sábado, 30 de septiembre de 2017

Azul en mi memoria



Azul era mi compañera de juegos en el jardín de niños, jugábamos juntas en los recesos, compartíamos mesa de trabajo, yo la admiraba de algún modo porque ella era una niña muy desenvuelta y platicadora, le gustaba participar de todo y lo disfrutaba mucho, yo que era más bien una niña paliducha y enfermiza que se ausentaba largas temporadas por el asma veía en ella una niña sana y entusiasta cuya amistad era un gran logro para mi que en ese entonces era más bien retraida.

Un día después de mis largas ausencias al volver al salón de clases me di cuenta de que Azul no se encontraba allí, y al siguiente día y al siguiente día y al siguiente, los adultos murmuraban y mi mamá me regañaba para que me fuera a jugar mientras ella conversaba con las otras madres de familia; yo comencé a preguntar por mi compañera juegos,  primero a la maestra y luego a mi mamá, me decían que luego iba a volver, que estaba enferma pero volvería pronto, hasta que un día mi mamá se armó de valor y decidió afrontar mis preguntas.

Ese día me enteré que Azul no volvería, su familia se había mudado a una ciudad vecina, mi mamá comenzó a hablar de mis partes íntimas y cómo no debía permitir que nadie las tocara sin mi consentimiento, me repitió una vez más que siempre debía estar dónde pudiera verme y no hablar con desconocidos, que si alguien intentaba tocarme debía decírselo de inmediato.

Del saldo de mi amiga Azul del preescolar el grupo aprendió a desconfiar,  nadie debía tocarnos y que debíamos tener cuidado de los extraños, de los adultos, de quién no fuera nuestra mamá o la profesora; para estar aún más alerta mi madre me había revelado la identidad del violador de Azul.

Varias noches me dormí pensando que era aquello tan atroz que pudieron haberle hecho para que ella no volviera más a la escuela, de camino al jardín pasaba cerca de la casa de la persona que la había lastimado  y me preguntaba porque no era él quién se había ido del Pueblo.

Yo tenía cuatro años cuando supe que habían abusado de Azul, ese día de alguna manera también abusaron de mi, violaron mi mundo y acabaron con parte de mi confianza en las personas.

miércoles, 23 de agosto de 2017

La facilitadora bien intencionada

El día de ayer asistí a un curso al iap, mala idea, el curso fue sobre “autoconocimiento y desarrollo del potencial del personal en la organización” o al menos así versaba la primera diapositiva que lo presentaba aunque los contenidos de dicho curso se centraron en la primera sesión al autoconocimiento ¿y el personal y la organización? supongo quedarán pendientes para la sesión a la que no volvería por nada del mundo, ni siquiera para realizar la evaluación y dar mi pestilente opinión al respecto, así que vomitaré aquí las anecdóticas horas de la tarde de ayer.

Antes de empezar se nos dio unas etiquetas y ella barrió el salón con la finalidad de observar nombres complejos y acercarse a preguntar respecto a su pronuncia so pretexto del significado, y luego lo de siempre, presentaciones, establecer acuerdos, de esos vagos dónde se escribe respeto sin especificar que es él respeto, porque respeto significaba no tener el celular en la mesa, salvo los de los consejeros con traje y corbata a quienes no atosigo tanto.  

Desde las presentaciones mis ojos comenzaron a abrirse como platos al escuchar de entrada a un consejero presidente enunciar “trabajo para el gobierno”, aprovecharé aquí para acotar que a los talleres asistimos algunos de los consejeros ciudadanos y suplentes, que ser Consejero Ciudadano no es trabajar para el gobierno ya que formamos parte de órganos consultivos externos y participamos desde la ciudadanía, sin remuneración alguna, la injerencia varía de acuerdo a los intereses del municipio y nuestro impacto básicamente se encuentra en tratar de incidir y dar recomendaciones en la política pública a nivel municipal de los diversos títulos que ostentan los consejos; después de esta breve explicación espero comprendan mi sorpresa al escuchar de quién preside un consejo de participación ciudadana asumirse empleado de gobierno, lo que me hace pensar que no ha leído el Código Reglamentario Municipal pero ni por error al no tener claro el papel que juega como Consejero Ciudadano, ya que como funcionario no podría ser parte de un Consejo Ciudadano debido a algo llamado conflicto de intereses.

Las presentaciones continuaron y la mirada clínica de la psicóloga no tardó en aparecer, el espacio de confianza fue violado en un primer momento por ella, al solicitarle a una compañera con base en su presentación que debía quedarse al final a conversar con ella, así sin más, en frente de todos, independientemente de la falta de tacto y ética, yo subrayaría que la compañera no volvió a participar en las siguientes tres horas que perdí al interior de ese salón; la presentación transcurrió llena de prejuicios, tienes tiempo de dormir mucho o de leer seguro eres soltera, te hace falta un novio (porque ya saben todas las mujeres somos heterosexuales), cambiaste de alimentación seguro eres vegetariana no dejes de comer carne porque la ciencia dice bla bla bla (la compañera no era vegetariana ni vegana y si lo fuera qué),  por citar algunas de los comentarios invasivos que se dio el permiso de hacer apenas conocernos.  

Empezó a dar el tema, voltee por dos segundos a hacer un comentario al compañero de junto acto inmediato me llamo por mi nombre agitando su mano para que yo viera hacia ella, a lo que pude leer que de técnicas pedagógicas carecía y además que únicamente haría observaciones y llamados de atención a aquellas personas que viera como sus pares o por debajo de ella considerando la edad y el género principalmente, lo que eximio a mi compañero de ser reprendido a pesar de haber dormitado en algunos momentos, a los señores de traje les dio permiso de menospreciar los comentarios de las compañeras, pero a mi compañera de consejo no la salvo de ser reprendida por tomar el teléfono un instante.

Ahora puntualizaré la participación de un consejero presidente que además ostenta el título de arquitecto, quién se dedicó a menospreciar las opiniones de las compañeras, en algún momento se habló de como la lectura de la historia hecha por científicos del siglo XIX era androcéntrica a lo que él interrumpió la participación exclamando “nada les gusta”, pasando por alto dos de los acuerdos de convivencia el de pedir la palabra levantando la mano  y el del respeto que asumo de manera idealista se refería también a las opiniones expresadas; el siguiente comentario hilarante de este flamante personaje tuvo que ver con una compañera que expresaba cuestiones relativa a la crianza de los hijos y sobre ser madre soltera en casos hipotéticos, a lo que él nuevamente interrumpiendo expreso a todo pulmón “estás así porque quieres” (sólo le faltó decir mamacita), podría echarme un rollo muy amplio respecto a este ofrecimiento dado en el aula de un Instituto, hecho hacia una compañera a quién probablemente veía por primera o segunda vez pero lo dejaré a criterio de cada quien; subrayaré que ambos comentarios sucedieron en presencia de la facilitadora quién de manera indolente ignoro  lo sucedido.

