susurro tu nombre en el silencio de la alcoba entre gemidos y jugos vaginales.


Pero siempre al final del juego fatuo, sumergida ya en mis propios caldos, me invade la cordura de no volver a invocarte hasta la próxima sesión de fetichismo. 

martes, 19 de abril de 2016

Los planes de un futuro graduado

¿Cómo llego a ser mi mayor anhelo  trabajar en un cine para ver películas gratis y comer palomitas y precio preferencial?

Siempre he sido un ratón modesto cuyo sueño era ser bibliotecaria, luego llegue a la ciudad y  la ambición logró corroer mi buen juicio.

                                                                           ***

Soy parte de una generación empobrecida que pulula por los pasillos universitarios sin esperanzas, nos movemos hacia la titulación pese a las dos premisas que asolan nuestro porvenir,  1) Siempre hay crisis y 2)No hay chamba, caminamos cabizbajos, como aprendimos a hacerlo de nuestros antepasados en la colonia y con la ayuda de los equipos móviles repetimos el acto histórico por inercia;  ante tal fatalidad se nos presentan dos opciones, descarnarnos en el acto masoquista de saber que nada hay para nosotros o recurrir al canibalismo para pasar a ser parte de una horda atemporal que se resiste a perecer y vive de regurgitar los sueños de los que nunca serán sus sucesores.