Las escenas anteriores fueron dadas después de nuestro receso, cuando los comentarios se desataron y fue más que evidente que de perspectiva de género no tenía nada nuestra bien intencionada facilitadora, quién los cuarenta y cinco minutos que me quede dentro de esa aula se la paso hablando de como habíamos desvalorizado el papel de los hombres y el don que nos dio Dios o la naturaleza (para quién no crean en dios puntualizo) para parir hijos que no debemos menospreciar, y entonces el ilustre arquitecto que se autodefinió a sí mismo como sociólogo urbano nos aventó otra perla devenida del más rancio positivismo respecto a que la evolución se debe precisamente a la complementariedad de los sexos, porque ya saben somos mitades incompletas del mundo y estamos en armonía cuando hombre y mujer juntamos nuestros cuerpecillos y nos reproducimos (sic); y para cerrar con broche de oro hizo aparición la especialización o intereses en neurociencia de la facilitadora quien nos comenzó a explicar como secretamos determinadas sustancias químicas las mujeres cuando estamos cerca de un hombre, seguido del discurso pro familia, etc.

En el curso salieron cuestiones anecdóticas también sobre sus amigas las divorciadas que quisieran estar casadas y no tenían un hombre a su lado porque fueron jóvenes rebeldes por influencia de su medio pero que ahora quieren a un hombre por argumentos que tienen que ver con cuestiones de no trabajar y seguridad económica, argumentos que ella puso en la mesa para después decir que pese a lo dicho no era por cuestiones económicas sino por necesidad de complementariedad afectiva, quizá si  hubiera dicho que sus amigas deseaban despertar con alguien al lado o con quién compartir la vida tal vez me la hubiera creído pero sus argumentos y su propuesta no empataban mucho que digamos, me parece que en ese momento dejo de escucharse a sí misma en ese momento, ya que se encontraba tan ocupada tratando de ganar legitimidad y demostrar que su punto era el correcto que acabo empleando cuarenta y cinco minutos para una cuestión que ella expresamente había dicho no iba a profundizar.

Y finalmente la compañera con la que iba y yo decidimos salir, al no haber escuchado nada respecto al “autoconocimiento y desarrollo del potencial del personal en la organización” más que el trillado discurso que consiste en que nosotros cambiemos y nos conozcamos para después cambiar el mundo, argumento bastante debatible que también dejaré a sus capacidades críticas, fue curioso porque como mujeres feministas no fuimos quienes nos clavamos en el tema, incluso pasamos por alto muchos de los comentarios al observar a una facilitadora poco sensible,  en este momento que redacto ya pasadas las horas, más que molestia la situación  acabo causándome un poco de pena, al reflexionar sobre la manera tan obstinada en que rebatía y buscaba argumentos nuestra facilitadora, incluso llego el momento en que se abrió con el grupo y develo un poco de su historia personal con la finalidad de apelar a nuestra comprensión en su papel autoasignado de defensora de los hombres pero para ese entonces ya había perdido mi interés y las ganas que tenía de  compartir con aquel grupo se habían esfumado después de escuchar dos veces que  feminismo y machismo son polos opuestos, una vez por el ilustre personaje antes mencionado y la otra por la facilitadora.

Pero lo que más me causo pesar fue dejarla allí en medio de esos consejeros ciudadanos trajeados que han olvidado su parte  de ciudadanos y por ostentar un mugroso gafete una vez al mes se siente servidores públicos, la pienso aún allí tratando de buscar argumentos sólidos en la biología y una historia evolucionista de hace dos siglos para convencernos, la recuerdo desnudando su historia personal frente a gente desinteresada y harta, noto sus intentos por convencernos de ser parte de esta cruzada que se ha autoimpuesto para “revalorizar a los hombres” y se me encoje un poco el corazón.


Para cerrar les dejaré mis notas del curso: 


domingo, 30 de julio de 2017

Discursos legítimos del saber: disciplinas que norman la mirada
(Reflexiones en torno al violentómetro)


Introducción

El presente trabajo pretende  realizar una breve reflexión en torno al uso de violentómetro como una alternativa en el tratamiento para prevenir y erradicar la violencia en las relaciones de pareja; la reflexión se basará principalmente en el análisis de una breves entrevistas realizadas a 12 universitarios, pertenecientes a las facultades de  Administración,  Biología, Ciencias de la Computación, Ciencias de la Comunicación, Ciencias Químicas, Electrónica y Psicología. Las preguntas realizadas, siempre en el mimo orden y enunciación, fueron las siguientes:

11)    ¿Conoces el violentómetro? En caso de que la respuesta fuera positiva se increpaba dónde era que lo había conocido.
22)    ¿Consideras que ayuda a prevenir y erradicar la  violencia? ¿Por qué?
33)    Tendrías alguna recomendación para mejorarlo…

Aunque el número de entrevistados se contó con un porcentaje equitativo entre hombres y mujeres, esta particularidad numérica que podría leerse como un intento de observar puntos de vista equitativos entre hombres y mujeres es más bien obra de la casualidad dada por la naturaleza de la muestra[1], que no es una muestra aleatoria ni representativa en sentido estricto de los requerimientos que un estudio cuantitativo exige, sin embargo esto no demerita las cualidades del presente trabajo, al contrario el análisis y la realización de entrevistas se ven enriquecidos al  establecerse en marcos más amigables y  menos rígidos que logran sortear la formalidad de la entrevista acontecida entre desconocidos.

Una vez establecidas las particularidades de la muestra es necesario establecer  la violencia de género como el principal eje analítico, el cual nos servirá de marco interpretativo para leer las respuestas dadas por los entrevistados, atendiéndolas  más allá de aquello verbalizado, con la finalidad de problematizar las respuestas  dadas dentro las lógicas de las relaciones de poder en un sentido foucaultiano acudiré a la noción de violencia de género que plantea Irma Saucedo en el texto Identidades de género y violencia: la prevención en el sistema educativo
                       
La violencia de género es un efecto de las relaciones de poder, en una sociedad marcadas por la diferenciación sexual; este poder múltiple asociado con la identidad de género no se ubica solo en el estado o los espacios tradicionalmente relacionados con el poder, ya que se reproduces en todos los espacio de interacción. (Saucedo,2010:203)[2]

Esta noción permitirá leer las respuestas como consecuencias de las relaciones de poder que los ha modelado y hecho devenir  sujetos de género, un devenir sujeto de género que se encuentra en constante retroalimentación con los diferentes espacios cotidianos que contribuyen a perpetuar lógicas basadas en la diferenciación sexual, espacios como el escolar, particularmente la universidad un lugar de producción y reproducción discursiva de saber-poder, lugar común de los entrevistados, lugar que  parafraseando a  Aurelia Martín Casares (2006)[3] continua siendo el lugar que la ciencia emplea para explicar el mundo en masculino, cuyo punto de referencia y universal por excelencia es la figura del VARÓN.

La manera en que se estructura este ensayo obedecerá al orden de las preguntas realizadas, que van del reconocimiento del violentómetro, la reflexión al respecto de su utilidad y la posibilidad de pensar la manera de mejorarlo, a estos breves apartados se  anexará otro más para abordar los incidentes y comentario acontecidos  cuando se realizaron las entrevistas una vez que la grabadora dejo de cumplir con su labor; finalizaré con mi posicionamiento personal y las plantearé algunas reflexiones a manera de conclusión.

¿Quién conoce el violentómetro?

Del número de encuestados 5 conocían el violentómetro, todos ellos lo conocieron dentro de un contexto escolar, y dos de ellos de manera reciente debido a las medidas que actualmente se están tomando en la BUAP,  dentro del periodo del rector Antonio Esparza, las medidas se han tomado en respuesta a las demandas que el sector ciudadano y la comunidad universitaria han hecho ante el nulo posicionamiento de la Universidad en torno a la situación que aqueja a las poblanas.

Dentro de las personas 7 personas restante, seis no conocían el violentómetro y una recuerda haber escuchado alguna vez nombrarlo a manera de broma pero no lo conocía de manera física. En un primer vistazo a estas cifras tenemos que la mayoría de nuestros entrevistados no conocían la existencia de esta herramienta que busca la erradicación de la violencia en la pareja, una de las entrevistadas comento haberlo conocido a través de  la denostación del mismo, dos personas lo ubican porque últimamente ha comenzado a parecer en los pasillo BUAP  y sólo tres de los entrevistados lo conocieron a través de charlas o investigaciones promovidas por centros educativos.

¿Qué nos dice este imperante desconocimiento? Nos habla de cómo hasta el momento la violencia en las parejas/ el noviazgo/ las relaciones de amistad/ el free y extrapolando un poco más la violencia en el matrimonio no se encuentran dentro de las prioridades sociales a tratar, discutir y problematizar al interior de los centros educativos, estos problemas no se encuentran dentro de las agendas escolares a pesar de involucrar potencialmente a toda su población.

 Haciendo un símil entre el planteamiento de Aurelia Martín Casares (2006)[4] sobre el  androcentrismo, diremos que la violencia que acontece entre los miembros de la comunidad universitaria por parte de sus parejas, muchas veces sus pares o miembros también de la comunidad, al no ser enunciada, ni tener espacios que propicien su enunciación suele ser omitida de manera intencional ante el menoscabo del impacto que tiene en el desempeño estudiantil o el poco impacto que se considera puede tener dentro de los indicadores y estándares de calidad, es decir en correspondencia con un proyecto ideológico y político dicha omisión suele ser deliberada.  

¿A quién le sirve el violentómetro?

La pregunta número dos abrió un panorama diverso sobre como los entrevistados perciben el violentómetro y también comenzó a revelar el interés o indiferencia  que se tiene respecto a los temas que tiene que ver con la violencia de género, su prevención y erradicación; sí contamos las respuestas de manera contundente podemos decir que impero la negativa desde diferentes lecturas e interpretaciones de lo que debiese ser la atención a estos casos, desde como realmente podría haber un cambio, dentro de estas siete negativas a la utilidad del violentómetro podemos hallar los siguiente:

  •    La desvinculación de la prevención como una manera básica de  erradicación de la problemática, al encontrar argumentos que sitúan al violentómetro como algo   que sirve para ubicar tipos de violencia pero que al sólo ubicarlos no es útil para quienes viven violencia al momento de conocerlo.
  •    Respuestas que reconocen soluciones contundentes para erradicar la violencia únicamente la búsqueda de ayuda profesional, que repite las lógicas patologizantes de la violencia en la pareja.
  •      -  La dudosa efectividad de la herramienta al interpretarse más como un objeto de burla que  como una fuente de  conocimiento o reflexión, lo que alimento la indiferencia de los receptores, reflejado en un entrevistado quién llanamente respondió No, Solo he visto a gente decir que son mamadas.. No sé… me da igual… no me impacto en nada (Entrevista 11)[5]


Dentro de esta respuesta hubo dos entrevistados que no polarizaron sus respuesta y contemplaron al violentómetro más bien como herramienta que puede ayudar a la toma de conciencia pero que por sí sólo es información más bien vaga, que podría no llegar al receptor de manera adecuada o confusa, puntualizando que  el violentómetro no contempla la gravedad de la problemática, dónde la víctima de violencia ha naturalizado tanto los ejercicios coercitivos sobre si misma que al ver/ mirar el violentométro no se encuentra identificadx dentro de estos parámetros; cabe mencionar que estos entrevistados han estado en contacto con Asociaciones Civiles que trabajan con temas afines a esta encuesta, por lo que sus respuestas fueron más reflexivas y extensas.

Las tres personas que consideran que el violentómetro ayuda a prevenir y erradicar la  violencia en general no dieron respuestas abundantes al encontrarse por primera vez con su representación, se mostraron más bien entusiastas, aunque las reacciones generadas en cada persona fueron diversas:

  •        En la entrevista número 5 podemos observar una respuesta positiva a medias, y un comienzo de un cuestionamiento ante el desconocimiento de la herramienta y la posibilidad de que el agraviadx se niegue a hablar.
  •      -  La entrevista 7 se dio una respuesta favorable, al expresar que le  parecía coherente el aumento de los grados de violencia hasta llegar a la muerte.
  •         Finalmente el entrevistado número 10 respondió apelando a que el violentómetro habré la posibilidad de reflexión, sin embargo se refirió a este como violentímetro lo que nos invita a reflexionar acerca de la manera en que los universitarios están leyendo esta información, llegando a comprenderla y apropiarse de ella o no.


En esta pregunta que exige un nivel de reflexión en torno a la utilidad del violentómetro podemos observar un posicionamiento en torno al área de saber dónde se desenvuelven, por ejemplo los ingenieros pusieron un mayor grado de atención la parte cuantificable y se apropiaron de la segmentación de la pregunta que contemplaba el conector “y”  en el ayuda a prevenir y erradicar la  violencia para sistematizar en dos etapas el procesos de erradicación, es decir desvincularon la prevención como parte del procesos de erradicación,  lo que les permitió emitir un no tajante.

 Por otro lado las respuestas de la psicóloga y el comunicador que no atinaron a dar una respuesta contundente se cuestionaron sobre la manera en que la información llegaba al receptor y este la interpretaba, no dudaron en dar en sus respuestas posibles alternativas de manera de amplia, y pidieron la profundización de los temas siempre pensando en los posibles receptores.

Esto nos puede arrojar a pesar del pequeño acercamiento poblacional que el contenido de la licenciatura influye en la manera en que se procesa la información, se abstrae y se da respuesta a las problemáticas sociales, influye en el modo de enunciar, es decir,  la pertenencia a un área del conocimiento permea en el universitario y su posicionamiento ante determinadas problemáticas sociales, retomando a  Aurelia Martín Casares (2006)[6] el encontrar estas diferenciaciones nos da cuenta de la dimensión política del conocimiento.

¿Quién recomienda qué?

El análisis de las respuestas de la tercera pregunta viene a reforzar la división anteriormente propuesta, podemos observar a las personas pertenecientes a las ingenierías con propuestas materiales y materializables, pensadas específicamente en cambios que se pueden hacer al violentómetro de manera física, propuestas como:
  •             Tomar los colores del semáforo para hacerlo más comprensible
  •       Incluir número telefónicos a dónde pueda acudir la persona al darse cuenta que padece alguno de los tipos de violencia contenidos en él.


Así mismo es de este sector de la población estudiantil dónde se encontraron las respuestas más normativas como:
  •   La búsqueda  de perfiles de jóvenes violentos, obviando la violencia como algo inherente a los hombres.
  •        La búsqueda de ayuda profesional, estigmatizando la violencia como algo anómalo.
  •   La certeza de que con las leyes basta para prevenir y erradicar la violencia, considerando cualquier otra alternativa como redundantes.
  •       Así como paradójicamente se insistió en hacer más público algo que en un primer momento catalogaron como inútil.

Mientras que los entrevistados de psicología y comunicación insistieron en la necesidad de acompañar al violentómetro de charlas que ayudarán a una comprensión más profunda de la problemática social, o de un tríptico, apostando por la necesidad de profundizar la reflexión en torno a un tema complejo, y pensando en las necesidades de los posibles receptores hicieron sugerencias que pudieran impactar a nivel explicativo y no sólo en el plano simbólico como los compañeros de las áreas de exactas, las sugerencias dadas por estos dos compañeros versaban en ejemplos de las situaciones de violencia o dibujos que dieran más claridad a lo expuesto en el violentómetro.

Las respuestas dadas a esta tercera pregunta complementa el planteamiento tomado desde Aurelia Martín (2006)[7] que no sólo plantea la dimensión política del conocimiento sino también como en función a este  nos encontramos  condicionaos en la manera en que potencialmente podemos transformar la realidad y emitir propuestas de cambio, determinadas por nuestras áreas de conocimiento que son interpretadas desde el planteamiento de Irma Saucedo como efectos de la relaciones de poder que impactan en los saberes que a su vez construyen la manera en que como universitarios de diferentes áreas del conocimiento aprehendemos al mundo e influyen en la medida en que podemos aportar soluciones o nuevas perspectivas. 

Comentario e incidentes.

Este apartado es un pequeño paréntesis para no dejar de mencionar un incidente que sucedió cuando me dispuse a realizar las entrevistas entre los compañeros de ingenierías que asisten a comer a una pequeña cocina económica ubicada en el Fraccionamiento Jardines de San Manuel, ya que mientras realizaba las preguntas con la grabadora en mano las respuestas fueron muy formales, sin embargo cuando la grabadora fue retirada y los compañeros continuaron su charla cotidiana comenzó la dinámica de la mofa[8] que enunciaba la entrevistada número 12.

La burla respecto a la violencia de género se hizo evidente, la naturalización y la legitimación a través de la mofa aparecieron en un doble discurso, valido mientras se está con los amigos en un ambiente de relajo pero no lo suficientemente valido para expresarlo de manera oficial, apelando a las lógicas que plantea Matthew Gutmann (2001)[9] en su texto  Ni macho ni mandilón al dar cuenta de las inconsistencias que se crean durante el discurso, las contradicciones entre lo que dicen que hacen y lo que realmente hacen, contrapone la imagen del macho mexicano con el deber  ser de un hombre, o en este caso la imagen que se construye como hombre viril cuando esta con los amigos frente  con lo políticamente correcto que se demanda de hombre universitario.

Acudiendo  la reflexión de Elsa Dorlin  (2001)[10] respecto al género como una relación de poder que garantiza su reproducción gracias a las múltiples mutaciones del sistema categorial que produce y sobre el cual se adosa, que puede explicar como de un mismo sujeto pueden emitirse juicio contradictorios en un mismo espacio,  que varían sólo ante la presencia de un aparato tecnológico que puede captar y reproducir este mensajes en ambientes dónde el discurso con el que se legitiman como parte de un grupo de hombres ingenieros que podría no ser tan bien acogido; cosa que sucedió posteriormente cuando la novia de uno de los entrevistados se incorporó después a la dinámica y al ser increpado por mi respecto a sus anteriores mofas el entrevista se sonrojo sin emitir respuesta alguna.

Estas  contradicciones de orden discursivo que varían según la posible audiencia nos da  cuenta de aquello que Mara Viveros (2008:30)[11] denomina resistencias masculinas al cambio y que explica como  diversos comportamientos  cotidianos individuales y colectivos que realizan los hombres con el fin de proteger sus privilegios, dónde la broma, en este caso, juega un papel fundamental para la reafirmación de aquella masculinidad perdida en manos de la corrección política que se exige acorde con un grado educativa, corrección política que puede ser referida en un nivel enunciativo aunque que no necesariamente se esté en acuerdo con lo que se plantea, quedando la broma, el chisme o el chiste como espacios no reglamentarios de poder dónde es posible clamar  descontento.

Reflexiones finales

A manera de conclusión diré que mi perspectiva acerca del violentómetro se encuentra más cercana a la de los compañeros de carreras relativamente afines a la mía[12], considero que el violentómeto como herramienta en la erradicación de la violencia es una propuesta interesante pero no debe perderse de vista que es un herramienta y que como tal debe ir acompañada de una charla o un dialogo con la población a la que se pretende que impacte, ya que cómo lo abordamos en el presente trabajo la manera en que se asimila y procesa la información varía de acuerdo a los referentes culturales que se poseen y se encuentra  condicionada, en los casos analizados una determinante importante es el campo del saber en que el sujeto se encuentra circunscrito, por lo que es posible deducir que el contenido temático, los métodos para acceder al conocimiento y la episteme misma es que se centra una disciplina influye más de lo que podríamos adivinar en los educandos, reforzando determinados estereotipos de género  y la violencia que estos conllevan.

Una vez dicho esto es necesario problematizar el papel de las ciencias, como discursos saber poder que están reforzando la constitución de los sujetos dentro de los niveles normativos del conocimiento, que estas ciencias denominadas también disciplinas, mucho tienen de disciplinarías al reproducir discursos ideológicos y políticos que encumbran a determinados sujetos sobre otros, sesgan la posibilidad de acción e impacto de sus aprendices al dotarlos  de conocimientos que a su vez incluyen cargas valorativas, jerarquizantes y prejuiciadas respecto al otro.

Para ir cerrando externaré a modo de cierre un pensamiento que me ha circundado al abordar los temas de masculinidad respecto a las compañeras que se encuentran inmersas en un primer momento dentro del área de exactas, para subrayar como a través de la retícula escolar, o en términos de Conell (2001)[13] las materias como vértices de masculinidad,  refuerzan determinados pensamientos androcéntricos que no sólo impactan en los varones que toman esas mujeres sino también en las mujeres que comparten esa misma área del conocimiento, y que al formase dentro de estas disciplina también son modeladas y suelen legitimarse a través del desdén al otro, a la otra de su mismo sexo, el desprecio a las ciencias y materias que podrían considerarse femeninas o blandas, comprendiendo lo masculino en este momento desde la concepción hegemónica y universalista que  comprende al encumbrar a determinados sujetos sobre otros y a partir de estos esbozar una lista vertical en función de diferentes características.

Esta inquietud me ha trastornado últimamente, ya que la reflexión en torno a la masculinidad hegemónica  que aprendemos, producimos y reproducimos no sólo afecta a las compañeras de ingeniería, sino que extrapolando el modelo a la universidad, una institución gestora de discursos legítimos de saber-poder, y como esta reflexión termina también por comprendernos a nosotras y la manera en que desde nuestra posición nos miramos frente a las otras mujeres, desde la manera en que podemos o no involucrarnos en los lugares de saber, en la academia, en el salón de clases, adaptándonos a determinados códigos de comportamientos y maneras de interactuar que se obvian pero rara vez se ponen en tela de juicio o nos detenemos a cuestionar en cómo permea en los modos en que podemos compartir nuestro conocimiento con los que podríamos llamar nuestros “pares”, la familia, los vecinos u otras mujeres fuera del contexto universitario.

Tal vez sea necesario problematizar que como mujeres nos encontramos constantemente incursionando en estos espacios tradicionalmente relacionados con el poder, y que esto no quiere decir que nos despojamos y/o reapropiamos de nuestra feminidad en la medida en que entramos o salimos de ellos, ya que estos espacios se encuentran circunscritos en nuestra cotidianidad, sin embargo me parece también reduccionista continuar hablando de la masculinización de las mujeres como si la masculinidad fuera algo propio de los hombres (de tener un pene).

La cuestión se complejiza cuando encontramos lo que podríamos ubicar en  Mara Víveros como resistencias masculinas al cambio en mujeres también, y que haciendo lecturas desde otras posturas podríamos ubicar a estas mujeres como mujeres patriarcalizadas, machos con vulva, pero que en un plano representacional se queda únicamente en la descripción o adstracción de símbolos que podrían parecer contradictorios pero que finalmente nos cruzan a todas de manera continua, si bien Judith Halberstam comienza visibilizando la masculinidad femenina al abstraer la figura de la machorra y desestabilizando la idea de correspondencia entre  representación, el deseo y el género la discusión apenas ha llegado a la mesa . 

Entonces  ¿Qué pasa con las mujeres femme cuya representación, construcción genérica y deseo se corresponde pero en su práctica profesional o área de trabajo, al momento de integrarse en este sistema de competencia neoliberal, adquieren actitudes que no se considerar propias de la feminidad que enarbolan?,  la heterosexualidad y la correspondencia con un modelo coherente como el sexo-género que plantea Rubin  se desbordan al plantearse como inamovibles, tal vez la explicación comience a vislumbrarse en la propuesta del sujeto excéntrico que plantea Teresa De Lauretis pero de momento es necesario poner punto final a este ensayo.




[1] Con ello me refiero a que muchos de los encuestados son personas con los que convivo habitualmente, al vivir en un área dónde viven  estudiantes foráneos compartí mesa en cocinas económicas con ellos, algunos otros han sido  mis vecinos, roomies o compañeros en actividades extracurriculares universitarias.
[2] Saucedo González Irma (2010)  “Identidades de género y violencia: la prevención en el sistema educativo” en Lara López Ana Laura (coord.) Género en educación. Temas, avances, retos y perspectivas. México. UPN, SNTE, Fundación para la cultura del maestro, Plaza y Valdés Editores. p. 203.
[3] Martin Casares, Aurelia (2006)  Antropología del género. Culturas, mitos y estereotipos sexuales. España. Ediciones cátedra. Universitat de Valencia. Instituto de la Mujer.
[4] Ibídem
[5] Se anexa cuadro con entrevistas al final.
[6] Ibídem
[7] Ibídem

[8] La dinámica de la mofa o burla que cito en este texto consistió en comentarios respecto al violentómetro, a ¿qué pasa si detectaban la violencia en el número 30?,  haciendo referencia a que ya estando muertos para qué, bromearon sobre la violencia que ejercen hacia ellos y se quejaron de que estos temas sólo vayan dirigidos hacia mujeres, inferencia que hicieron ellos  mismos y denota la naturalización de la violencia contra las mujeres y la heterosexualidad de los participantes en esa conversación ya que interpretaban violencia de pareja  como algo necesariamente ejercido de un hombre hacia una mujer.
[9] Fernández, Anna M. 2001.Desacatos No.6  Primavera-Verano 2001.
[10] Dorlin, Elsa (2009) Sexo, género y sexualidades. Introducción a la teoría feminista Nueva Visión, Buenos Aires.

[11] Viveros, Mara (2008) “Teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades. Dilemas y desafíos recientes”, en Juan Carlos Ramírez, Masculinidades. El juego de género de los hombres en el que participan las mujeres, Plaza y Valdés, México.
[12] Aunque considero  que el hecho de converger con ambos compañeros está atravesado  también con incursión en la lógica del activismo, y que muchas de sus respuestas también se encuentra endosadas en esa parte que compartimos en nuestras  biografías, aunque por otro lado el activismo esta también conformado en su mayoría por personas de estas áreas de conocimiento; lo que no quiere decir es que todo antropólogo, psicólogo, comunicador , humanista, investigador social, filosofo, etc. Se mueva dentro de las mismas lógicas por el simple hecho de corresponder a estas áreas del conocimiento.
[13] Connell, R. W (2001) Educando a los muchachos: nuevas investigaciones sobre masculinidad y estrategias de género para las escuelas en Nómadas.



Bibliografía.
  • ·         Connell, R. W (2001) Educando a los muchachos: nuevas investigaciones sobre masculinidad y estrategias de género para las escuelas en Nómadas
  • ·         Dorlin, Elsa (2009) Sexo, género y sexualidades. Introducción a la teoría feminista Nueva Visión, Buenos Aires, pp. 31 – 47.
  • ·         Fernández, Anna M. 2001.Desacatos No.6  Primavera-Verano 2001.
  • ·         Martin Casares, Aurelia (2006)  Antropología del género. Culturas, mitos y estereotipos sexuales. España. Ediciones cátedra. Universitat de Valencia. Instituto de la Mujer
  • ·         Saucedo González Irma (2010)  “Identidades de género y violencia: la prevención en el sistema educativo” en Lara López Ana Laura (coord.) Género en educación. Temas, avances, retos y perspectivas. México. UPN, SNTE, Fundación para la cultura del maestro, Plaza y Valdés Editores. pp. 201-214.
  • ·         Viveros, Mara (2008) “Teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades. Dilemas y desafíos recientes”, en Juan Carlos Ramírez, Masculinidades. El juego de género de los hombres en el que participan las mujeres, Plaza y Valdés, México, pp. 25-39.

viernes, 23 de junio de 2017

Me hago ovillo

Yo me hago ovillo y pienso
Pienso muy poco
No vaya a ser que piense en exceso
Para las de mi sexA cualquier ápice de pensamiento resulta excesivo
Peligroso, escandaloso, non grato

Yo me hago ovillo y lloró
Porque así debe de ser
Así se me ha impuesto,
Así me han enseñado
Lloro de tristeza
Lloro de felicidad
Lloro de rabia
Lloro de impotencia
Lloro, lloro y lloro

Y llorando se me desborda el alma
Se me deslava la iniciativa
Se me relajan los anhelos
Y las ganas de rebelión

Llorando regreso a la cocina
Y me hago ovillo
Mientras me pasa el llanto

Mientras se me va la vida. 

martes, 30 de mayo de 2017

Sobre el feminicidio de Sandra Camacho Aguilar

Algunas reflexiones que vienen desde el hígado de esta antropóloga indignada entorno al tratamiento mediático que le han dado al feminicidio de Sandra Camacho Aguilar:



Judith Butler en la introducción de su libro Marcos de Guerra aborda la manera en que es posible  aprehender la vida humana a través  de marcos de comprensión ontológicos, que bajan al plano político y finalmente al material asentando las bases para la precarización de la vida, de los individuos, potenciando esta precarización para determinados sujetos y/o poblaciones de acuerdo a elementos a considerar como como la raza, el género, la clase social, la preferencia sexual, diversidad funcional entre otros, al contrario de los procesos de precaridad sobre las poblaciones más vulnerables se encuentran las condiciones biopolíticas que potencializan las posibilidades para obtener una vida vivible, una vida digna de duelo, aquella que en la traducción latina se ha establecido como una vida que merece ser llorada o en castellano una vida acongojable.

Este breve preámbulo teórico es necesario para abordar la siguiente temática que me ha llenado de indignación desde temprana hora del día, dónde  una nota empezó a  plagar las noticias de fb desde los perfiles de reconocidos medios informativos de México, sin embargomx y proceso, creo que si la nota hubiera hablado precisamente del triunfo que implica una sentencia de feminicidio con las poquísimas que hay desde su tipificación en el 2013 otro hubiera sido el acogimiento, sin embargo los encabezados respectivamente fueron los siguientes:  Matemático acusado de matar y descuartizar a una menor en la CdMx es sentenciado a 50 años de prisión (Sin embargo,2017) &  Juez condena a 50 años de prisión a estudiante modelo que descuartizó a jovencita en Tlatelolco(Proceso,2017).

Cabe subrayar que una nota similar apareció hace 3 años, cuando después de darse a la fuga el feminicida ilustrado es capturado y comienza su proceso, en ese entonces la fuente informativa que presento la noticia fue emeequis bajo el título El Joven que tocaba el piano y descuartizo a su novia, la nota fue recibida con controversia entre quienes defendían la libertad de expresión y se agrupaban con el gremio periodístico y quienes señalábamos la misoginia  y el clasismo presente en aquella publicación del 2014.

Las notas sobre el feminicida ilustrado,  a quién llamaré así pues es lo que intenta resaltar las notas desde sus cabezas hasta el punto final, el ejercicio  periodístico nos presentan a un genio matemático, estudiante ejemplar, un modelo digno de ser imitado, ganador de la olimpiada de física, un campeón internacional, un joven de buena familia que sabe tocar el piano, en fin, un hombre virtuoso, en la nota del 2014  tanto el reportero como el feminicida ilustrado se preguntan cómo fue qué alguien como él pudo llegar al extremo de privar de la vida a aquella pobre muchacha que vivía en un barrio popular, cuyos estudios y credenciales  no eran tan brillantes como los de él.

Volviendo a los planteamientos de Butler tenemos aquí a un hombre, de clase media, un estudiante con miras a irse al extranjero una vida acongojable, digna de duelo, aunque él no fue quién perdiera la vida las lamentaciones en las redes sociales, potencializadas por la manera en que se leen las notas del presente año  abren espacio para especulaciones sobre su culpabilidad y el talento desperdiciado al interior de la cárcel, el luto es por él, el feminicida ilustrado es un desperdicio para la sociedad y no por haber privado de la vida a Sandra Camacho Aguilar sino porque ese potencial talento mexicano irá a la cárcel; en una sociedad regida bajo el fetichismo  del conocimiento, las preseas obtenidas por el feminicida ilustrado aminoran el hecho del feminicidio de una don nadie, una chica poco productiva, de su trayectoria escolar sabemos poco, estaba desempleada a los 17 años de acuerdo a la nota que presenta emeequis.

¿Se dan cuenta? Con su muerte Sandra Camacho Aguilar arruino la trayectoria de un joven ilustre, lo lamentable no es que él la haya empujado por las escaleras, asfixiado, para después descuartizarla y esparcirla por los contenedores de basura, porque ella en nuestra sociedad  era eso, basura, una mujer en una sociedad machista, una desempleada dentro de un sistema capitalista, parte de la clase baja, una muerta más en el estado de México la entidad federativa con más feminicidios del país, para nuestra sociedad eso somos  la mayor parte de las mujeres que habitamos este contexto, es por ello que un método común de deshacerte del cadáver de una mujer es abandonarnos en bolsas de basura  en cualquier lugar o dejarnos en el contenedor de la basura, porque a eso nos reducen… basura.

Una vez soñé que me iban a matar y entre lágrimas solo pedía que por favor me dejaran alguna de mis identificaciones para que mi familia pudiera reconocerme, desde entonces  a veces divago en si debería hacerme un tatuaje para que reconozcan mi cadáver o si con mis lunares bastaría para ser identificada,  ¿se dan cuenta?, el miedo a morir ha pasado a un plano secundaria, suplantado por el derecho a ser reconocida  como persona, a ser llorada, velada a que mi familia tiene derecho a llevar su duelo como lo marcan los rituales fúnebres contemporáneos; a muchas de las víctimas de feminicidio es algo que se les ha negado, que le ha sido arrancado a sus familias, el derecho a vivir su duelo, a llevar su luto.

Una de las cosas que nos hace seres culturales es la ritualización de los grandes eventos que delimitan nuestra vida, somos seres sociales en tanto podemos abrir y cerrar esos ciclos a través de procesos trazados por nuestras creencias, cosmovisión, saberes, estos procesos más que para aquel que lleva o se va de este plano son para aquellos que reciben la vida y se quedan después de perder a alguien; en palabras de Geertz parte de la importancia de la religión no es que anule el dolor de quién pierde a alguien sino que te dice como sobrellevar el duelo mientras pasa, pero para ello es necesario tener un cuerpo sobre el cuál efectuar los ritos mortuorios, sino el ritual es un ritual fallido, inacabado, incompleto, la eficacia simbólica no se manifiesta, aquella mujer desaparecida se queda en un espacio liminal, no sabemos si  se encuentra viva o muerta, los dolientes se quedan en ese no lugar extendido entre las cumbres de la incertidumbre.

Pienso que ese pudo ser el caso de Sandra y su familia, vivir en la incertidumbre, quizá a lo más que se hubiera llegado  sería a buscar y rebuscaba entre toneladas y toneladas de basura, mientras se enfriaba el caso y el feminicida ilustrado salía a las calles nuevamente, sin embargo el proceso de anulación de la víctima continua de manera simbólica en los medios de comunicación, en la nota del 2014 se le retrata como una jovencita ignorante de escasos recursos, se habla brevemente de su familia, del barrió dónde vivía para acentuar a través del prejuicio la poca transcendencia que tenía su vida, para las notas que salieron este 2017 ella apenas si figura, en proceso se  ve opacada por la gran trayectoria del genio matemático a quién un juez condena a prisión, no lo condenan por sus actos, sino se lee entre líneas que un terrible juez trunca la carrera de un estudiante modelo, me pregunto si quién redacto esa cabeza sabe que un  estudiante modelo es alguien digno de imitar y si realmente deseamos más asesinos en este país; finalmente en sinembargo ni siquiera se toman la molestia de mencionar el nombre de Sandra ella queda reducida a ser una Mujer de 17 años.

Y así de un plumazo tres medios informativos importantes anulan simbólicamente, asesinan ontológicamente a Sandra Camacho Aguilar basados en la poco importancia de lo que fue su persona, de lo poco importante que es quién no merece ser recordada ni lamentada, a aquella mujer ignorante de 17 años quien osó  mofarse del genio de las matemáticas que tocaba el piano y tuvo a bien matarla con sus virtuosas manos.

Esta anulación de Sandra como víctima para situar bajo los reflectores al feminicida ilustre nos lleva al abordaje de los medios de comunicación, de las notas sobre feminicidio, a la constante revictimización de las mujeres y las maneras en que a través de las notas se propagan prejuicios que responsabilizan a las víctimas de la violencia ejercida sobre ellas,  nos debe llevar también a cuestionarnos en la manera en que desde los mass media es fabricada la verdad, pero esta verdad fabricada se encuentra a su vez alimentada de una cultura que fomenta las desigualdades entre hombre y mujeres, ya que aquellos  a quienes clamamos por las noticias veraces y objetivas se encuentran inmersos en la mis cultura de género que legitima las desigualdades, que naturaliza la precarización de determinados sujetos y por lo tanto reproduce los discursos que los violentan.

Lo perverso del caso va aún más allá, ya que en palabras de Elsa Muñiz esta cultura de género tiene la capacidad de revestirse de los avatares del momento, reproducirse y acoplarse  a las necesidades de las estructuras de poder, es decir, los discursos que legitiman la desigualdad y el uso de la violencia basados en la jerarquía de los sexos mutan y se adaptan, se presentan de manera políticamente correcta, la violencia se torna más imperceptible pero está allí, quizá no se habla abiertamente de que un hombre tiene el derecho de pegarle a su esposa, pero en la nota del feminicio los medios hablan de que la mataron porque ella tenía un amante, la violaron porque estaba ebria, la mataron porque ella era la amante, etc. esta cultura de género nos atraviesa a todos, incluso a los periodistas, echando a bajo la pretensión de objetividad noticiosa, presentándose entonces a los medios de comunicación no como impulsores de un cambio de pensamiento o análisis de las problemáticas sociales, sino como reproductores de un sistemas de opresiones.

Bajos las premisas de la escuela funcionalista los medios de comunicación cumplen con tres funciones principales la primera es la de fomentar los valores patrios, la segunda corresponderse con la sociedad, y finalmente brindar entretenimiento, tomando en cuenta estas funciones podemos deducir porque es más sencillo encontrar notas dónde se revictimice a las mujeres que  propuestas periodísticas que apuesten por el cambio social, además como consumidores de material noticioso no debemos perder de vista un punto sumamente importante que subraya Sartori en el hommo videns dónde aborda a los medios dentro del contexto neoliberal actual, como lo que realmente son: empresas y no simples difusores de información, empresas que conllevan intereses políticos y económicos que influyen en lo que ofertan y a su vez  se ven influidos por aquellos a quienes desean  vender contenido a fin sus expectativas, cargas valorativas, valores morales, etc.

En  México la persecución a los periodistas que ha se ha acentuado desde que Felipe Calderon le declaro la guerra al narco ha contribuido a que miremos a los periodistas de manera romántica y pasemos por alto la gran cantidad de personas dedicadas a los medios de comunicación que no están en una situación precaria porque han optado por reproducir los discursos dominantes, hace poco tiempo leí un tuit que apelaba a lo siguiente: ¿ya nadie recuerda que antes de tanto malhadado asesinato a los periodistas no se les podía asociar honradamente con “la verdad”? , lo que me llevo a pensar en la continuamente citada frase cuando hay una baja del gremio periodístico no se mata la verdad matando periodistas,  y empecé a cuestionarme por la manera en que se vincula la verdad hacia una profesión, en que se personifica y es monopolizada por los medios de comunicación LA VERDAD, ¿cuál verdad?, ¿la verdad de quién?

Dentro de esta fabricación de verdad de la que han adquirido el monopolio los medios de comunicación habría que abrir más espacios para la crítica y el repensar la objetividad de los periodistas  que ante todo son seres humanos y empezar a ser más críticos con aquellas empresas que se dedican a la transmisión de verdades fabricadas desde el tintero;  aunque no niego la ardua labor que realizan muchos reporteros de manera muy digna tampoco me fío cuando de violencia machista estamos hablando, especialmente cuando hemos establecido ya la cultura de género en la que nos encontramos inmersos y que nos atraviesa a todos; para ello basta con volver algunas líneas en el texto y pensar en aquellas incertidumbres en torno a la muerte, pensemos en como el termo a morir es suplantado por la manera en que esta muerte será interpretada, comunicada, por la anulación de la violencia ejercida hacia las mujeres a través de discursos que legitiman la violencia, y pienso en el hashtag surgido a raíz del trato que los medios y la fiscalía dieron al feminicidio de Lesby, dónde se habló de ella como una mala estudiante que consumía drogas, ante tal acto de difamación surgió  el #SiMeMatan que pronto se hizo viral en redes sociales y nos hizo participes de las vulnerabilidades de compartimos como mujeres y también de aquellos que  tenemos de manera más particular.

El #SiMeMatan como ejercicio de autoafirmación, unión pero también de reflexionarse a sí misma resulto ser algo enriquecedor pero a su vez escalofriante, el observar tus vulnerabilidades, ubicarte dentro de la estructura social y enunciarte, más aún pensar cual será el mensaje que quedará de ti en los medios de comunicación, con tus conocidos y la manera que podría ser justificado tu feminicidio, es reconocer tu vulnerabilidad por el solo hecho de tener vagina y vivir en una sociedad que criminaliza cualquier expresión de feminidad. Es reconocer la estigmatización de la mujer y como la sociedad patriarcal te juzga y persiguen aún después de muerta. Este es uno de los temores fundamentales que se ha instaurado en la mente de las mujeres a través de la violencia simbólica que ejercen los medios de comunicación sobre todo el género femenino cada vez que revictimizan a una mujer.




Las notas que provocaron que escribiera estas líneas



martes, 25 de abril de 2017

Sobre investigadorAs y género

Sobre  investigadorAs y género

Recuerdo que en primer cuatrimestre los compañeros de otras generaciones nos compartían sus experiencias sobre sus fines de semana en campo[1], en bongobongo esto en bongobongo lo otro, algunas veces hablaban un poco sobre la manera de relacionarse, hacer rapport, y entre las futuras antropólogas  la constante era la manera de relacionarse que atendía más bien a la alimentación, ayudaban en la preparación de alimentos, a servir alimentos (cuando no era sacrílego hacerlo), echar tortillas, hacer tamales, atole, mole, etc. todo desde lo que la educación de género les permitía hacer o asumían podían y debían hacer como mujeres, para volver de campo con un recetario completo y la clara certeza de que estorbaron en la cocina.

 Lo más notorio del caso es el respaldo de los docentes que aconsejan la inserción de sus alumnas de este modo[2], abundan las anécdotas de aprendices que habían dicho o hecho cosas que dentro en las comunidades se han interpretado como insinuaciones sexuales, pero no hay alguna historia dónde esto haya desencadenado  en la censura colectiva por parte de las mujeres locales, ni  demás miedos que aquejan a quienes aconsejan mantenerse cerca del calor del fogón para resguardar su integridad, quizá se encuentren con algunas risillas burlonas, miradas de censura y luego el sonrojo de aquellas que se esfuerzan arduamente por demostrar que son buenas mujeres a través de la integración en la dinámica doméstica.

En eso pensaba mientras leía sobre Isabel Ramírez Castañeda una arqueóloga de principios del siglo pasado, sobre cuyo trabajo se sabe menos que de su carácter según los juicios de las distintas autoridades antropológicas de la época; Isabel Ramírez Castañeda la chica que recogía cerámica según  Caecile Seler – Sachs[3], fue una de las pioneras en los estudios arqueológicos y antropológicos en México, cuya figura se intenta rescatar a partir de algunos escritos, aunque más se sabe de ella por cartas que opinan sobre su manera de comportarse que de su trabajo, del cual no hay ninguna cita en los textos que hablan sobre ella, y a pesar de esta crítica anticipo que este trabajo se caerá talvez  dentro de la misma cantaleta.

De Isabel se sabe que nació en Milpa Alta (1881),  una comunidad indígena  nahua, dado que era hablante del náhuatl (ella fungía como traductora de Seler y Boaz[4]) podemos aventurarnos a decir que probablemente pertenecía a este grupo étnico, estudio en México la profesión prescrita a las mujeres, profesora normalista, la arqueóloga del INAH Miriam Gallegos en entrevista para un programa de radio[5] comenta que es importante señalar el hecho de que ella pudiera ir a estudiar a la ciudad,  algo que no se les permitía comúnmente a las mujeres y tampoco a los hijos de familias pobres, así que Isabel probablemente perteneciera a una familia acomodada[6].

La arqueóloga invitada del programa radiofónico hablo de Isabel exaltando su labor como analista y clasificadora, actividades asignadas a ella en función de su género, ya que como mujer las labores de interpretación e investigación se encontraban vedadas, tal vez por ello Isabel recogía cerámica mientras Gamio descubría pirámides, y tal vez por esa razón Miriam Gallegos acelero la voz cuando hablo de sus contemporáneos, para no seguir hablando de Isabel en función de Gamio, quién la causalidad lo hizo hombre, acaudalado y antropólogo en un tiempo dónde la mirada mundial y el recurso económico  se encontraba en México, lo que permitió su nombre quedara grabado en los anales de la historia mexicana, una historia hecha en su mayoría de  personalidades masculinas. 

Zelia Nutall tuvo una suerte parecida, aunque en su calidad de extranjera y con un mecenas que le facilitara la investigación obtuvo mayor reconocimiento, hasta una brevísima semblanza suya en wikipedia, su recuerdo al menos en la red se encuentra ligada a la discusión que tuvo con Batres que no menciona ni por accidente los recursos no académicos que Batres empleo para tratar de ganar la discusión, cuando aludió a cuestiones personales e intento pintar como una mujer histérica a su entonces contendiente intelectual:

Batres respondió siempre llevando la disputa a un terreno personal, descalificándola como científica. Describió a Zelia como una mujer histérica porque no había sido incapaz de mantener una conversación racional y calmada con él sobre el tema de las cerámicas de la Isla de los Sacrificios (Ruiz, 2006: 127)[7]

Batres no respondió nunca en un tono académico a Nuttall, y de la discusión transcendió únicamente que finalmente el primero había tenido la razón, y quedo en el olvido el empleo de argumentos que aluden al género como motivo de descalificación. Con Isabel algo similar pasó pero ella no tuvo derecho de réplica o desconocemos si al menos estuvo al tanto de los inconvenientes que tuvo con ella George Engerrand director de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americana a la partida de Boaz, a quién le dirige una carta expresándole:

Necesitaré suma prudencia con ella pero quiero conquistarla con mucha bondad y procurando canalizar su vanidad hacia las satisfacciones que pudiera proporcionarle la producción intelectual (Ruiz, 2006:119)[8]

Estas líneas fueron escritas aludiendo al mal desempeño de la no reconocida arqueóloga, sin embargo poco hablan sobre su trabajo, y en lugar de parecer las líneas que un académico haría sobre otro colega, se lee a un buen cristiano que se esfuerza ante la ingratitud de un salvaje, lectura que tal vez podría no estar  tan alejada al reconocer las distintas nacionalidades de los involucrados. 

Desde la lectura de una feminista postestructural podemos retomar a Butler y hablar de las vidas que merecen ser lloradas y las que no, contemplar el género, la clase social y la raza que entre mezcladas nos dan sujetos precarios que no merecen reconocimiento o no son dignos de él, aplicado esto a Isabel Ramírez Castañeda  tenemos a una mujer, de clase baja o media baja e indígena, lo que en suma nos arrojaría la manera en que estas categorías se han desarrollado históricamente con el fin de maximizar la precariedad para unos y de minimizarla para otros (Butler, 2010: 15)[9], y han operado no solo mientras ella vivía reduciendo sus posibilidades laborales, de reconocimiento, sino también operan aun después de la muerte, manteniéndola en el anonimato.

No existe vida alguna sin las condiciones que mantienen la vida de manera variable,  y esas condiciones son predominantemente sociales, ya que no establecen la ontología discreta de la persona, sino más bien la interdependencia de las personas, lo que implica unas relaciones sociales reproductibles y sostenedoras, así como unas relaciones con el entorno y con formas de vida no humanas consideradas de manera general… Dicho llanamente, la vida exige apoyo y unas condiciones capacitadoras para poder ser una vida <<vivible>>… (Butler,2010: 38)[10]

Desde esta perspectiva podemos explicar el porqué del anonimato de Isabel Ramírez, el desprestigio de Zelia Nuttall, y el hecho de que ambas durante su vida fueran catalogadas como investigadoras amateur, al no recibir el reconocimiento de su gremio y en el caso de Isabel el título de arqueóloga; valdría la pena también preguntarnos sobre sí han sido grandes los cambios desde el surgimiento de la práctica antropológica en México a la fecha, o si es necesario implementar nuevas técnicas para arribar a campo y abandonar al fin la primera gran división del trabajo sugerida por Durkheim.

Bien vale la pena  reflexionar sobre lo que desde las aulas nos enseñan, repensar este modo de integrarse a través de las labores del hogar, para imaginar nuevos modos de interactuar con nuestros informantes, que transciendan la cocina y la compra de blusas bordadas para sentirse más cerca de la otredad, o de lo contrario posicionarnos al interior de la investigación, explicitando la manera en que nos hemos insertado, sin dejar de lado el género, que aunque parece ajeno nos vienen delimitando desde las clases de metodología.

Considero pertinente exigirle a las compañeras que problematicen sus trabajos con la variable de género, me resulta imposible saber de chicas trabajando en las distintas sierras con mujeres y que dicha variable les sea ajena porque consideran que el género no es pertinente al interior de su investigación, cuando este está determinando el modo en que se insertan en sus ámbitos de estudio, la manera en que se conducen ante la comunidad y también determino la elección de sus sujetos de estudio, el modo en que fueron acogidas y atraviesa de manera directa a sus informantes.



[1] Digo fines de semana de campo y no trabajo de campo, porque una salida de tan poco tiempo se asemeja más a un día de campo que a una práctica de trabajo de campo.
[2] y algunos anécdotas de arqueólogas  enfermas a causa del humo del anafre
[3] Rutsch, Mechthild. “Isabel Ramírez Castañeda (1881-1943): una antihistoria en los inicios de la antropología mexicana”, en Cuicuilco, enero-abril 2003, volumen 10.
[4] Boaz solía formar lo que en la antropología se denomina antropólogos nativos.
[5] Pragrama  raíces. http://raicesudem.blogspot.mx/2014/01/raices-135-isabel-ramirez-castaneda.html
[6] Al además saber leer y escribir en una época en que la gran mayoría de la población era analfabeta.
[7] Apen Ruíz Martínez, Carmen. Zelia Nuttall e Isabel Ramírez: las distintas formas de practicar y escribir sobre arqueología en el México de inicios del siglo XX. cadernos pagu (27), julho-dezembro de 2006
[8] Ibídem
[9] Butler, Judith. (2010).  Vida precaria, vida digna de duelo en: Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Paidós. Madrid, España.
[10] ídem